Un estremecimiento recorre el cuerpo cuando uno se aproxima al National September 11 Memorial & Museum, el espacio para la memoria levantado allá donde los ataques suicidas dejaron un cráter, un inmenso abismo. En los sótanos del World Trade Center, las entrañas de un gigante que se evaporó en minutos, abrió en la primavera de 2014 un museo que reivindica el recuerdo de las víctimas del horror.

Bienvenido al 9/11 Memorial Museum. Soy Robert De Niro y seré su guía en este itinerario

«Bienvenido al 9/11 Memorial Museum. Soy Robert De Niro y seré su guía en este itinerario», dice la voz del actor, el particular cicerone del museo. «Está a punto de iniciar un viaje a través de la Historia y la memoria en el espacio en el que una vez las dos torres se elevaron desde siete niveles bajo tierra hasta cerca de 400 metros en el cielo», explica De Niro. El periplo por el lugar se inicia con una instantánea de Manhattan tomada aquel 11-S de 2001, unos minutos antes de las embestidas que cambiaron el mundo.

«La ciudad de Nueva York amaneció brillante y soleada aquel 11-S. Aún recuerdo el cielo y su azul. Habían abierto los colegios electorales para las primarias a alcalde y era el primer día de clases en muchas escuelas. El WTC, donde trabajaban alrededor de 50.000 personas, acababa de recobrar la vida», narra el actor.

El 9/11 Memorial Museum está ubicado en la plaza Memorial, donde se encuentran escritos los nombres de todos aquellos que perdieron la vida en los ataques del 11-S y el atentado previo de 1993. En los de 2001 2.977 personas murieron y más de 6.000 resultaron heridos

«La reconstrucción de la zona fue un proceso que tomó mucho esfuerzo», evoca en conversación con El Independiente William Rodríguez, uno de los supervivientes. «Se ha convertido la Zona Cero en un memorial respetuoso. Fue, sin embargo, un proceso bastante largo para las víctimas y los supervivientes. Resultó muy doloroso estar en este lugar y muchos optaron por marcharse de Nueva York», admite el que fuera conserje de la Torre Norte del WTC.

Las fotografías y vídeos que ilustran este reportaje han sido cedidos por el 9/11 Memorial Museum. El memorial y el museo están ubicados en el 180 Greenwich Street de Bajo Manhattan. Tras el cierre obligado por la propagación del coronavirus, en la actualidad abre sus puertas cinco días a la semana.

Tras los atentados, una de las luchas fue preservar los restos que habían sobrevivido a los impactos. Durante meses, miles de trabajadores -la mayoría indocumentados- ayudaron en las tareas de limpieza de la zona y aledaños. En febrero de 2004 el lugar que una vez albergó el WTC fue incluido en el registro nacional de edificios históricos por «su significación excepcional en la historia de EE.UU. como la ubicación de unos acontecimientos que inmediata y profundamente influyeron en las vidas de millones de ciudadanos estadounidenses».

«El World Trade Center era una ciudad dentro de una ciudad. Eran 110 pisos en cada torre y era un complejo de siete torres. Mucha gente no sabe eso. Al destruirse las dos torres, cayeron encima de las pequeñas torres que había», rememora Rodríguez.

Los peregrinos al kilómetro cero descienden entonces hacia las profundidades en busca de los restos del edificio. El Memorial Hall, al que se accede por las escaleras usadas por cientos supervivientes para escapar, guarda los últimos restos, los que quedaron sepultados bajo una capa de polvo.

«Desde aquí recordamos que, de algún modo, todos somos supervivientes al vivir en un mundo moldeado por los acontecimientos de aquel día inolvidable», dice De Niro.

Las instantáneas de quienes perdieron la vida en el WTC se despliegan, casi interminables, en el Memorial Exhibition junto a sus objetos personales y sus biografías contadas por quienes les conocieron.

En los ataques fallecieron desde un bebé de dos años hasta un anciano de 85 años, con ciudadanos de 92 nacionalidades. Fue un golpe al pequeño Babel del WTC

Motor de uno de los ascensores del WTC

Entre lo que resurgió de las cenizas, figuran la antena de la Torre Norte; uno de los camiones de bomberos y una de las ambulancias empleados en el auxilio que resultaron engullidos por el colapso del edificio; uno de los pilares de fundación del WTC o una columna de acero que se terminó convirtiendo en «símbolo de la determinación y la dedicación de todos los que participaron en la recuperación y la limpieza del lugar».

La ultima columna en pie del WTC

El museo exhibe entre sus vitrinas un ladrillo de adobe del complejo en el que residía Osama Bin Laden en Abbottabad (Pakistán) cuando fue liquidado por un escuadrón de operaciones especiales de EE.UU.

«La historia del 11-S muestra las consecuencias del terrorismo en las vidas individuales y su impacto en las comunidades en los niveles local, nacional e internacional pero también reconoce la resistencia de quienes sobrevivieron y el coraje de quienes arriesgaron sus vidas para salvar otras y la compasión de quienes nos apoyaron en nuestras horas más oscuras»