La captura de Osama bin Laden había sido una obsesión para Barack Obama desde el 11-S. En un discurso el 2 de octubre de 2002, antes de anunciarse su candidatura al Senado por Illinois, ya dijo: «No me opongo a todas las guerras. A lo que me opongo es a una guerra estúpida». En lugar de invadir Irak, abogaba por concentrar los esfuerzos en «rematar el trabajo contra Al Qaeda». De ahí que uno de los momentos más extraordinarios de su primer mandato fuera el éxito de la Operación Lanza de Neptuno: la caída de Gerónimo, nombre en clave de líder de Al Qaeda.

Barack Hussein Obama (Honolulu, 1961) cierra el primer volumen de Una tierra prometida (Editorial Debate), donde relata sus primeros pasos en la política y su primer mandato como presidente (2008-2012), con la descripción detallada de lo que considera uno de sus mayores éxitos: el fin del autor intelectual de los atentados más sangrientos jamás sufridos en territorio estadounidense.

«Incluso en los días posteriores al ataque en Abottabad todos los miembros de la Casa Blanca notamos un cambio palpable en el estado de ánimo del país. Por primera y única vez en mi presidencia no tuvimos que justificar lo que habíamos hecho. No tuvimos que contener ataques republicanos ni responder a acusaciones de electorados clave que aseguraran que habíamos cedido en algún principio crucial. No afloraron quejas sobre la ejecución de la misión ni consecuencias imprevistas», escribe Obama.

Había culminado una operación que se había comenzado a gestar cuando apenas llevaba un año en la Presidencia. Todos los implicados, desde los investigadores de la CIA hasta los SEAL que llevaron a cabo la intervención en Abottabad, donde vivía Bin Laden con su familia, y los asesores del presidente, habían mantenido una discreción impecable y se habían empleado a fondo en la misión.

«Una panda de asesinos»

En mayo de 2009 reunió a varios de sus asesores, entre ellos Rahm Emanuel, Leon Panetta y Tom Donilon, en el Despacho Oval y Obama les dijo: «Quiero dar a la búsqueda de Bin Laden máxima prioridad. Quiero ver un plan formal para dar con él. Cada treinta días quiero encima de mi mesa un informe de nuestros progresos».

Quiero dar a la búsqueda de Bin Laden máxima prioridad. Quiero ver un plan formal para dar con él. Cada 30 días quiero un informe»

barack Obama, mayo de 2009

Confiesa en sus memorias cómo quería demostrar al mundo (y a los estadounidenses) que los terroristas de Al Qaeda «no eran más que una panda de asesinos ilusos y despiadados, unos delincuentes que podían ser capturados, juzgados, encarcelados y ejecutados».

En la víspera del 11 de septiembre de 2010, noveno aniversario de los atentados, recibió la primera alegría. El director de la CIA, Leon Panetta, y el subdirector, Mike Morell, le informaron de que tenían una pista sobre dónde podía estar Bin Laden, a quien habían perdido la pista desde que se escondiera en Tora Bora, una década atrás.

Habían localizado a un hombre que era enlace entre Al Qaeda y Bin Laden. Al seguirlo habían dado con un edificio en Abottabad, a 50 kilómetros de Islamabad, en Pakistán. El complejo estaba siendo vigilado y lo que daban por seguro es que allí se refugiaba un dirigente importante de Al Qaeda.

Observaron que en el interior vivía un hombre que nunca salía del recinto, a quien llamaron El Paseante, porque solía dar caminatas en una zona ajardinada del interior. Había cuatro varones, cinco mujeres y una veintena de niños. No tenían teléfono fijo ni internet, y quemaban la basura, en lugar de depositarla en contenedores.

Decidieron que estuvieran al corriente el menor número de personas dentro del gobierno. Y también dejaron fuera a los paquistaníes: sus servicios secretos tenían lazos con los talibán y quizá también con Al Qaeda. El edificio bajo vigilancia en Abottabad estaba a unos pocos kilómetros de una base militar paquistaní.

