Desactivar el factor de crecimiento de las células cancerígenas para frenar las metástasis. Esa es la clave del estudio presentado esta semana por los doctores Laura Soucek y Daniel Massó, sobre Omomyc, el fármaco que podría dar una nueva y esperanzadora vía a la lucha contra el cáncer.

¿Por qué es tan prometedor este ensayo? Porque ataca al crecimiento de las metástasis, que son la causa principal de muerte por cáncer. Y porque el medicamento ya se está probando en primera fase de ensayo clínico. Por tanto, si los resultados de laboratorio se confirman, el nuevo medicamento «podría llegar al mercado en 2027-28, es nuestra esperanza«, explica la doctora S0ucek.

El estudio presentado este lunes, y publicado por la Cancer Research Communications es pre-clínico, se ha llevado a cabo en células humanas y ratones. Pero en paralelo, hace un año que empezó a testarse Omomyc en un ensayo clínico en tres hospitales en España. El ensayo está a punto de concluir la Fase 1, que analiza la seguridad del fármaco. Este verano esperan empezar ya la Fase 2 del ensayo, lo que explica la inusitada rapidez con la que avanza la investigación de este fármaco.

Rápida evolución del ensayo clínico

«Lo que nos ilusiona mucho es que podremos trasladar en poco tiempo el trabajo del estudio al ensayo clínico, en verano probablemente empecemos la Fase 2 del ensayo» relata Soucek. Será entonces cuando se teste en pacientes los resultados del estudio, realizado sobre el cáncer de mama triple negativo.

Soucek explica que se han centrado en este tipo de cáncer porque «es el subtipo de cáncer de mama más agresivo y normalmente se detecta cuando ya es metastásico» lo que hace que tenga pocas opciones terapéuticas. «Por eso queríamos enfocarnos en este tipo de investigación oncológica que necesita nuevas soluciones».

El cáncer de mama fue uno de los más diagnosticados en España en 2021, y se cobra cada año más de 6.000 vidas, según los datos que maneja la Sociedad Española de Oncología Médica. En este panorama, queda patente la imperiosa necesidad de desarrollar tratamientos eficaces para combatir este mal, tan complejo de abordar.

Sin embargo, está por ver si el ensayo clínico se elabora sobre este mismo tipo de cáncer o se escogen otros tumores con peor diagnóstico, advierten los responsables del estudio. Porque el gran éxito de Omomyc es su eficacia contra metástasis de múltiples tipos de cáncer.

Luchar contra las metástasis

La eficacia de Omomyc en las metástasis «es muy importante tanto por motivos científicos como clínicos» explica Soucek. En clave científica, durante mucho tiempo se había dudado sobre si la proteína MYC tenía un papel pro-metastásico o anti-metastásico. Al utilizar un inhibidor de MYC con tumores primarios esto era muy importante, porque «mientras tratábamos a pacientes con un tumor primario podíamos estar favoreciendo metástasis, ¡esto sería un desastre!», advierte.

«Sería un fracaso enorme para todo el mundo científico y para nosotros en particular, por eso nos enfocamos en demostrar si esto era verdad utilizando nuestros modelos experimentales». Lo que probaron con el estudio en esos modelos es que inhibir a MYC no favorece las metástasis, todo lo contrario. «Podemos prevenir las metástasis e incluso reducir su tamaño cuando inhibimos a MYC«.

En el plano médico, «lo que nos preocupaba es que hoy en día las metástasis son el gran desafío del tratamiento con cáncer. Casi ningún paciente hoy en día muere de tumor primario», que normalmente se puede extirpar con cirugía.

Sin embargo, cuando se detectan metástasis estas son muy difíciles de curar, de extirpar, porque pueden estar en muchos órganos del cuerpo, algunos de ellos no accesibles. «Las metástasis son nuestro auténtico desafío» concluye Soucek, recordando que es un proceso común a diferentes tipos de cáncer.

