Dentro de 28 días se celebran en Alemania «las elecciones con mayores consecuencias globales de este año», en palabras de Ian Bremmer, politólogo de referencia internacional. Es la primera vez que en la historia de la República Federal que un canciller en ejercicio no está en primera fila. La marcha de Angela Merkel (Hamburgo, 1954), tras 16 años al frente de Alemania, es lo único seguro en esta convocatoria. Son las elecciones más inciertas en décadas.

Las encuestas han oscilado en el último año de una manera sorprendente. El verano pasado la victoria de la Unión (CDU y CSU), la coalición que ha encabezado Merkel hasta ahora, lideraba con claridad con más del 35% de apoyos, y lejos quedaban los Verdes (17%) y detrás los socialdemócratas (SPD) con el 16%.

Este fin de semana los últimos sondeos apuntan a un doble empate entre los dos grandes partidos (Unión y SPD), seguidos de los Verdes, en torno al 20%, en el caso de Forschungsgruppe Wahlen, o ligera ventaja de los conservadores para Allensbach, e incluso más clara en el caso de INSA/BamS.

La sorpresa de la última semana ha sido el despegue de Olaf Scholz, aspirante a la Cancillería por el SPD y actual vicecanciller y ministro de Finanzas. En las encuestas de YouGov, Forsa e INSA el SPD se adelanta a la Unión. Hasta tres puntos en esta última: el SPD tendría 24%, la CDU/CSU, 21%, los Verdes, 17% y los liberales un 13%.

De confirmarse estas tendencias, la próxima coalición de gobierno será no ya de dos partidos (si contamos la Unión y no CDU y CSU) sino de tres. Nunca antes Alemania ha estado gobernada por un tripartito. Las coaliciones con más posibilidades a cuatro semanas del 26-S son la formada por conservadores, Verdes y liberales (llamada Jamaica por los colores de los partidos: negro conservador, verde ecopacifista y amarillo liberal).

Pero si Scholz sigue en alza la opción más factible sería la llamada semáforo, formada por socialdemócratas, verdes y liberales. Depende de los resultados de SPD y Verdes tendría más posibilidades un candidato a canciller socialdemócrata (Scholz) o Verde (Baerbock). Los liberales vuelven a ser un partido bisagra con gran relevancia. Ahora pocos ven probable la coalición kiwi, de conservadores y verdes; o las opciones con Die Linke, izquierda extrema, muy radical en política exterior.

Es interesante tener en cuenta que por primera vez el voto por correo será muy relevante: es posible que supere el 50%, de modo que el 26-S ya habrán votado muchos alemanes.

La ultraderecha (Alternativa para Alemania, AfD) no entra en ninguna quiniela. La línea roja con la ultraderecha es muy clara, especialmente a nivel federal.

El factor Merkel marca la campaña. Imbatible a los ojos de los alemanes, los candidatos de los principales partidos se definen de acuerdo a su baremo. Para Armin Laschet, el candidato de la Unión, podría ser un aval pero obra como si fuera un lastre. De momento Merkel solo ha participado en un mitin de apoyo a Merkel y ha sido muy comedida en sus declaraciones sobre el candidato de su partido.

Quien sí ha entendido el peso del legado de Merkel es Olaf Scholz, quien ha trabajado con ella codo con codo. De hecho, cuando el Süddeutsche Zeitung le invitó a posar con un gesto que le represente se inclinó por hacer con las manos el gesto del corazón, el símbolo más merkeliano que pueda imaginarse. Así se presenta como la continuidad y la experiencia.

Annalena Baerbock, la candidata de los Verdes, la primera mujer que aspira a la Cancillería por este partido, tiene buena relación con Angela Merkel y parecía cuando fue designada en primavera quien mejor encarnaba el Zeitgeist del momento, el cambio. Sin embargo, ha perdido fuelle por errores graves de su campaña.

Campaña de personalidades, no de temas

Los alemanes no eligen el 26 de septiembre al canciller de forma directa pero nadie lo diría a tenor de la campaña electoral. Ya no es Merkel esa opción de centro que tanto les ha convencido en los últimos 16 años la que compite. Anunció su retirada y ha cumplido. De hecho, ya en 2017 se presentó en gran parte debido al auge de la ultraderecha tras la crisis de los refugiados. Había que contener esa ola.

Son los diputados los que votan a un candidato a canciller en el Bundestag. Y la composición de la Cámara es fruto de un doble voto: directo y proporcional. Para que un partido tenga representación necesita sumar al menos un 5% de los votos.

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se estrenó en esta legislatura en el Parlamento federal. Son el único partido que se mantiene en torno al 12%, como hace cinco años. Es su techo pero también su suelo. «Tiene estos datos y con candidatos poco llamativos. Eso les diferencia con otros partidos similares en otros países. Por ejemplo, Vox. Son dos candidatos bastante cuestionados y no muy presentes. No han encontrado a su candidato carismático. Eso es preocupante que se mantengan aún así en el 12%», dice el alemán Mario Kölling, profesor de Ciencia Política en la UNED.

En esta ocasión pueden entrar los Freie Wähler, ultraliberales, los que aspiran a entrar si superan esa marca. Junto con la ultraderecha, puede ser la opción de gran parte de los antivacunas que en Alemania han batallado en las calles con manifestaciones concurridas convocadas por los autodenominados Querdenken (los pensadores transversales, en traducción literal). La Oficina de Protección de la Constitución, la Inteligencia alemana, los tiene bajo observación. En la escena política llama la atención que el número dos de Markus Söder en Baviera, Hubert Aiwanger, de Freie Wähler, sea antivacunas.

