Cinco personas que van a vivir una experiencia espacial en Marte han salido hacia la cueva «marciana» -situada en Cantabria- donde van a permanecer hasta el viernes, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la misión Apolo 11, que supuso la llegada del ser humano a la Luna. Los «astrolanders» estarán en total aislamiento en la cueva hasta el viernes, 19 de julio -medio siglo después del alunizaje-, con el objetivo de identificar las formas de vida que pueda haber en la cavidad, sobre todo bacterias y organismos unicelulares, y analizar qué se podrían encontrar futuros visitantes en el Planeta Rojo.

Los elegidos, que han recibido un amplio programa de formación, llegan desde Venezuela, Polonia, Alemania y España para estudiar si hay vida en Marte y la posibilidad de crearla, además de trabajar en cómo se podría sostener allí una colonia humana, aunque en este caso en una cueva de Cantabria con 60 metros de altura y 1,5 kilómetros de longitud.

Esta experiencia requiere en realidad una expedición de 10 personas, con una duración completa de un mes, si bien la primera misión será de 3 días y con cinco personas -tres hombres y dos mujeres- especializados en ingeniería, biología y psicología y que han tenido que pagar un precio importante (5.000 euros) por esta experiencia que desarrolla la agencia Astroland. Bajo tierra se encontrarán trajes de astronauta, ropa técnica, laboratorios para el cultivo de plantas en condiciones imposibles, cápsulas de vida, comida liofilizada, y un largo etcétera de útiles que harán la vida en la cueva mucho más fácil a los «astrolanders».

El comandante de la misión, Fernando González, ha considerado «un privilegio y un honor» dirigir a estas personas, todas ellas con sobrada experiencia en este tipo de aventuras «espaciales». Entre ellos hay una astronauta analógica, uno de los cien candidatos para misión MarsOneProject -que prevé ir al Planeta Rojo- y preparadores de astronautas que han trabajado para la NASA. Lo primero que ha hecho González al tomar la palabra es dar la enhorabuena a los rescatadores que ayer sacaron a las espeleólogas que estuvieron durante dos días en la cueva Cueto-Coventosa.

«Mi pobre madre estaba preocupadísima», ha dicho, en relación a la experiencia que, un día después de lo ocurrido, emprenden hoy los «astrolanders». Por su parte, el miembro venezolano de la expedición, José Luis Cordeiro, que es director del Millennium Project y vicepresidente de la Asociación Transhumanista Mundial, ha señalado que se encontrarán en un ambiente «hostil», con pocos recursos y en un espacio reducido que les llevará a un nivel «extremo» de aislamiento.

Sin embargo, ha vaticinado que será «una gran experiencia» y cree que emprendiendo la misión de «colonizar el espacio» están «escribiendo historia y futuro». «Es tiempo de pasar de la Luna a Marte», ha incidido. El CEO de Astroland, David Ceballos, ha explicado que la elección de esta fecha no solo es un homenaje a todos aquellos «que dieron un gran paso para la humanidad, sino que también simboliza «un punto de inflexión» entre la llegada a la Luna y los primeros pasos hacia una futura llegada del hombre a Marte.

La arquitectura efímera del proyecto no afecta a la cueva

«Es también una apuesta decidida por el desarrollo de la investigación espacial aplicada a nuestro día a día», ha destacado. A la despedida de los «astrolanders» han acudido varios representantes de la sociedad civil y miembros del Gobierno de Cantabria, entre ellos el presidente regional, Miguel Ángel Revilla, quien se ha probado uno de los futuristas cascos que llevan los enviados a la cueva.

Revilla ha valorado el aspecto turístico y científico de la iniciativa, aunque ha resaltado sobre todo el valor del primero, y ha considerado a Cantabria «una región pequeña pero referente en muchas cosas». «En vez de experimento marciano, habría que hacer un experimento político de traerlos aquí a Cantabria para que sepan cómo se solucionan las cosas rápidamente», ha subrayado.

Además, ha dicho que los protagonistas de la expedición son «gente preparada» que va a analizar un microclima que puede ser muy parecido al de Marte, un proyecto «de primera magnitud» que ha vaticinado que «va a ir más». «A lo mejor hasta me apunto yo si la cosa no es excesivamente de riesgo. No sé si a mi edad se permiten ya hacer esas cosas, pero no tendría inconveniente si al salir de la cueva me decís que se aguanta bien», ha apostillado.