“No queremos decepcionar a nuestros votantes. Es mejor no gobernar que gobernar erróneamente”. Christian Lindner, líder de los liberales (FDP), ha sido quien al filo de la medianoche berlinesa ha anunciado que se levantaba de la mesa de las conversaciones exploratorias encaminadas a la formación de un gobierno en Alemania, encabezado por la canciller Angela Merkel.

Este fracaso de la coalición llamada Jamaica (por los colores de los partidos implicados, negro de CDU y CSU, amarillo de liberales (FDP) y verde de los ecopacifistas) deja a Merkel contra las cuerdas. Alemania, que queda prácticamente abocada a nuevas elecciones, se desliza hacia una inestabilidad insólita hasta ahora.

Después de cuatro semanas de conversaciones exploratorias, primero los partidos se plantearon un ultimátum el jueves y luego se dieron más tiempo este fin de semana. Lindner ya advirtió de que si no había acuerdo a la seis de la tarde veía difícil que hubiera posibilidades de éxito. A medianoche dijo a los periodistas concentrados ante la sede de Baden-Württemberg en Berlín: “Nos votaron para que haya cambios en educación, política fiscal, política de inmigración y política económica” y en estas conversaciones no hemos logrado “avances ni confianza” para “formar un gobierno estable”.

No podemos suscribir un papel que va contra los principios que hemos defendido durante años”, ha señalado Christian Lindner

“No podemos suscribir un papel que va contra los principios que hemos defendido durante años. No vamos a dejar a nuestros votantes de lado ni a defender aquello en lo que no creemos”, ha añadido Lindner, de 38 años, que ha logrado que el FDP regrese al Parlamento con 78 escaños, tras una legislatura sin representación.

Salvo milagro, que pasaría por la vuelta de los liberales a la mesa de negociaciones, o bien por un pacto con el SPD, pese a lo que repite su líder, Martin Schulz, Angela Merkel ha quedado seriamente debilitada. Cuatro semanas no han logrado avances en estas conversaciones exploratorias, que han tenido un final agónico este final, tras dos prórrogas. Hoy Merkel expondrá la situación al presidente, Frank-Walter Steinmeier, que había pedido a los partidos un último esfuerzo y evitar nuevas elecciones.

Angela Merkel ha perdido la batalla de Jamaica con los cuatro partidos (CDU Y CSU, Liberales y Verdes). Con menos poder que hace cuatro años, por haber perdido votos por la derecha, su posición se tambalea al no haber logrado un compromiso con sus hermanos socialcristianos, que han sido un escollo considerable, con los liberales y ecopacifistas.

Merkel lamentó que no haya una coalición que “dé estabilidad al país” pero reafirmó “el compromiso de su partido”

En una declaración de 15 minutos, Merkel agradeció en la madrugada a los socialcristianos de la CSU y a los Verdes los esfuerzos y lamentó que los liberales no hubieran apostado por un acuerdo “que habría dado estabilidad al país”. La canciller señaló que le habría gustado empezar diciendo que era “un día histórico” porque estaba convencida de que había base para el pacto.

Añadió que la CDU y CSU, como vencedores de las elecciones, asumirían la responsabilidad que les corresponde, en alusión velada a la falta de responsabilidad de liberales, que ahora rompen la baraja, y socialdemócratas que hasta ahora no quieren intentar una Gran Coalición.

Los Verdes culparon directamente a los liberales del fracaso y les acusaron de irresponsabilidad. Incluso agradecieron los esfuerzos de la CSU, con quien más se han enfrentado por la cuestión de los refugiados.

“Un fracaso significaría el final de Merkel”, había sentenciado Frank Deker, politólogo en la cadena alemana Phoenix. “Están en juego la coalición y el futuro de la canciller”, anticipaba el diario Bild, en previsión del fracaso. Según un sondeo de Die Welt, el 61,4% de los alemanes no cree que pueda seguir en el puesto si no consigue que siga adelante la coalición.

