«El sistema nos ha convertido en corruptos. Pero no tenemos la culpa. Es el sistema. Vamos a cambiar el sistema». Mohamed Ali, de 45 años, es quien ha promovido las últimas protestas contra el todopoderoso presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, con una serie de vídeos que difunde desde sus cuentas de Twitter y Facebook. Ex contratista militar y actor, Mohamed Ali vive en Barcelona con su familia desde hace varios años.

Difundió su primer vídeo contra el régimen instaurado por Al Sisi hace tres semanas. Ha sido este pasado fin de semana, desde el viernes, festivo en Egipto, cuando sus palabras han movilizado a cientos de egipcios, sobre todo jóvenes que no vivieron las protestas contra el presidente Mubarak en 2011.

Mohamed Ali llamó a salir a las calles el viernes por la noche, después de un partido de fútbol entre dos populares equipos locales, Zamalek y Al Ahly. Ganó Al Ahly por tres goles a dos. Numerosos jóvenes en varias ciudades egipcias, desde barrios pobres cairotas hasta Alejandría o Suez, le secundaron.

Unas 200 personas se enfrentaron a los efectivos de seguridad en Suez el sábado por la noche. Les arrojaron balas de goma. En El Cairo la policía se desplegó en la plaza Tahrir, escenario de la primavera egipcia en 2011, para evitar cualquier tipo de altercado.

El Centro Egipcio para los Derechos Sociales y Económicos asegura que al menos 274 personas han sido detenidas en esta oleada de rebeldía. El presidente Al Sisi gobierna con mano de hierro desde que llegó al poder en 2013.

En sus mensajes, que difunde desde la cuenta denominada Mohamed Al Secrets, el empresario y actor afincado en España confiesa cómo sabe de lo que habla porque tuvo un negocio de construcción y trataba con el ejército, que maneja los hilos de los grandes negocios en el país de los faraones.

En la docena de vídeos que ha colgado en sus redes explica cómo los militares de alto rango se apropian de fondos públicos para sus negocios privados. En un país donde uno de cada tres habitantes está en la pobreza, según datos del propio gobierno.

Gracias a las redes sociales, Mohamed Ali ha logrado sortear la férrea censura. Y ha capturado la atención de los egipcios, que siguen sus mensajes como si fueran una serie de moda. Ha logrado que los egipcios vuelvan a hablar de política, como confiesa una periodista retirada a Middle East Eye.

Durante 15 años, ha negociado con los militares y por ello sabe cómo funciona el sistema. Su empresa, Amlaak, ha realizado proyectos por todo el país, incluidos palacios y residencias de dirigentes de la inteligencia egipcia, incluso Al Sisi, que anteriormente trabajó en estos servicios y en Defensa. De hecho, dice que ahora habla porque no le pagaron como habían acordado.

El empresario afincado en Barcelona deja claro cómo Al Sisi pone en marcha proyectos megalómanos mientras pide a los egipcios que se aprieten el cinturón. Lo dice el constructor más exitoso y más joven de Egipto. Su empresa tenía un millar de empleados y era una de las diez más importantes del país.

Procede de una familia de clase media, con un padre campeón mundial de culturismo del que ha heredado los genes. Siempre ha sido un emprendedor. Probó con un negoció de comunicación y firmó un contrato con el gobierno para hacer las primeras páginas amarillas. Casado hasta hace poco, tiene cinco hijos (dos chicos y dos chicas), Mohamed Ali está construyéndose una casa en la comarca del Maresme.

Dejó Egipto en parte por voluntad propia y en parte tras ver cómo funcionaba el sistema. Tuvo claro su destino: se había enamorado de Barcelona. «Yo no elegí Barcelona. Ella me eligió a mí porque siempre es el grande el que elige al pequeño», confesaba en una entrevista con Vanity Fair en julio pasado.

En 2011, después de triunfar como empresario, se lanzó a rodar una serie como actor. Hizo Páginas de jóvenes en la que encarnaba a un policía con malas artes.

Como productor, obtuvo el Premio de la Paz de Luxemburgo, concedido por la Fundación para la Paz, en julio pasado por el documental The Other Land en el que narra cómo unos jóvenes en la pobreza huyen de Egipto hacia Europa. «Me llegó un guion que me entusiasmó y decidí sacarlo adelante, aunque era costoso y arriesgado. Rodamos en mar abierto», afirmaba Mohamed Ali. Terminó de rodarlo en las playas de Sitges.

Anunció en abril que tenía previsto abrir en Barcelona la sede de Amlaak for Investment and Development. En Vanity Fair, Mohamed Ali decía que primer proyecto sería la creación de una universidad internacional, la gran universidad del Mediteráneo, que sea un ejemplo en el uso de energías limpias. Colaboraría en este plan el despacho de Alonso Balaguer y le apoya el ex secretario de Estado de Universidades Màrius Rubiralta, según la revista española. «África necesita la sabiduría europea», suscribía.

Atractivo, triunfador, rico, Mohamed Ali no es un líder opositor al uso. Es un misterio quién está detrás de su campaña, pero podrían ser personalidades del régimen que discrepan con Al Sisi, o a quienes su caída podría beneficiar.

Si los jóvenes actúan espontáneamente, o bien alentados por enemigos de Al Sisi, como los Hermanos Musulmanes, aún es una incógnita. Como es un enigma si estas protestas harán historia o serán una anécdota que vincula Cataluña y el país de los faraones.