En manos de un Tom Hanks rubio

En marzo de 2011 el equipo a cargo de la operación presentó a Obama un plan de ataque aéreo al complejo. Esta opción evitaba la pérdida de vidas estadounidenses.

Pero Obama la descartó porque no solo moriría Bin Laden, o el dirigente de Al Qaeda que estuviera en el complejo, sino también esa veintena de niños, y probablemente más civiles de viviendas cercanas. «No autorizaría el asesinato de treinta personas o más si ni siquiera estábamos seguros de que Bin Laden se hallaba en el complejo», relata Obama.

Otra posibilidad era que un equipo de operaciones especiales (SEAL) se desplazara a Abottabad en helicópteros desde Afganistán, entrara en la vivienda y saliera antes de que los paquistaníes cayeran en la cuenta de la incursión. Actuarían bajo la autoridad de la CIA. El jefe del Mando Conjunto de Operaciones Especiales, William McRaven, se haría cargo de esta excepcional misión.

En su libro, Obama suele dedicar unas líneas a describir a quienes han tenido responsabilidades en su mandato como es el caso de McRaven. Es especialmente elogioso con los altos cargos del ejército estadounidense, a quienes ensalza por «su trabajo en equipo y su sentido del deber».

Si tuviera que elegir a una persona que representa todos los aspectos positivos de nuestro ejército, esa sería Bill McRaven»

«Si tuviera que elegir a una persona que representa todos los aspectos positivos de nuestro ejército, esa sería Bill McRaven. Rondando los 55 años, con una cara afable y despejada, un humor socarrón y un estilo directo y dinámico, me recordaba a un Tom Hanks rubio (si Tom Hanks hubiera sido un SEAL de la Marina)», señala el ex presidente.

Años después McRaven se convirtió en una especie de gurú del coaching tras el éxito del discurso que pronunció el 21 de junio de 2014, con millones de visualizaciones en YouTube. Elaboró el mensaje de esta alocución en su libro Hazte la cama (Planeta).

Si no sois capaces de hacer bien las pequeñas cosas, tampoco seréis capaces de hacer bien las grandes. Si queréis cambiar el mundo, empezad por haceros la cama»

bill mcraven, jefe de operaciones especiales

«Hacer la cama cada mañana supone completar con éxito la primera tarea del día. Es un gesto sencillo que os dará una pequeña razón para sentiros orgullosos y afrontar el resto de las tareas del día… Hacer la cama es una forma de recordar la importancia de los pequeños detalles de la vida. Si no sois capaces de hacer bien las pequeñas cosas, tampoco seréis capaces de hacer bien las grandes. Por otra parte, si vuestro día ha sido horrible, al menos os encontraréis la cama hecha con la promesa de que mañana será mejor. Si queréis cambiar el mundo, empezad por haceros la cama», dice McRaven en este discurso que le retrata.

Fue McRaven quien tuvo la autoridad de diseñar y ejecutar la misión, una vez que se decidió seguir adelante. Estudió los detalles y reunió al equipo: los mejores entre los mejores. Además, de entrar sin ser vistos por los que residían en el complejo tenían que evitar a los paquistaníes, y en caso de ser interceptados, eludir la confrontación.

También se planteó otra opción: un ataque con un dron que llevara un misil que cayera sobre El Paseante cuando saliera al jardín. Reduciría las víctimas pero se descartó en favor del equipo de McRaven, en cuanto él vio claro que tenían posibilidades de éxito.

Los escenarios con Kobe Bryant

Cuando McRaven informó de que tenía todo listo, en la última semana de abril de 2011, aún no sabían con plena certeza si era Bin Laden el misterioso Paseante. El director de la CIA estaba a favor de la incursión, Hillary Clinton, secretaria de Estado creía que las posibilidades a favor eran del 51%, pero reconoció que nunca habían estado tan cerca de Bin Laden en una década.