El fracaso de Jamaica plantea diversos escenarios, aunque el que más suena estos días en Berlín es la posibilidad de nuevas elecciones. Casi un 70% de los alemanes es favorable a volver a las urnas, pese al coste de 90 millones de euros que supondría, tras el fracaso del experimento del cuatripartito, según un sondeo de la cadena de televisión alemana ZDF.

Sería la primera vez en Alemania que se repiten las elecciones federales. “Esta semana hemos empezado a considerar esta opción en la redacción”, confesaba Petra Pizler, corresponsal político de Die Zeit.

Tendría que ser el presidente Frank-Walter Steinmeier quien convocara de nuevo a las urnas tras tres votos fallidos en el Parlamento, ya que como Merkel no ha sido investida aún no puede someterse a una moción de confianza. Habría que esperar 60 días hasta las nuevas elecciones.

También podría Merkel intentar un gobierno de minoría con CSU y ecopacifistas, con apoyos puntuales de otras formaciones. Jamás ha habido un gobierno en minoría en la República Federal y muchos aducen que se aleja mucho del estilo de gobernar de Merkel.

En los últimos días la posibilidad de que fracasaran las conversaciones exploratorias para formar una coalición Jamaica cada vez era mayor. ”El sistema político se quedaría paralizado, en suspenso. El SPD puede hacerse el interesante e imponer sus condiciones para evitar nuevas elecciones”, señala Leon Stebe, ex corresponsal en Bruselas de Inforadio. También se apelará a la responsabilidad europea de los socialdemócratas. En casi todas las opciones Merkel podría quedar fuera de juego, sobre todo, si hubiera nuevas elecciones. No se descarta que su partido desafíe su liderazgo.

El SPD puede hacerse el interesante e imponer sus condiciones para evitar nuevas elecciones”, afirma Stebe

Las diferencias sustanciales de última hora entre los cuatro partidos que han participado en las conversaciones exploratorias versaban sobre inmigración y cambio climático. La Unión Social Cristiana (CSU), liderada por Horst Seehofer, logró imponer la cuota de 200.o00 refugiados al año a la propia canciller Merkel. La canciller aceptó en 2015 la entrada de 1,2 millones de personas en busca de asilo y refugio, lo que provocó la ira de muchos alemanes que en estas elecciones se han inclinado por los ultranacionalistas y xenófobos de Alternativa por Alemania.

Su aliada de la CSU, que reina en Baviera desde el final de la Segunda Guerra Mundial, no quiere perder votos a favor de la ultraderecha debido a ese centrismo de Merkel. Para la CSU la cuestión de los refugiados es fundamental en estas conversaciones. Baviera se enfrenta a elecciones regionales el otoño próximo y actúa en consecuencia.

Pero también para los Verdes insisten en permitir la reagrupación familiar de quienes ya están en Alemania, lo aumentaría las cifras. La CSU se opone radicalmente: “La cuestión es si queremos favorecer aún más la expansión de la ultraderecha en el país”, ha declarado Alexander Dobrindt, presente en las conversaciones por la CSU.

Liberales y CSU apuestan por acelerar las deportaciones y los Verdes lo rechazan.  También se oponen a que se consideren países como Argelia, Marruecos y Túnez “seguros en origen” y así excluir a sus nacionales a la hora de solicitar asilo.

A su vez los Verdes piden cerrar la veintena de centrales eléctricas de lignito por ser muy contaminante en 2020. Aún producen así un 40% de la electricidad que necesita el país. Los liberales no quieren que se pierda competitividad ni empleo por renunciar a los combustibles fósiles. Insiste el FDP en unas rebajas fiscales de 20.000 millones de euros, mientras que los Verdes querían mantener el impuesto de solidaridad. Los ecopacifistas han hecho algunas renuncias sobre ecología pero su línea roja han sido los refugiados.

