Si los sondeos aciertan, la noche del domingo en Alemania será de infarto. En el último debate entre los candidatos a la Cancillería federal, en el que han tomado parte los líderes de CDU, CSU, SPD, los Verdes, Liberales, Die Linke y Alternativa para Alemania, el conservador Armin Laschet ha reconocido: «Queremos gobernar» al tiempo que añadía que si cuentan con apoyo suficiente con otros partidos lo intentarán. Aunque la Unión no sea la opción más votada. Alude, en todo caso, a un resultado ajustado, como de momento parece previsible.

El último debate emitido en las cadenas de televisión alemana ha sido un repaso a los temas que más preocupan a los alemanes: desde la seguridad a la vivienda y el cambio climático. Por primera vez los candidatos han hablado, aunque sucintamente de política exterior. Sobre todo, del papel de Alemania en el mundo, con Europa como puntal y de la relación con China. La visión crítica sobre cómo ha de ser el vínculo con Pekín parece lo único en lo que podrían coincidir liberales y verdes.

«Hemos de fortalecer a Europa», dijo Scholz en relación a la crisis de EEUU con Francia a propósito del pacto de defensa Aukus en el Pacífico. Tanto Scholz como Laschet visitaron al presidente francés, Emmanuel Macron, en esta campaña electoral.

Como los grandes partidos cada vez son más pequeños, en las encuestas rondan poco más del 20%, cuando llegaron al 40% en tiempos no tan lejanos, como el SPD de Schröder, los pequeños cobran más relevancia. Son bloques de centro derecha y de centro izquierda.

Mientras tanto, a menos de tres días de las elecciones se ha revelado una nueva encuesta de Forschungsgruppe para la ZDF en la que el SPD y la Unión están a tan solo dos puntos. Los Verdes lograrían un 16,5%, su mejor resultado histórico, los Liberales, un 11%, mientras que Alternativa para Alemania perdería cierto empuje con un 10%, y die Linke se afianzaría en un 6%.

Liberales con la Unión y Verdes con el SPD

La alianza de conservadores y liberales queda cada vez más clara. El líder de los Liberales, Christian Lindner, no oculta sus ganas de aliarse con los conservadores de la Unión, encabezados por Armin Laschet. Curiosamente en este último debate también estuvo presente el líder bávaro Markus Söder, quien no aspira a ser canciller porque respalda a Laschet.

Si entramos en un futuro gobierno, no queremos deudas verdes ni impuestos rojos»

christian lindner, líder fdp

A Lindner, cuarentañero como la ecologista Annalena Baerbock, recordó a los televidentes cómo el bloque de la izquierda aboga por aumentar la carga impositiva, un mensaje que cala mucho en el electorado alemán. El conservador Laschet también vio filón ahí. «Si entramos en un futuro gobierno no queremos deudas verdes ni impuestos rojos», ha sentenciado Lindner, quien aspira a ser ministro de Finanzas en el próximo gobierno alemán.

Lindner ya dirigió las negociaciones para formar gobierno en 2017 por parte de los Liberales. Merkel intentó una coalición Jamaica, con Verdes y Liberales. Pero Lindner se desmarcó tras meses de conversaciones con su célebre frase: «Es mejor no gobernar que gobernar mal». Está por ver si ahora puede su ambición inmediata, su deseo de ser ministro de Finanzas, o bien de nuevo exigirá tanto que hará difícil una alianza.

A las bases socialdemócratas Lindner no les parece de fiar. Lo dejó claro el vicelíder de los Jusos (juventudes), Kevin Kühnert, que le llamó tarambana y le criticó por su apoyo sin fisuras a la Unión. Kühnert, ex líder de los Jusos, está más a la izquierda de Scholz y se inclina más por una coalición con Die Linke que con los liberales.

Este jueves el semanario The Economist ha dedicado su portada a las elecciones en Alemania y se ha decantado por un gobierno encabezado por el actual vicecanciller, Olaf Scholz, más por desgaste de los conservadores que por entusiasmo por los socialdemócratas. «Preferimos una coalición semáforo (encabezada por el SPD con Verdes y Liberales). Esto es porque francamente la CDU y CSU no da más de sí. Dieciséis años en el poder son suficientes».

Otra publicación anglosajona que ha prestado mucha atención a Alemania, The New Statesman, se decanta por una coalición rojiverde. Socialdemócratas y Verdes estuvieron en el poder en Alemania entre 1998 y 2005 con Gerhard Schröder como canciller y Joschka Fischer como jefe de la diplomacia.

Sobre el papel Verdes y Liberales parecen incompatibles. Al menos así lo han dejado ver en el cuarto debate, en el que por primera vez han tenido un puesto tanto los liberales como Die Linke (Janine Wissler), la ultraderechista Alternativa para Alemana (Alice Weidel) y el socialcristiano Markus Söder, que apoya a Laschet en su carrera hacia la Cancillería. O al menos es lo pactado.

Todos contra AfD

En el arranque el debate se ha concentrado en los Querdenken (transversales), un movimiento que se ha trasladado en Die Basis, formación política y que aúna a negacionistas, conspiranoicos y cercanos a la ultraderecha. La muerte del empleado de una gasolinera por instar a un negacionista a ponerse la mascarilla ha hecho temblar a los alemanes que temen una oleada de violencia ligada a los que se rebelan contra las restricciones o imposiciones como la mascarilla.

La líder de AfD, Alice Weidel, ha pedido que no se estigmatice a los que critican las restricciones, como si la cuestión fuera de libertad de expresión, y no de violencia que genera en la muerte de una persona por no obedecer una ley encaminada a proteger a la población de la expansión del virus.

Alternativa para Alemania es el único partido con el que ningún otro del Bundestag pactaría. En el debate todos se desmarcaron de la ultraderecha, que contaba en la pasada legislatura con 93 diputados y en el último sondeo ronda el 10% de apoyos.

Laschet pretende equiparar a AfD con Die Linke, un partido que proviene de la conjunción del antiguo Partido Comunista del este, SED, con los críticos del SPD, que se marcharon con Oskar Lafontaine. En marzo de 1999 Lafontaine dio una patada en la puerta y dejó el gobierno. Más tarde, renovaría esa izquierda ligada a la RDA.

Con un elevado número de indecisos, uno de cada cuatro de los 60 millones de alemanes convocados a votar el domingo, el último debate se quedó en puro fuego de artificio. Queda claro que la vivienda es un problema que unos quieren solucionar con la mano libre del mercado y otros con una intervención estatal. Pero los candidatos se han inclinado más por describir los problemas que por comprometerse a buscar soluciones. Al menos en el debate.

Si de verdad aprenden de los 16 años de canciller de Merkel al menos deberían reflexionar sobre la capacidad del político a la hora de encontrar soluciones a los problemas de su comunidad.

De esta manera, las espadas quedaron en alto. Laschet descarta solo a los extremos, Alternativa para Alemania y Die Linke, a quienes equipara. Scholz ha pedido un apoyo consistente para ser canciller y encabezar unas negociaciones que conduzcan a un gobierno estable. 

Baerbock ha dicho a los votantes que apuesten por un gobierno que ponga la lucha contra el cambio climático en el centro. Es decir, con unos Verdes con fuerte respaldo en las urnas. Este viernes se celebra en Berlín una manifestación de Fridays for Future, encabezada por la activista Greta Thunberg, un acto que supone un respaldo a las tesis de los Verdes alemanes. La campaña apurará hasta el último minuto. El sábado habrá mítines. Entre ellos, el último de Merkel con Laschet en Aquisgrán para impulsar a la Unión en el sprint final.