Angela Merkel seguirá como canciller de Alemania, pero los grandes partidos son los claros perdedores de estas elecciones: el SPD cosecha el peor resultado de su historia y la CDU/CSU el peor de la suya desde 1949. La populista de ultraderecha Alternativa para Alemania entra en el parlamento y lo hace con fuerza, como la tercera formación más votada. Vuelven los liberales al Bundestag con un buen resultado pero no han conseguido, como querían, la medalla de bronce. Los Verdes y la izquierdista Die Linke completan el sexteto del Parlamento alemán más fragmentado desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Martin Schulz ya ha dejado claro que no habrá una nueva gran coalición, que el SPD prefiere ser una oposición dura, después de la mala experiencia en las dos grandes coaliciones merkelianas. Se convertirán, si es así, en la fracción líder de la oposición en el Bundestag, lo que es una buena noticia porque impedirán que lo sea AfD, que así tendrá menos poder.

A la canciller le ha pasado factura el desgaste de 12 años de gobierno pero también la crisis de los refugiados. Para la CDU quizás lo más preocupante son los votantes que se han ido a la AfD. Centrando o socialdemocratizando el partido, como ha hecho Merkel, el flanco más a la derecha quedaba libre y existía el temor de que fuese ocupado por la ultraderecha como así ha sido.

Merkel no lo va a tener fácil en su partido, su liderazgo ya no será tan indiscutible, se le van a pedir responsabilidades por el mal resultado y tendrá que resistir la tentación de una parte de los más conservadores de escorarlo más a la derecha para recuperar a los votantes perdidos. Pero eso acabaría beneficiando a la propia AfD y complicaría la formación de la única coalición matemáticamente posible, la llamada jamaica entre conservadores, verdes y liberales.

Merkel tendrá que resistir la tentación de una parte de los más conservadores de escorar su partido más a la derecha»

En un escenario hasta ahora desconocido, la extrema derecha intentará marcar la agenda política en el Bundestag, como ha hecho durante la campaña electoral. Les ha dado resultado ante la incapacidad del resto de los partidos de frenar su discurso, plagado de mentiras, anti Islam, xenófobo, antiinmigración y a veces con declaraciones claramente neonazis por parte de algunos de sus miembros.

Habrá más tensión en el Bundestag, enfrentamientos broncos y discursos agresivos. Es la táctica del AfD para conseguir que la atención se centre en ellos y el debate gire en torno a los temas con los que consiguen puntos. El resto habrá de cerrar filas y mostrar su responsabilidad para impedir que utilicen la tribuna parlamentaria para ese discurso.  Tendrán que forzarlos a un discurso con contenido, de propuestas concretas para así dejar patente su falta de programa y la amalgama que compone esa formación.

Pero, como ha recordado Merkel en sus primeras declaraciones, no hay que olvidar ni dejar de lado a los votantes de esa formación e intentar recuperarlos. Son más en el este que en el oeste. Alemania tiene todavía pendiente el debate sobre los errores cometidos en la unificación, sobre todo en lo que respecta a una parte de la población de la antigua RDA que se ha sentido abandonada. Pero tiene también pendiente el debate sobre la identidad de la nueva Alemania, qué y cómo quiere ser en el futuro, y qué papel quiere desempeñar en Europa y en el mundo.

No todo va tan bien en Alemania como su propia complacencia ha llevado a hacer creer a los alemanes»

Los resultados son también una señal de aviso de que no todo va tan bien en Alemania como su propia complacencia ha llevado a hacer creer a los alemanes. Y el próximo gobierno tendrá que ofrecer soluciones a cuestiones como la precarización del mercado laboral, las pensiones, la pobreza, las inversiones públicas, el cambio climático, las energías renovables, la industria automovilística o la digitalización. De todo esto se ha hablado muy poco durante la campaña y es fundamental para el futuro del país.

No lo va a tener fácil Merkel en su cuarto mandato. La única alianza posible, ante la decisión del SPD de pasar a la oposición, es una inédita hasta ahora a nivel federal:  coalición a tres (a cuatro, si contamos por separado al partido hermano bávaro CSU), con liberales y Verdes. De momento, todos han mostrado su disposición a negociar, pero también han dejado claro que será complicado y que se necesita tiempo.

Merkel, la reina de las coaliciones, tendrá que mostrar su mejor versión como funambulista y poner a prueba su enorme capacidad de negociación. A las diferencias entre su partido y cada uno de sus posibles socios de coalición tiene que sumar las que existen entre liberales y Verdes y conseguir un mínimo común denominador para un pacto de coalición que haga posible un gobierno estable. La política sobre inmigración y refugiados, la lucha contra el cambio climático, la Unión Europea y el euro son algunos de los temas en los que existen mayores diferencias entre liberales y Verdes.

No será todo tan rápido como se quería, Europa tendrá que esperar algún tiempo más a que se pergeñe una coalición en Alemania y, aunque se puede pensar que con la gran coalición podría haberse ido a más Europa, quizás también se consiga con una Jamaica. Sólo el tiempo y el pacto de coalición lo dirán.

Merkel sabe que su partido ha sido castigado, de que lo tiene más complicado de lo esperado, que su cuarto mandato no tiene visos de ser un camino de rosas, pero también es consciente de su responsabilidad. No es partidaria de nuevas elecciones ni de un gobierno en minoría. Sabe que ahora toca negociar, dialogar y lograr un acuerdo. Preguntada si confiaba en que habría coalición antes de navidad ha repetido su mantra: “En la calma reside la fortaleza”. Pues eso.


Pilar Requena del Río es periodista de RTVE, profesora de Relaciones Internacionales y autora del La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca, editado por Debate.