Su vicepresidente, Joe Biden, el actual presidente electo, a quien Obama siempre llama por su nombre de pila «Joe», era contrario hasta no estar seguros de que realmente en Abottabad estaba Bin Laden.

Igual que había ocurrido en todas las grandes decisiones que había tomado, agradecía su voluntad de calmar los ánimos y hacer preguntas complejas»

Obama, sobre joe (biden)

«Igual que había ocurrido en todas las grandes decisiones que había tomado como presidente, agradecía su voluntad de calmar los ánimos y hacer preguntas complejas, a menudo de darme el espacio que necesitaba para mis deliberaciones internas», escribe Obama, quien reconoce que a Biden le pesaba el recuerdo de la operación Desert One, en abril de 1980.

Fue la misión llevada a cabo durante la presidencia de Jimmy Carter para liberar a los rehenes estadounidenses de la embajada en Teherán. Biden temía que, si fallaba la captura de Bin Laden, como le ocurrió a Carter, Obama nunca se recuperaría políticamente.

En sus memorias, Obama describe qué hizo cuando tenía que tomar esta crucial decisión. Ese jueves 28 de abril cenó con Michelle y sus hijas Malia y Sasha. Después vio un partido de baloncesto, una de sus grandes pasiones, mientras repasaba los escenarios. Jugaban los Lakers contra los Hornets y Obama pensaba al tiempo que se deleitaba viendo a Kobe Bryant.

Al día siguiente estuvo de viaje en Alabama y luego dio un discurso en la universidad de Miami-Dade. Justo antes de viajar con su familia a Cabo Cañaveral, para contemplar el despegue del Endeavour, dio su luz verde. En ese momento pasó el control operativo a McRaven.

«Gerónimo muerto en acción»

La operación Lanza de Neptuno empezó a las 14 horas (hora del este) del domingo 1 de mayo. A esa hora despegaron dos Black Hawk desde Jalalabad con dirección a Abottabad. En la misión participaron 23 efectivos de los SEAL, un intérprete y un perro llamado Cairo. Obama había jugado al golf esa mañana. No quería que ni sus más allegados sospecharan de lo que estaba en marcha.

Desde la Sala de Crisis, reconvertida en Sala de Guerra, seguían los pormenores de la misión el presidente, Joe Biden, y gran parte del equipo de Seguridad Nacional, junto a Hillary Clinton, y el director de la CIA, Leon Panetta. McRaven seguía la operación de sus hombres desde Jalalabad.

Obama cuenta cómo vio la operación militar en tiempo real. En realidad, se veían figuras fantasmagóricas. El primer susto lo dio uno de los helicópteros que al descender dio a uno de los muros del complejo, pero la pericia del piloto impidió un mal mayor.

Durante unos eternos 20 minutos, mientras los SEAL se desplegaron por las habitaciones en busca del objetivo, apenas supieron qué pasaba. Finalmente, McRaven anunció: «Gerónimo identificado… Gerónimo muerto en acción». Gerónimo era el nombre en clave de Osama bin Laden.

No respiraron tranquilos hasta que los SEAL, después de recoger el cadáver en una bolsa, y ocuparse de los niños y las mujeres, aterrizaron en Jalalabad. Eran las seis de la tarde.

¿Tanta planificación y no podíais llevar una cinta métrica?», dijo Obama a McRaven cuando puso a un hombre junto al cadáver de Bin Laden para medirlo

McRaven confirmó cuando vio el cuerpo que se trataba de Bin Laden, lo mismo que decía un software de reconocimiento facial de la CIA. Como anécdota, recuerda Obama que McRaven pidió a un SEAL que se tumbara junto al cuerpo para ver si efectivamente medía 1,95. «¿Tanta planificación y no podíais llevar una cinta métrica», bromeó Obama.

Los resultados de ADN tardarían un par de días. Era Bin Laden y su cadáver acabó en el mar, para evitar peregrinajes. Obama se opuso a difundir fotos del cadáver. No quería mostrarlo como un trofeo.

