Israel ha dado un paso más, previo a lo que sería una incursión terrestre en la franja de Gaza. El primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, ha confirmado que «la última palabra aún no se ha dicho y la operación continuará tanto como sea necesaria». En Gaza ya han muerto más de cien personas y siete en Israel. Hay una treintena de niños entre las víctimas mortales.

Desde el lunes Hamás, que controla Gaza, ha lanzado unos 1.700 cohetes contra poblaciones israelíes, protegidas por la llamada cúpula de hierro. Esta protección antimisiles intercepta un 90% de los cohetes activados por Hamás.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés) han iniciado en la madrugada del viernes la mayor ofensiva desde tierra y por el aire en Gaza desde que estalló la violencia a principios de semana. La noche se hizo día debido a los bombardeos.

De momento, Israel no ha desplegado tropas en Gaza, lo que sucedió en la guerra sufrida en la zona en el verano de 2014. Una ofensiva similar ha de ser aprobada por el alto mando militar y por el gobierno.

Las Fuerzas de Defensa de Israel han aclarado que no están sobre el terreno a la par que intentaban tranquilizar a la población sobre las consecuencias para los civiles israelíes de esta escalada bélica. Unos 7.000 reservistas están preparados para unirse a la ofensiva, para la que el Ejército israelí se dice preparado.

Poco antes de empezar esta nueva oleada de ataques en la franja de Gaza, el Ejército advirtió a los que viven en un radio de cuatro kilómetros de la frontera de que debían de protegerse en los refugios. El miedo es lo que une a los civiles árabes y judíos.

Los dos millones de habitantes de la franja pasaron una noche de terror con incontables bombardeos y un cielo con destellos constantes. «No te puedes dormir… En cualquier momento tu casa puede convertirse en tu tumba», decía Najwa Sheikh Ahmad, desde la franja de Gaza, en declaraciones que cita la BBC. «Como madre es aterrador, muy agotador. No puedes sentirte segura».

Esta escalada empezó el lunes después de que las fuerzas de seguridad israelí trataran de impedir a los árabes concentrarse en la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, tercer lugar sagrado del Islam. También es un emplazamiento venerado por los judíos, que lo conocen como Haram al Sharif. Hamás respondió con cohetes y los israelíes contestaron con bombardeos en Gaza.

Guerra fratricida en Israel

A su vez, en Israel, y como no se recuerda en años, la violencia se ha extendido por diversas poblaciones en las que antes convivían más que bien árabes y judíos. Hubo varios linchamientos. Netanyahu se desplazó a Lod, uno de los escenarios de estos pogromos. «No tenemos otra opción que restaurar la ley y el orden con el uso de la fuerza», ha sentenciado Netanyahu.

El presidente israelí, Reuven Rivlin, ha dicho que «una guerra civil sería una amenaza para nuestra existencia, mucho peor que cualquier amenaza del exterior».

Estas golpizas, apuñalamientos y tiroteos se han registrado por todo el país, desde Beersheba, en el sur, hasta Haifa, en el norte. Más de 400 personan han sido arrestadas y la policía se ha desplegado por todo el país.

Mientras el líder opositor, Yair Lapid, ha dicho que el primer ministro en funciones ha perdido el control de la situación y conduce al país a la anarquía, el derechista Naftali Bennet se inclina ahora por pactar con Netanyahu.

Lapid tiene ahora el encargo de formar gobierno, después de que Netanyahu no lo consiguiera. El giro de Bennet puede evitar nuevas elecciones y mantendría a Netanyahu en el gobierno.

En la escena internacional, todo depende, como reconoció el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, en un encuentro organizado por el Real Instituto Elcano, de Estados Unidos.

Y de momento el presidente Biden ha dicho que Israel tiene derecho a defenderse y no ve desproporcionada la respuesta. El Consejo de Seguridad, a pesar de los llamamientos al alto el fuego del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, no se reúne hasta el domingo.

En 2014 la ofensiva se cobró la vida de 2.200 personas en Gaza, 1.500 de ellas fueron civiles. Y murieron 66 israelíes. Más de 100.000 casas quedaron destrozadas en la franja, y la red de agua y electricidad resultó seriamente dañada. En 2021 corremos el riesgo de ver una sangría similar.