Alternativa para Alemania (AfD) apenas tiene cuatro años de vida y ha renovado su liderazgo hasta en tres ocasiones. Fundada por el profesor Bernd Lucke, ahora eurodiputado, como un partido anti europeísta y anti euro, ha evolucionado hasta un patriotismo primero pragmático, con la carismática Frauke Petry y ahora fundamentalmente islamófobo con guiños al nazismo.

Encabezan la candidatura de Alternativa, el ex político de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) Alexander Gauland, de 76 años, y la directiva Alice Weidel, de 38 años. “Nos concierne a nosotros. Hay que devolver Alemania a los alemanes” y “El Islam no forma parte de nuestra cultura” son los principales lemas de su campaña.

“No es un partido como el Frente Nacional de Marine Le Pen o la formación de Geert Wilders, articulados en torno a un liderazgo personal. Lo prueba el hecho de que en estas elecciones concurren Gauland y Weidel, menos carismáticos que Frauke Petry, que se ha quedado en la retaguardia”, afirma Franco delle Donne, coautor con Andreu Jiménez de Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania.

En el congreso de abril de 2017 fue cuando el partido eligió a Gauland y Weidel, que forman un tándem tan singular como ultrapatriótico. Alexander Gauland (Chemnitz, 1941) fue miembro de la CDU durante 40 años. Su ciudad de nacimiento pasó a llamarse Karl-Marx-Stadt, cuando formó parte de la República Democrática Alemana en 1949. Gauland huyó al oeste tras el examen previo a la universidad.

Jurista de formación, estuvo a cargo del gabinete del jefe de gobierno del Land de Hesse Walter Wallmann entre 1987 y 1991. De esa época data el denominado Asunto Gauman, inmortalizado en La guerra de Fink, del escritor Martin Walser. Narra la historia de un funcionario que pelea por mantener su puesto como asesor de iglesias, cuando un político quiere colocar allí a un amigo del gobierno. Gauman era el contrapunto de Fink en la obra de Walser.

Experto en asilo, tuvo que encargarse de organizar la llegada de 250 refugiados de Vietnam a Francfort en los 70. Hoy recrimina a la canciller Angela Merkel, a la que califica de “dictadora”, que haya cedido ante la “avalancha humana” de los cientos de miles de refugiados acogidos en Alemania.

Si los franceses están orgullosos de su emperador (Napoléon)… nosotros tenemos derecho a estar orgullos de nuestros soldados», dice Gauland

Crítico con Merkel desde poco después de su llegada al poder, primero se unió al denominado Berliner Kreis (círculo de Berlín) y en 2013 formó parte del equipo fundador de Alternativa junto al profesor Lucke. Entonces criticaban a Merkel por haber cedido ante los países del sur y haber ayudado a sus maltrechas economías.

Hoy son los inmigrantes los que ponen en peligro la identidad alemana. Acusa a Merkel de reemplazar a los alemanes “por una población que vendrá de todas partes del planeta”. Su propia hija, pastora evangélica, ha renegado de sus tesis anti inmigración.

En este ensalzamiento de la identidad alemana Gauland ha cruzado todas las líneas rojas. En plena campaña ha reivindicado a los soldados alemanes, que sirvieron en las dos Guerras Mundiales. “Si los franceses están orgullosos de su emperador (Napoleón) y los ingleses de Nelson y Churchill, nosotros tenemos derecho a estar orgullosos de nuestros soldados”, ha afirmado en un vídeo que reproduce el canal de YouTube de AfD. Es decir, reivindica a los soldados al servicio de Adolf Hitler.

Sobre Hitler, Gauland reprocha que se confronte a los alemanes con los 12 años en los que estuvo en el poder porque, según su opinión, “no afectan a lo que es nuestra identidad hoy en día”. El ministro de Justicia, Heiko Maas, ha respondido que “quien se expresa así es ultraderechista” y que los alemanes “no deben olvidar los crímenes cometidos en el pasado”.

Gauland también sugirió que Aydan Ozoguz, comisionada del gobierno en asuntos de inmigración, refugiados e integración, de padres turcos y nacida en Alemania, debería “ser envíada a Anatolia”. Posteriormente dijo que no lo repetiría pero no pidió perdón. También dijo, en una estrategia electoral que obedece a romper con lo políticamente correcto, que no desearía tener al futbolista Jerome Boateng, de padre ghanés y madre alemana, como vecino.

Hoy somos tolerantes y mañana seremos extranjeros en nuestro propio país», clama Gauland en los mítines

En los mítines le gusta repetir: “Hoy somos tolerantes y mañana seremos extranjeros en nuestro propio país”. Representa una Alemania prusiana, que a juicio del consultor político Franco delle Donne, no existe más. «Ees difícil encontrar alguien como él, que no tiene móvil ni usa el ordenador», señala Delle Donne.

Junto a Gauland, encabeza el cartel electoral ultraderechista la empresaria Alice Weidel (Gütersloh, 1979), lesbiana con dos hijos en un partido que reivindica la familia tradicional. Doctora en económicas, ha trabajado para el Bank of China y para Goldman Sachs. Con su ascenso en el partido se da relevancia a una corriente de homosexuales que apoyan tesis ultraconservadoras. Ponen como ejemplo el Frente Nacional francés, que se ha transformado en una fuerza más transversal gracias a la estrategia de Florian Philippot, también homosexual, hasta esta semana mano derecha de Marine Le Pen.

Weidel suele obviar su condición homosexual salvo cuando le sirve para reafirmar el mensaje islamófobo. En sus mítines suele recordar que quienes llegan a Alemania, la mayoría musulmanes, como solicitantes de asilo, “son intolerantes con las parejas del mismo sexo”. Sus correligionarios dicen estar contra el matrimonio homosexual, no contra las uniones civiles.

Pese a que defiende que hay que mandar a la basura la corrección política, ha intentado distanciarse de las posiciones más ultraderechistas. Defendió la expulsión de Björn Höcke, presidente de AfD en Turingia, que calificó de “una vergüenza” el monumento al Holocausto.

En un debate en televisión con los partidos minoritarios le reclamaron que condenara las declaraciones filonazis de algunos de sus correligionarios, pero en lugar de hacerlo dejó el plató y se convirtió en la protagonista y a la vez víctima del encuentro. De una y otra forma Gauland y Weidel interpretan sus papeles como adalides de los olvidados y descontentos con la socialdemocratizada Angela Merkel.