«Joer, estamos aquí. Es la casa de Bin Laden. Esto es increíble. Probablemente no salgamos vivos, pero esto es histórico y voy a saborearlo». Robert James O’Neill (Montana, 1976) se deleita en su libro El operador con las últimas escenas de la caza de Osama bin Laden el 1 de mayo de 2011. Diez años después el Seal que mató a Bin Laden ha hecho negocio con la marca Seal y con su participación en la operación contra el terrorista más buscado del mundo. Este verano dio la nota al no ponerse la mascarilla en un vuelo.

Según relata Barack Obama en sus memorias, la operación Lanza de Neptuno había empezado a las 14 horas (hora del este) del domingo 1 de mayo. A esa hora despegaron dos Black Hawk desde Jalalabad con dirección a Abottabad. En la misión participaron 23 efectivos de los SEAL, un intérprete y un perro llamado Cairo.

Desde la Sala de Crisis, reconvertida en Sala de Guerra, seguían los pormenores de la misión el presidente, Barack Obama, su vicepresidente, Joe Biden, y gran parte del equipo de Seguridad Nacional, junto a Hillary Clinton, y el director de la CIA, Leon Panetta. El jefe del Mando Conjunto de Operaciones Especiales, William McRaven, seguía la operación de sus hombres desde Jalalabad.

Sabían que Osama bin Laden estaba en el último piso de la vivienda ubicada en Abottabad, a menos de cien kilómetros de Islamabad y a escasos kilómetros de una base del ejército y de la oficina central de la Inteligencia paquistaní. Cuando ya estaban en el tercer piso, se encontraron a dos mujeres que gritaban sin parar. Afortunadamente no llevaban chalecos con explosivos.

«Fui a la izquierda y me asomé a la habitación contigua. Osama bin Laden estaba cerca de la entrada, a los pies de la cama. Era más alto y delgado de lo que esperaba, llevaba la barba más corta y tenía el pelo más blanco. Pero era el hombre cuyo rostro había visto diez mil veces, cien mil veces. Delante de él había una mujer y Bin Laden le apoyaba las manos en los hombros. en menos de un segundo apunté por encima del hombro derecho de la mujer y apreté el gatillo dos veces. La cabeza de Bin Laden se abrió y cayó al suelo. Le metí otra bala en la cabeza por si acaso», relata O’Neill en su libro, que se convirtió en un bestseller. En España se publicó en 2018.

En su página web, Robert O’Neill, que interviene con frecuencia en la cadena Fox como experto en seguridad, se anuncia como conferenciante. «Lecciones de inestimable valía sobre un líder de los Navy Seal». Estuvo casi 20 años alistado en este elitista cuerpo de la Armada, pero lo dejó un año después de la caza de Osama bin Laden.

En reiteradas ocasiones O’Neill, que aprendió a cazar colocando en el objetivo ciervos en su Montana natal, ha dicho: «Momentos después de disparar a Bin Laden me pregunté si era la mejor o peor cosa que me podía ocurrir. Todavía estoy tratando de aclararlo. Me ha tenido muchas noches sin dormir. Fue lo mejor porque habíamos cumplido con nuestra misión pero también era lo peor porque no sabíamos qué pasaría después».

Una muerte con muchos padres

Fue en noviembre de 2014 cuando Robert O’Neill, debido a estrecheces económicas, decidió desvelar su identidad. Decía sentirse abandonado por el gobierno y rompió el código de silencio que habían sellado los 24 marines que habían participado en la misión.

O’Neill se justificó en nombre de las víctimas del 11-S. «Siento un gran orgullo por haber ayudado a las víctimas en su proceso de curación». En su libro se refiere a cómo un niño, que había perdido a su padre en el mayor atentado terrorista jamás sufrido por Estados Unidos, le dijo: «Usted mató al demonio».

Otro de los Seal que participó en Lanza de Neptuno para acabar con Gerónimo, como se conocía en clave a Bin Laden, había publicado un libro en 2012 bajo el seudónimo de Mark Owen. Con Un día difícil: la explicación de primera mano de la misión que mató a Bin Laden Owen/Bissonnette se hizo millonario. El nombre real era Matt Bissonnette y se atribuía la muerte de Osama bin Laden.