El Parlamento alemán estará más fragmentado que nunca antes con los llamados Volkspartei cada vez más reducidos (CDU y SPD), los Verdes, liberales (FDP), Die Linke y Alternativa para Alemania (AfD), que se mantiene alrededor del 12%.

No hay hasta ahora temas que marquen la agenda, salvo los sobrevenidos como las inundaciones de julio en la que murieron 180 personas. La actualidad electoral ha estado marcada por los errores de los aspirantes.

«Lo que ha hecho bien Scholz es no salirse de tres o cuatro temas. El resto han puesto sobre la mesa muchos temas y eso hace que el electorado se despiste. Scholz insiste en cuatro: pensiones estables, salario mínimo 12 euros, trabajo seguro, cambio climático. Y el SPD ha centrado su campaña en el candidato. Es el más presente en los carteles electorales en las calles. A Laschet apenas se le ve», explica Raúl Gil Benito, consultor político y coautor del podcast El fin de la era Merkel con Franco Delle Donne. Su último proyecto, recién salido a la luz, es un podcast centrado en Angela Merkel titulado La canciller de las crisis.

Raúl Gil Benito insiste en que las buenas perspectivas de Scholz a día de hoy no pueden interpretarse como una recuperación de la socialdemocracia. De hecho, Scholz es el candidato preferido por los alemanes si hubiera una elección directa, mientras que su partido no cuenta con tan amplia simpatía. Tan solo un 6% confía en el SPD para resolver los problemas de Alemania. «A Scholz solo le sobra el ‘vice’ para ser canciller. Es su mejor carta de presentación», añade. Y en Alemania la experiencia y la seguridad son valores sólidos.

Lo cierto es que Scholz tampoco está haciendo grandes piruetas sino que se está nutriendo de los errores de sus contrincantes. Armin Laschet, el aspirante conservador, con experiencia de gobierno en el Land de Renania del Norte-Westfalia, ha ido de error en error este verano.

En plena crisis de las inundaciones apareció en unas imágenes riéndose mientras el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, hacía unas declaraciones. Sobre Afganistán ha querido marcar distancias con lo que hizo Merkel en 2015 (aquel célebre ‘wir schaffen das‘) cuando la población está conmovida por lo visto en el país asiático. Y así un suma y sigue.

«Ha sido una campaña de bajo nivel. La CDU estaba esperando a los fallos de los otros candidatos. No ha sido agresiva. Ha creído que valía con la bonhomía de Laschet, pero no es así. No ha convencido», afirma Kölling.

A Annalena Baerbock le reprochan su falta de experiencia de gobierno, ya que solo ha sido diputada federal. Despertó una gran expectación al saltar al ruedo como candidata, en lugar de su compañero de partido, Robert Habeck, más experimentado como ministro regional, pero unas acusaciones de plagio y un error a la hora de presentar sus declaraciones fiscales terminaron con su estrella.

Tanto Laschet como Baerbock se enfrentan con dudas dentro de sus propios partidos. Laschet compitió con Markus Söder, jefe del gobierno de Baviera, por ser aspirante a la Cancillería. Y Söder está esperando su caída. Sus posibilidades electorales habrían sido mayores, según los sondeos. Ocurre algo similar a Baerbock con Habeck, si bien el dirigente verde se mantiene discreto y no se inmiscuye como lo hace Söder.

Tres debates, tres candidatos

«La CDU aún puede recuperar fuelle. Ahora empiezan los debates en la televisión. Veremos qué sorpresas nos esperan», apunta Kölling. En estas cuatro semanas hay posibilidad de que haya sorpresas con impacto electoral. Hasta el momento la gestión del coronavirus, con un arranque en el que Alemania era ejemplar y posteriormente vaivenes, obra en favor de los partidos en el gobierno, Unión y SPD.

En 2002 la gestión de las inundaciones en el Este junto a la apuesta por un desmarque de la política exterior de EEUU influyeron en la ajustadísima victoria del socialdemócrata Gerhard Schröder sobre el socialcristiano Edmundo Stoiber. Por apenas 6.000 votos.

El primero de los tres debates en televisión se celebra este domingo. Los otros tendrán lugar el 12 y el 19 de septiembre. El primero será probablemente el más relevante, si bien de lo que tratarán los candidatos es de no cometer grandes errores.

«Cada uno debería tener un objetivo. Laschet ha de dejar a un lado la ansiedad y volver a su esencia. Su ansia de dar imagen de canciller no le va bien. Baerbock ha de ir a morder. Debería decirles a sus rivales que están gobernando y tienen poco de lo que presumir. Y aludir a escándalos como el de la quiebra de Wirecard en el caso de Scholz. Sin parecer muy doberman. Scholz tratará de que todo se acabe cuanto antes. Este debate y los otros dos», señala Raúl Gil.

El candidato socialdemócrata cuenta los días minuto a minuto para esa Elefantenrunde cuando se ven las caras los principales candidatos una vez conocidos los resultados. Sea como sea, las negociaciones para formar gobierno serán prolongadas y arduas. Merkel aún podría ser canciller al empezar 2022.