Llevamos toda la vida mirando al Sol, hay telescopios que lo observan desde la superficie de la Tierra, pero tienen el problema de las turbulencias de la atmósfera que dificultan su estudio, por ese motivo hay que salir al espacio para observarle adecuadamente. “Hay sondas solares como la Soho que orbita en el espacio desde que se lanzó en 1995, pero se encuentra a un 1% de la distancia que hay hasta el Sol desde la Tierra, lo que sigue estando muy lejos y su capacidad es limitada y es conveniente acercarse más al Sol”, explica César García Marirrodriga el director del Proyecto Solar Orbiter de Agencia Espacial Europea (ESA). Un proyecto que está haciendo precisamente esto, acercarse al Sol para estudiarlo, en particular para analizar el comportamiento de los campos magnéticos del Sol.

Poder conocer mejor las dinámicas de los campos magnéticos es de especial importancia porque cuanto más sepamos de ellos, más sabremos del comportamiento del astro de manera que podamos estar preparados para eventuales tormentas solares que pueden poner en riesgo infraestructuras vitales de nuestro planeta como las centrales eléctricas y los satélites de los que dependen nuestras comunicaciones y nuestra economía.

El pasado 10 de febrero se lanzó al espacio esta sonda  que traza una órbita muy elíptica y ya está a la mitad de la distancia del astro y  puede tomar imágenes del Sol mucho más cerca, tan solo a 77 millones de kilómetros de su superficie. Con esta misión se tomarán las imágenes del Sol que más cerca se han realizado por en la historia. Si bien la sonda solar Parker de la NASA, lanzada en 2018, está y estará más cerca de la estrella, no cuenta con telescopios capaces de mirarla directamente para su estudio.

“La Solar Orbit tiene dos tipos de instrumentos, unos que miran al Sol y otros que reciben las partículas cargadas del viento solar o las tormentas solares y las mide cuando llegan al satélite”, explica el director científico del proyecto. Además de que la dirección científica recae en un ingeniero español, César García, la presencia de españoles es notable. El astrofísico de la Universidad de Alcalá (Madrid) Javier Rodríguez-Pacheco es el investigador principal del Detector de Partículas Energéticas (EPD), el instrumento que toma muestras, mientras José Carlos del Toro, del Instituto Astrofísico de Andalucía, es coinvestigador principal del magnetógrafo So/Phi que va a estudiar los campos magnéticos en la superficie del Sol.

En cinco años el Sol estará de nuevo más activo y la Solar Orbiter estará a plena actividad

«Cuando se nos dan los medios, los españoles estamos a la altura de cualquiera y la Solar Orbiter es la prueba», destaca a El Independiente Rodríguez-Pacheco. «Esto es el fruto de la inversión que se hizo a principios de siglo en este campo. Han pasado 20 años, los tiempos de la ciencia no son los que quisieran los políticos, pero cuando se invierte ahí se ven los resultados», destaca.

“Esta es una misión de ciencia básica que tiene dos preguntas que quiere responder, ¿cómo se crea y se controla la heliosfera? [la región espacial que se encuentra bajo la influencia del viento solar y su campo magnético, esto es, todo el ámbito de actuación de los electrones e iones que emite el Sol en el que está incluido nuestro planeta]. También queremos saber por qué cambia la actividad solar con el tiempo”, explica el experto de la ESA, García. En cinco años el Sol estará de nuevo más activo y la Solar Orbiter estará a plena actividad», subraya Pacheco.

En busca de los polos del Sol

El Sol tiene períodos de unos 11 años en los que tiene más actividad y durante los que se generan las tormentas solares y luego hay otros momentos en los que está más parado. “Se cree que el ciclo solar está muy relacionado con los cambios en la polaridad del campo magnético de la estrella. A más manchas solares solares más actividad, pero no es una relación perfecta. Entender la física de estos procesos es fundamental para explicar cómo funciona el Sol”, apunta García.

A principios de 2022, la Solar Orbiter se quedará a 48 millones de kilómetros del Sol. En ese momento, la ESA utilizará la gravedad de Venus para desviar la órbita de la nave fuera del plano de la eclíptica en el que orbitan los planetas del sistema solar. Estas maniobras de asistencia gravitatoria permitirán a la Solar Orbiter mirar al Sol desde latitudes más elevadas y obtener la primera imagen propiamente dicha de sus polos con el fin de dar con las claves que permitan comprender mejor el funcionamiento su campo magnético. Y con esta información avanzar en el conocimiento de la tormentas solares y poder predecir su actividad y la amenaza que entrañan para la Tierra.