Europa, pese a que el presidente Macron está a la espera de que haya gobierno en Alemania para impulsar su plan de reformas, no ha desempeñado un papel relevante en las conversaciones. “Todos quieren una Europa más fuerte, ven necesarias reformas pero sobre cómo llevarlas a cabo no concretan o ponen pegas cuando se trata de más dinero, como los liberales”, señala Stebe, ex corresponsal en Bruselas de Inforadio.

Verdes y CSU siempre han sido opuestos ideológicamente en todos los sentidos. También chocan Verdes y liberales en muchas cuestiones. La CDU de Merkel se entiende mejor con los Verdes en aspectos que con la CSU, que ha negociado como otro partido más y con fuerza.

El problema es la desconfianza que ha reinado entre ellos”, señala una periodista de ‘Die Zeit’

“El problema es la desconfianza que ha reinado entre ellos”, señala Petra Pizler, periodista basada en Berlín del semanario Die Zeit. Horst Seehofer no se lo ha puesto fácil a la canciller. Tampoco el liberal, Christian Lindner. Parece que Merkel con quien mejor se ha entendido es con los Verdes.

Merkel lleva como canciller en funciones desde su victoria, mucho más modesta de lo esperado, el 24 de septiembre pasado. La CDU y su aliada CSU lograron un 32,9% de los votos, que corresponden a 238 diputados. La Unión repite como fuerza política más votada pero se quedó lejos de la mayoría.

Fue un resultado decepcionante para Merkel, tras 12 años en el poder, pero aún más para sus aliados en la Gran Coalición del SPD, que con un 20% y 149 escaños, optaron por no seguir en el gabinete. Por primera vez la ultraderecha de Alternativa por Alemania entraba en el Parlamento con 94 representantes. Tanto la ultraderecha como la ultraizquierda quedan fuera de posibles coaliciones.

“Quienes forman coalición con Merkel luego pagan un gran precio en las urnas. Les pasó los liberales, y ahora al SPD. Por eso liberales y Verces tenían miedo a que fuera su sentencia de muerte”, afirma Petra Pizler, periodista del semanario Die Zeit. De ahí que los socialdemócratas insistan, y lo han vuelto a hacer el domingo, en que no quieren una nueva Gran Coalición.

Los liberales y los Verdes temían que aliarse con Merkel fuera su sentencia de muerte”, afirma Petra Pizler

La única posibilidad de coalición de gobierno en el Parlamento más fragmentado y con menor peso de los grandes partidos desde la Segunda Guerra Mundial era este matrimonio a cuatro entre CDU, CSU, Verdes y Liberales. Una doble boda contra natura pero forzada por los resultados de septiembre. Es un experimento que antes nunca se ha probado en el gobierno federal. Sólo se ha ensayado en el Sarre (2009-2012) y desde la primavera en Schleswig-Holstein. Finalmente, no ha podido ser a nivel federal.

Muy preocupado por la evolución de las conversaciones el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, que este fin de semana ha pedido a los conservadores de CDU y CSU, liberales y Verdes que “asuman su responsabilidad y no la devuelvan a los electores”. En una entrevista en el dominical Welt am Sonntag, dijo: “No puedo ni quiero imaginarme que los partidos deseen asumir el riesgo de nuevas elecciones”. Steinmeier favorecería en caso de que en alguna fase fracase el proceso que hubiera un gobierno en minoría.

La convocatoria de nuevas elecciones suele despertar recelos, y además implicaría que habría que esperar 60 días lo que dejaría al país en funciones otros dos meses. Hay quienes temen que se repitan los resultados de septiembre, o bien crezca la ultraderecha de Alternativa por Alemania aún más. Es uno de los factores que había frenado hasta ahora al cuatripartito jamaicano a la hora de romper la baraja.

Sin embargo, un líder como Lindner, con mucho futuro por delante, no ha querido quemarse en un gobierno que le parece contra natura. Es el momento más difícil de la vida política de Merkel. Veremos cómo lo supera.