Cuando un periodista reveló su verdadera identidad, el Pentágono iba a proceder judicialmente contra él por no haber sometido el libro a revisión para evitar que se revelara información secreta. Finalmente llegó a un acuerdo y tuvo que devolver los 6,8 millones que había obtenido por el libro.

O’Neill y Bissonnette se atribuyen el protagonismo de la muerte de Bin Laden. Sus versiones coinciden en gran parte, salvo en quién remató a Gerónimo. Altos cargos de la Armada criticaron duramente estas conductas, contrarias a los principios de este cuerpo de élite. La marca Seal vende mucho.

El verano pasado, Robert O’Neill volvió a ser noticia. La aerolínea Delta le había vetado por haber difundido una fotografía sin mascarilla. «No pueden obligarte a usar mascarillas, No pueden obligarte a tomarte la temperatura. No pueden ponerte en cuarentana», decía en un tuit de finales de julio.

Todavía estaba Donald Trump, que se negaba a aparecer en público con mascarilla, en la Casa Blanca, a pesar de que en términos absolutos Estados Unidos es el país con más casos y más muertos del planeta.

El papel de los servicios secretos paquistaníes

En la película La noche más oscura se da cuenta de este operativo. Sin embargo, hay quienes lo niegan todo. Es el caso del periodista Seymour Hersh, quien en un artículo en London Review of Books, de 2015, señalaba que la CIA y los servicios de seguridad no jugaron un papel relevante en la muerte de Gerónimo. Asegura que no hubo un tiroteo y que el cadáver de Bin Laden no se arrojó al mar.

Hersh, ganador de un Pulitzer, asegura que EEUU supo de la ubicación de Bin Laden gracias a un alto funcionario del servicio secreto paquistaní que logró una importante recompensa económica a cambio. De acuerdo con esta versión, el número uno de Al Qaeda vivía preso del servicio secreto paquistaní y estaba muy enfermo. No tenía protección y vivía aislado del mundo.

EEUU informó a los servicios secretos paquistaníes de lo que sabían y los dejaron hacer. Solo pusieron como condición que Bin Laden muriera en el operativo. No les interesaba a los paquistaníes, ni a los saudíes que también habrían financiado su escondite. Según Hersh, los Seal fueron llevados por los paquistaníes hasta la habitación donde estaba Bin Laden y allí lo mataron a tiros. Le descerrajaron tantos disparos que el cuerpo se desintegró. Los paquistaníes querían posponer el anuncio de la muerte y atribuirlo a un ataque aéreo, pero Obama aprovechó la ocasión y decidió controlar el relato.

La amenaza persiste

En estos diez años desde que mataron a Osama bin Laden el terrorismo ha seguido siendo una gran amenaza global. Fernando Reinares, investigador principal del Real Instituto Elcano, explica en un artículo en El País, cómo Osama bin Laden había logrado hasta 2006 que la organización sobreviviera en un escenario adverso, que extendiera su influencia en el mundo islámico, y que siguiera siendo una amenaza para Occidente. En 2006 fue cuando empezó a vivir en Abottabad, donde le mataron en 2011.

De acuerdo con Reinares, experto en terrorismo, Bin Laden tenía como objetivo que Al Qaeda sobreviviera más allá de su muerte. Para ello lo transformó en una estructura global descentralizada con un mando central. Así aparecieron sus sucursales territoriales: en Irak, en el Magreb Islámico, en la Península Arábiga… incluso en el este de África (Al Shabab).

La rama iraquí fue repudiada por el sucesor de Osama bin Laden, Ayman al Zawahiri. De ahí surgió el autoproclamado Estado Islámico ( o Daesh). Esta nueva organización terrorista intentó establecer un califato en Irak y Siria pero finalmente fracasó.

«Al final, lo que se ha consolidado y expandido, diez años después de la muerte de Osama bin Laden, es Al Qaeda como estructura global descentralizada», señala Reinares. Así Bin Laden logró de forma póstuma lo que perseguía.

Hoy Al Qaeda cuenta con «varias decenas de miles de combatientes activos en zonas en conflicto donde entremezclan sus intereses con los de las comunicados locales. Está en su mejor momento desde el 11-S».

No queda nada del cuerpo de Osama bin Laden, ni del complejo en Abottabad, ahora cercano a un campo de golf, pero hay miles de terroristas en todo el planeta que continúan sus planes.