Vence pero convence a muchos menos alemanes que hace cuatro años. La canciller alemana, Angela Merkel, ha logrado que su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su aliada en Baviera, la Unión Social Cristiana (CSU), ganen por cuarta vez consecutiva las elecciones legislativas en Alemania con un 33,1% de los votos, el segundo peor resultado de su historia, según las encuestas a pie de urna. Merkel sufre el desgaste del poder y se queda lejos del 41,5% que logró hace cuatro años.

En su primera intervención tras conocerse estos primeros datos, Merkel reconoció que los 12 años en el poder han calado en los electores y citó excepcionalmente a la ultraderechista Alternativa para Alemania, que entra por primera vez en el Bundestag. “Queremos recuperar a los votantes de AfD”, aseguró la canciller.

A la derecha de la Unión (CDU y CSU), al contrario de lo que mantenía el líder bávaro, Franz-Josef Strauss, hay vida política en la República Federal. Dijo Merkel que va a formar gobierno y que hablaría “con todas las fuerzas” con las que puede coaligarse.

Los socialdemócratas (SPD), liderados por el ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se hunden hasta un 20,4%, el peor resultado de su historia. Socios de Merkel en la gran coalición, como en su primer mandato, el partido más antiguo de Alemania, fundado en 1875, paga cara su alianza con la canciller, dueña del centro político.

Schulz dijo que seguirá al frente del SPD y reconoció su derrota: “No hemos conseguido llegar a nuestros electores tradicionales”. Lamentó el éxito de la ultraderecha, que relacionó con la crisis de los refugiados. “Lo que más nos duele es la fortaleza de la AfD”, reconoció el líder del SPD. Añadió también que no seguirían en el gobierno: “Esta tarde termina la colaboración del SPD con la CDU”.

Queremos recuperar a los votantes de Alternativa para Alemania”, dice la canciller Angela Merkel

La debacle hace imposible, al menos de momento, la reedición de la gran coalición, lo que anticipa unas negociaciones prolongadas y complejas para formar gobierno con liberales y verdes. Los socialdemócratas pasarían entonces a ser líderes de la oposición. Incluso podrían repetirse las elecciones, un factor de inestabilidad inédito en Alemania.

Por primera vez en más de 70 años, desde el fin del nacionalsocialismo, la ultraderecha entra en el Bundestag como tercera fuerza política con el 13,2% de los votos. Precisamente el centrismo de Merkel ha dejado espacio a la derecha de la CDU y CSU, que ha aprovechado la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) con un discurso marcado por la cuestión de la seguridad y el bienestar nacional, la crisis de los refugiados y la islamofobia. El líder de Alternativa, Alexander Gauland, ex dirigente de la CDU, dijo: “Vamos a la caza de Merkel”.

El SPD confió en el europeísta Martin Schulz para poner freno a la imparable Angela Merkel. A principios de año fue elegido abrumadoramente, y en su arranque parecía que podía librar bien el pulso. Sin embargo, su optimismo vital ha chocado con una Merkel que acapara espacio en el centro y deja a sus socios de gobierno, y luego rivales en la contienda electoral, sin argumentos con los que presentarse como alternativa. Tras la debacle, la gran coalición queda prácticamente descartada.

El 75%de los 61,5 millones de alemanes convocados a votar acudió a las urnas, un porcentaje superior al 71,5% de las elecciones de 2013. El nuevo Parlamento alemán, que debido al sistema de votación doble (299 diputados se eligen por mandato directo y al menos otros 299 más por un sistema proporcional por partidos) puede llegar ahora a tener cerca de 700 escaños, será el más fragmentado de la Historia con seis grupos políticos.

A los grandes partidos (CDU/CSU y SPD) se suman otras cuatro formaciones en el Parlamento federal: los liberales, con un 10,4%, ue se quedaron fuera hace cuatro años, los Verdes (9,3%) la Izquierda (9%) y la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, con 13,2%). AfD casi lo logró hace cuatro años, poco después de su fundación, con un 4,7%. En Alemania los partidos han de superar un mínimo del 5% para obtener representación parlamentaria.

Bajo la batuta de la ganadora CDU/CSU de Merkel, hábil forjadora de consensos, habrá que pactar una coalición de gobierno. Descartada en principio la gran coalición, tendrá que explorar la llamada coalición jamaica por los colores de los partidos (amarillo de los liberales, verde de los ecopacifistas y negro de los conservadores), también de forma compleja.

La vuelta al Bundestag de los liberales se debe al éxito del carismático Christian Lindner, una estrella ascendente de la política alemana. Lindner ha orientado a los liberales hacia un populismo conservador, especialmente en temas migratorios. Es muy receloso sobre los avances en la unión fiscal y su tono ha sido duro con las ayudas a Grecia. Todos los partidos han rechazado pactar con la ultraderecha de antemano, y con la extrema izquierda (Die Linke) apenas hay posibilidades.

