Hay que remontarse al año 1924, para conocer las observaciones del «padre» del actual telescopio espacial, y que dio nombre al mismo, es decir el astrónomo estadounidense Edwin Hubble, quien en ese año usó el telescopio Hooker en el Monte Wilson cerca de Los Ángeles, para estudiar muchas otras galaxias además de nuestra propia Vía Láctea, encontrando casi todas ellas alejándose unas de otras. Esto sugirió que el universo se está expandiendo, desatando un gran número de interrogantes sobre el principio y el fin del mismo.

Posteriormente, tras el lanzamiento del satélite soviético Sputnik en 1957, la recién creada Agencia Nacional de la Aeronaútica y del Espacio (NASA), puso en órbita con éxito dos Observatorios Astronómicos Orbitales (OAO). En 1969, la Academia Nacional de Ciencias dio su aprobación al proyecto del Gran Telescopio Espacial (LST), y después del «gran paso para la humanidad» de Armstrong sobre la superficie lunar en ese mismo año, la financiación de los programas espaciales de la NASA comenzó a disminuir, poniendo en peligro el programa LST.

Para mantener y mejorar el telescopio espacial, se hicieron planes para llevar a cabo misiones de servicio en órbita, en lugar de devolver el telescopio a la Tierra y reacondicionarlo en nuestro planeta. Con este espíritu de innovación, el telescopio fue rebautizado como el Telescopio Espacial Hubble (HST). En 1985, el telescopio estaba ensamblado y listo para su lanzamiento.

Sin embargo, en 1986 ocurrió la tragedia del Challenger, que obligó a la NASA a dejar en tierra la flota de transbordadores espaciales durante dos años. El Proyecto HST utilizó ese tiempo para realizar más trabajos en el telescopio, por lo que los paneles solares fueron mejorados con una nueva tecnología de células solares. La cubierta de popa (el extremo del telescopio que alberga los instrumentos científicos) se modificó para facilitar el reemplazo de los instrumentos durante el mantenimiento. Se actualizaron los ordenadores y los sistemas de comunicación. El telescopio espacial fue sometido a más pruebas de esfuerzo, para prepararse para las duras condiciones del despegue y el espacio.

Finalmente, el 24 de abril de 1990 concluyó exitosamente esta peripecia iniciada en el año 1969, cuando el transbordador espacial Discovery despegó de la Tierra con el Telescopio Espacial Hubble en sus entrañas. Al día siguiente el Hubble fue puesto en órbita, y desde entonces no ha dejado de enviarnos incansablemente durante 30 años, maravillosas imágenes de agujeros negros, nebulosas y galaxias.