Cómo funciona MYC

La base del nuevo fármaco es por tanto inhibir la acción de MYC, una proteína desregulada en la mayoría, si no todos los tipos de cáncer. Esta proteína tiene un papel fundamental dentro del núcleo de la célula. Es un factor de transcripción, es decir, es la que decide qué genes se activan y se apagan dentro del núcleo de la célula.

En el caso de las células cancerígenas, MYC «coordina la activación de los genes que permiten a las células del cáncer dividirse, captar nutrientes y hasta volverse invisibles al sistema inmunitario«. Además, en este último estudio el equipo del VHIO ha demostrado que MYC también tiene un papel en todos los estadios de las metástasis.

Las metástasis empiezan en el tumor primario con una célula que se despega y empieza a migrar. «Esta capacidad de migrar, de entrar en los vasos sanguíneos y linfáticos y viajar por el cuerpo está controlada por MYC«. Después esa célula cancerígena tiene que encontrar un lugar secundario, donde siembran estas células. Y de nuevo MYC es la proteína que controla la capacidad de crear un nuevo nicho que favorece el crecimiento de las metástasis.

«Estas son las capacidades de MYC que no se habían aclarado hasta ahora» concluye Soucek, por tanto, ahora sabemos que MYC juega un papel en estas fases.

La proteína MYC también tiene un papel en la proliferación de las células normales, pero «las células normales lo paran cuando ese papel ha acabado». La diferencia es que en las células cancerígenas no deja de actuar nunca, sigue instruyendo a las células para dividirse. «MYC se queda alrededor de 20 minutos en una célula normal y desaparece, en las células del cáncer está ahí todo el tiempo«.

El ensayo clínico

Omomyc está ya en ensayo clínico de Fase 1, la de seguridad. Es el primer paso, en el que se comprueba que el fármaco no es tóxico para los humanos. Se empieza con una dosis mínima y se va subiendo de forma escalada hasta llegar a una dosis que es segura y probablemente eficaz.

En la Fase 2, de eficacia, se comprueban los efectos del fármaco en pacientes. Es la fase que los responsables del ensayo esperan empezar el próximo verano. Pero primero tienen que establecer cual es la dosis adecuada. «Esto significa que por una vez no pasarán muchos años entre lo que vimos en el laboratorio y la comprobación en pacientes, porque el fármaco está ya en pacientes, ahora tenemos que ver si mantiene su promesa en ellos».

La gran dificultad ahora es decidir con qué indicaciones empezar. MYC tiene un papel en la mayoría de cánceres humanos, «pero nosotros tenemos que decidir con qué indicaciones oncológicas empezamos», que no tienen por qué ser las del estudio inicial, y eso se define con un comité de oncólogos especializados.

«Normalmente se empieza con las indicaciones oncológicas que no tienen tratamiento, y afortunadamente para cáncer de mama triple negativo están apareciendo algunos ensayos que ofrecen esperanzas. Tenemos que decidir si empezamos por ahí o por otros tipos» de cáncer que tienen aún más necesidad terapia.

La Fase 3 es la de la confirmación de la eficacia del fármaco ampliando el espectro con miles de pacientes. Es una fase cara, en la que tendría que entrar una gran farmacéutica. Si sus resultados son positivos la aprobación del fármaco está asegurada.

Cómo será la terapia

Si el ensayo concluye con éxito, se habrá conseguido un tratamiento más barato que la terapia genética y menos agresivo que la quimioterapia, asegura Soucek, que insiste en que «estamos haciendo todos los esfuerzos por mantener el coste de producción del fármaco bajo». Comparado con otros fármacos muy caros como la terapia con células T, que es personalizada, «Omomyc es mucho más barato, tendría que poder ser accesible».

Tal y como se lo plantean ahora, será una mini-proteína que se administre una vez por semana por vía intravenosa, es una infusión de 30 minutos.

Soucek apunta además que «seguramente» será menos agresivo que la quimioterapia. «En nuestro modelo clínico es una terapia amable, que parece no tener muchos efectos secundarios». En ratones, hasta con dosis muy altas nunca notamos efectos secundarios serios. «Esperemos que esto se confirme en los pacientes, de momento somos muy optimistas».