Antes se consideraba que Alemania era inmune a la ultraderecha pero ya no lo es… puede que la CDU/CSU se incline a la derecha”, dice Delle Donne

“Antes se consideraba que Alemania era inmune a la ultraderecha pero ya no lo es. Habrá más controversia en el Parlamento. Puede que inclinen a la CDU/CSU a la derecha, aunque en el Este del país disputan a la extrema izquierda (Die Linke) sus votantes. No son un fenómeno exclusivo del Este. Son votantes celosos de su identidad cultural, que acusan a Merkel de haberse socialdemocratizado”, explica Franco delle Donne, coautor con Andreu Jerez, del libro Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania.

Según Delle Donne, “AfD ha funcionado porque ha vehiculizado el descontento a través de enfoques mediáticos bien articulados, primero en contra del euro, luego con la islamofobia, los refugiados, la inmigración y la seguridad”. Alternativa nació en 2014 de mano del profesor Bernd Lucke como un partido anti euro y anti UE, que criticaba la política alemana en Europa y arremetía contra los países del Sur, y ha evolucionado a tesis xenófobas y neonazis.

Los analistas consideran que Alternativa ha logrado imponer su agenda en la campaña electoral, algo que fue evidente en el debate entre los dos principales candidatos, Angela Merkel y Martin Schulz, centrado en seguridad, inmigración, islamofobia y crisis de los refugiados. “Su influencia es mucho mayor del porcentaje de votos que ha logrado porque han orientado los temas y seguirán intentando esa dinámica en el Parlamento. Acaparan la atención mediática”, afirma Jana Puglierin, jefa de programas del German Council of Foreign Relations de Berlín.

El nuevo Parlamento alemán va a ser muy diferente al saliente debido a esta fragmentación, lo que demorará aún más los debates, y por la presencia de la ultraderecha. “La política alemana se va a transformar. Siempre estaba muy orientada al consenso, pero con Alternativa será más bronca y polarizada. Aunque el resto de diputados no quiera trabajar con ellos, van a estar ahí y van a tener influencia. Ya la tienen, no hay más que ver cómo los liberales hablan de que los refugiados deben volver a sus países”, señala Jeremy Cliffe, corresponsal en Berlín del semanario The Economist.

Con Alternativa en el Parlamento la política alemana, muy orientada al consenso, será más bronca y polarizada”, dice Cliffe

Merkel llegó al poder en 2005, tras vencer al socialdemócrata Gerhard Schröder, y ha gobernado dos veces con el SPD (2005-2009 y 2013-2017) y una con los liberales (2009-2013).  Es la gran superviviente de la política europea y si concluye su cuarto mandato, superaría a Konrad Adenauer en dos años y al final de la legislatura a Helmut Kohl.

Del rojo y negro a la ‘coalición jamaica’

Habrá que dilucidar ahora quiénes serán sus socios de coalición en esta cuarta legislatura. La aritmética apunta a que sería posible repetir la llamada gran coalición con el SPD, aunque los malos resultados cosechados hacen prácticamente imposible que sus líderes puedan defender esta opción ante los militantes, que han de dar su visto bueno al pacto de gobierno.

“Una nueva gran coalición dañaría la política alemana. Debería ser una anomalía y en los últimos 12 años han gobernado así ocho años. A ojos de los ciudadanos parece que no hay proyecto alternativo, lo que favorece el crecimiento de los partidos protesta, de la antipolítica de Alternativa para Alemania”, explica Franco delle Donne, consultor político. El politólogo Ignacio Sotelo apuntaba que sería “como ir al matadero” para el SPD, sobre todo tras el hundimiento sufrido en las urnas este domingo.

La otra opción para gobernar Alemania, donde no gustan ni los gobiernos en minoría y son excepcionales las mayorías absolutas, sería, de acuerdo con los primeros datos, lo que se denomina una coalición jamaica, un experimento que nunca antes se ha probado a nivel federal.

Los socios favoritos de muchos conservadores son siempre los liberales, que liderados por Christian Lindner han vuelto a la vida política. Lindner ha articulado una campaña personalista y ha conseguido el principal objetivo, volver al Bundestag. Sin embargo, no cuentan con diputados suficientes para ser los únicos aliados de Merkel. Para pactar reclamaban incluso en campaña el poderoso Ministerio de Finanzas, a cargo de Wolfgang Schäuble en el gobierno saliente. Con los Verdes tienen diferencias programáticas, sobre Europa o sobre inmigración, por ejemplo, que hacen difícil un pacto de gobierno.

Sea como sea, las negociaciones, que ya se prolongaron 89 días en 2013, pueden durar hasta cerca de las Navidades. Incluso suena la posibilidad de que se tengan que repetir las elecciones. De nuevo Merkel será quien haya de tejer la red de un consenso duradero que dé estabilidad a los alemanes.