Tiene aspecto de buen tipo y dicen que realmente lo es. Armin Laschet, que cumplió 60 años en febrero pasado, ha logrado imponerse al líder bávaro, Markus Söder, en una enconada lucha por la cancillería. Como cabeza de la Unión (CDU y CSU), el centrista Laschet será quien aspire a suceder a la canciller, Angela Merkel, que no volverá a ser candidata, tras 16 años en el poder federal.

«La suerte está echada… Está claro que hay que ser responsable por la Unión y solo una Unión unida puede ganar», ha dicho Söder en Múnich al aceptar la decisión de la Ejecutiva de la CDU, que el lunes por la noche se decantó claramente por Laschet. El 77,5% de los votos de la Ejecutiva se decantaron por Laschet y por Söder el 22,5%, pero hubo seis abstenciones. Söder, que tenía a su favor a gran parte del grupo parlamentario y a las bases, ya ha felicitado a Laschet.

«Es el candidato más sensato, más integrador y más equilibrado. Es una persona normal», afirma el director de la Fundación Konrad Adenauer en Madrid, Wilhelm Hofsmeister.

Laschet, ministro presidente de Renania del Norte-Westfalia, nació en Aquisgrán (Aachen, en alemán), una bellísima ciudad del oeste de Alemania, donde fue coronado Carlomagno. Aquisgrán está a apenas dos horas en tren de Bruselas.

Desde enero pasado, Laschet es líder de la Unión Cristiano Demócrata (CDU). Söder lidera la bávara CSU y es ministro presidente de Baviera. Son los dos Länder con más peso en el PIB de Alemania. Söder era el favorito de las bases y de la CSU, mientras que a Laschet le apoyaba gran parte de la dirección de la CDU.

En su intervención en el congreso donde resultó elegido, rindió homenaje a su origen humilde y aludió a la importancia del compañerismo. «Mi padre fue minero. Cuando estás bajo tierra, da igual de dónde sea cada uno. Lo importante es confiar los unos en los otros». También mostró una moneda que le regaló su padre y que tenía como amuleto.

Una elección caótica y muy ajustada

En las últimas deliberaciones de la CDU ha habido más ataques que muestras de confianza. La crisis del coronavirus ha afectado al gobierno federal. Empezó con dominio de la escena pero a medida que ha avanzado el tiempo han tenido que aplicarse medidas más estrictas y la tensión entre los Länder ha sido evidente.

La canciller ha tenido que recurrir a aplicar una medida extraordinaria para que sea el gobierno federal quien imponga medidas en caso de tres días con una incidencia superior a 100 por 100.000 habitantes.

Los dos grandes partidos, la Unión y el SPD, pierden apoyos, mientras que los Verdes están en auge. Este lunes han elegido como candidata a la cancillería a Annalena Baerbock, que será la única mujer que aspira a suceder a Merkel. La armonía con que han resuelto la K-Frage los Verdes contrasta con el caos de la Unión.

Los dos aspirantes se han disputado de forma agónica el liderazgo. La imagen ha sido devastadora. La Unión queda seriamente dañada, si bien al final Laschet, líder del partido más fuerte, quien ha vencido esta batalla.

Laschet lleva al frente de Renania del Norte-Westfalia desde 2017. En la campaña por el liderazgo de la CDU, hizo gala de estar volcado en la crisis del coronavirus y no tener tiempo para más.

Su carrera política arrancó en el Ayuntamiento de Aquisgrán en 1989, el año en que cayó el Muro de Berlín. En 1992 fue elegido diputado en el Parlamento alemán. Entre 1999 y 2005 fue eurodiputado.

Tuvo que hacer frente a las acusaciones que le relacionaban con la concesión de las compras de mascarillas a una empresa relacionada con la marca Van Laack, para la que ha trabajado su hijo Joe como modelo. Laschet montó en cólera por las sospechas, si bien la compañía sí recibió el contrato, por su méritos, según el presidente renano.

Laschet se ha presentado como un político con experiencia de gobierno que es capaz de ganar elecciones. Venció en Renania del Norte-Westfalia, un Land tradicionalmente socialdemócrata. La CDU teme sufrir una hecatombe con la salida de Merkel, quien goza actualmente de una popularidad de un 80%.

En su intervención en el congreso de la CDU, Laschet ha abogado por el continuismo claramente. «Solo ganaremos si nos situamos en el centro de la sociedad. Es lo que ofrecerá confianza». Así es. La lucha por el centro (die Mitte, en alemán) va a ser crucial el 26-S.