Lamenta Obama que esa unidad y ese esfuerzo conjunto no hubiera sido la tónica de su Presidencia. Seguía siendo un Quijote sin Sancho Panza, como se describe en el libro.

«¿Aquella unidad de esfuerzo, aquella idea de un propósito compartido, solo era posible cuando ese propósito era matar a un terrorista? La pregunta me inquietaba… Me imaginé cómo sería Estados Unidos si pudiéramos unir al país para que nuestro Gobierno invirtiera el mismo nivel de experiencia y determinación en educar a nuestros hijos o dar cobijo a los indigentes que en atrapar a Bin Laden: cómo sería si pudiésemos aplicar la misma persistencia y recursos a reducir la pobreza o los gases de efecto invernadero o asegurarnos de que todas las familias tuvieran acceso a guarderías decentes», señala. Y añade que aquello le demostró todo lo que le quedaba por hacer.

Y Trump ya estaba allí

En esos días en los que Obama estaba pendiente de cómo se desarrollaba una de las intervenciones más peligrosas y extraordinarias de su mandato el magnate neoyorquino Donald Trump insistía erre que erre en una de sus difamaciones contra el presidente. Trump sostenía que Obama no había nacido en Estados Unidos y que la partida de nacimiento que había dado a conocer, un extracto del documento original, era falsa.

La excesiva cobertura al birtherism que promovía Trump terminó por exasperar a Obama, quien decidió publicar su partida de nacimiento completa con la idea de acallar al millonario. El miércoles 27 de abril dio una rueda de prensa en la que pidió a los medios que se dejaran de estupideces. Dijo que EEUU hacía frente a grandes desafíos.

«No podremos avanzar si nos distraemos… No lo podremos hacer si nos inventamos cosas o fingimos que los hechos no son los hechos. No podremos resolver nuestros problemas si nos distraemos con atracciones secundarias y charlatanes de feria», dijo entonces Obama, en alusión no explícita a Trump, quien terminó reconociendo que aquel documento sí demostraba que el presidente había nacido en Hawai.

Obama se mofó de Trump, tras este golpe a su tesis sobre su nacimiento en la cena de corresponsales del sábado 30 de abril en el Washington Hilton, a la que también estaba invitado, al igual que Rupert Murdoch (dueño de Fox News, entre otros medios). Esa noche Obama ya sabía que McRaven y sus hombres iban a realizar la incursión en el complejo de Abottabad al día siguiente.

«Nadie se alegra más, nadie se siente más orgulloso de dejar correr este asunto de la partida de nacimiento que Donald. Y eso porque finalmente puede concentrarse de nuevo en los temas importantes. ¿La llegada a la luna fue una farsa?», dijo Obama al tiempo que aludía a «sus credenciales y amplia experiencia como presentador de Celebrity Apprentice«.

Lo que sabía era que Trump era espectáculo y, en los Estados Unidos de 2011, eso era una forma de poder»

Confiesa Obama que no se le pasó por la cabeza durante esos minutos en los que se burló de él. «Lo que sí sabía era que Trump era espectáculo y, en los Estados Unidos de 2011, eso era una forma de poder… Lejos de verse condenado al ostracismo por las conspiraciones que había difundido era más relevante que nunca».

Lo que se le pasó por la cabeza a Trump fue suceder a Obama. Lo logró de forma sorprendente en las elecciones de 2016, cuando ganó a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton contra todo pronóstico.

El primer presidente afroamericano de la Historia, un joven senador que demostró que «sí, se puede» es algo más que un eslogan, ganó un segundo mandato pero no pudo evitar que aquel «charlatán de feria» llegara a la Casa Blanca y fuera desmantelando todo lo que él había intentado, con grandes dificultades por el férreo marcaje de los republicanos, poner en marcha. Y en 2020, con un Trump que vuelve a negar los hechos, Joe, su segundo de abordo, es quien luchará contra los gigantes.