La irrupción de la ultraderecha como tercera fuerza en el Parlamento federal de Alemania ha provocado un auténtico tsunami político. Alternativa para Alemania (AfD) ha logrado en su estreno en el Bundestag, 70 años después del fin del nacionalsocialismo, un sorprendente 12,6% de los votos, que corresponderían a 94 escaños, según los resultados preliminares. Los dos grandes partidos, CDU y CSU, y socialdemócratas sufren pérdidas históricas.

La canciller, Angela Merkel, sigue encabezando con un 32,9% y 246 escaños la fuerza más votada (CDU y CSU), pero tendrá dificultades para formar gobierno. En 2013 llegó al 41,5% con 311 diputados. Pierde 2,6 millones de votos. El desgaste de 12 años de gobierno se ha hecho patente.

Su victoria será pírrica si finalmente fracasa en este cometido. Los socialdemócratas, hundidos en un escaso 20,5%, 153 escaños (tenían 193, 25,7%) con una sangría de 1,7 millones de votos, rechazan repetir la gran coalición. Sin embargo, la canciller Merkel sigue tendiendo la mano al SPD, aunque sabe que el camino va por intentar pactar con liberales y verdes.

Descartada la ultraderecha como aliada, la única opción viable sería con el FDP, liberales (10,7%, 80 escaños), y ecopacifistas (8,9%, 67 diputados), lo que se denomina coalición jamaica (negro por los conservadores, verde de los ecopacifistas y amarillo de los liberales).  Los liberales en 2013 se quedaron fuera del Parlamento y los Verdes ganan cuatro escaños. La extrema izquierda de Die Linke también supera los datos de hace cuatro años (9,2% y 69 representantes; en 2013, 8,6% y 64 mandatos), pero tampoco cuenta a la hora de buscar alianzas.

La Unión Demócrata Cristiana, y su aliada bávara Unión Social Cristiana, con Merkel a la cabeza, es la única fuerza que puede gobernar, con aliados o en minoría, aunque sufre la mayor pérdida de votos. «Nuestro objetivo era renovar el mandato y lo hemos conseguido. Ningún otro partido puede negociar coaliciones», ha afirmado sobre su cuarta y amarga victoria.

Pese a ser la coalición más votada, la CDU/CSU recibe un severo varapalo, apenas dos puntos más que el peor resultado registrado en 1949 (31%). Los socialcristianos bávaros pierden más de diez puntos (del 49,3% al 38,8%) en favor de AfD. El líder de la CSU, Horst Seehofer, planteaba el lunes la posibilidad de formar un grupo parlamentario propio en el Parlamento.

Agradecida a sus seguidores, pero con cierto pesar, Merkel reconoció de inmediato el domingo que su objetivo pasa ahora por recuperar «a los votantes de Alternativa para Alemania» y aludió al problema de los refugiados y de la inmigración.  Ha insistido el lunes en «buscar soluciones» a las inquietudes de esos ciudadanos, aunque ha asegurado que eso no significa que su política se escore a las demandas de Alternativa en el Parlamento sobre temas como la inmigración. Las protestas por la llegada de la ultraderecha al Bundestag concentraron en la noche del domingo en Berlín a numerosos antifascistas, escandalizados por el éxito de Alternativa.

Casi un millón de votantes de la Unión (CDU/CSU) ha recalado en la formación ultraderechista, donde una mayoría (60%) reconoce que les apoya por estar «decepcionada con los otros partidos», más que ilusionada o convencida con AfD. Cerca de medio millón de antiguos votantes socialdemócratas han respaldado en esta ocasión a AfD. No es de extrañar que el 86% de los que han apoyado a AfD crea que debe distanciarse más de la ultraderecha clásica. Respaldan a Alternativa el doble de hombres que de mujeres.

Es un auténtico terremoto político. Muchos votantes querían castigar a la ‘gran coalición’, tanto a Merkel como al SPD», dice Delle Donne

«Es un auténtico terremoto político lo que ha generado Alternativa para Alemania. Muchos de sus votantes querían castigar a la gran coalición, tanto a Merkel como al SPD. Es una llamada de atención porque consideran que los partidos tradicionales no se ocupan de los temas que les preocupan: la seguridad, la inmigración, la presencia del islam en la sociedad. Han sabido vehiculizar el descontento», afirma Franco delle Donne, coautor junto a Andreu Jerez de Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania.

Los socialdemócratas, liderados por el ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se han hundido en un escaso 20,5%, el peor resultado de su historia, más de dos puntos por debajo del que tuvieron después de la primera experiencia en el gobierno con Merkel, en 2009.  Martin Schulz fue contundente y dejó claro que el SPD pasaba a la oposición. Ya comenzó a ejercerla con un tono bronco con la canciller, que le recordó «el buen trabajo» de la coalición saliente.

«Nuestra responsabilidad ahora pasa por ejercer  de oposición», ha declarado en la llamada Elefantenrunde (encuentro de los principales líderes políticos para analizar los resultados). Esta decisión de no renovar la gran coalición evita que la ultraderecha, tercer partido más votado, ejerza de líder de la oposición. La participación llegó al 76,2% (en 2013 fue de un 71,5%).

Nuestra responsabilidad pasa ahora por ejercer de oposición», afirma el socialdemócrata Martin Schulz, que descarta otra ‘gran coalición’

En sus primeras declaraciones, Schulz señaló también que lamentaba el éxito logrado por AfD. «Lo que más nos duele es la fortaleza de Alternativa para Alemania», dijo el líder socialdemócrata, que seguirá al frente del partido más antiguo de Alemania, fundado en 1875. Reprochó a Merkel su responsabilidad por el auge de la ultraderecha. Confirmada su derrota, parece que la estrategia de Schulz para salvar su piel es desmarcarse del gobierno saliente, del que su partido formaba parte.

Descartada la gran coalición a Merkel le queda la opción de buscar un pacto de gobierno con liberales, que vuelven al Parlamento de la mano del carismático Christian Lindner, con el 10,7% de los votos, 80 escaños, y Verdes, que suman 67 diputados. Las tres fuerzas contarían con 393 escaños de un total de 709 representantes del nuevo Parlamento. En realidad, son cuatro partidos porque la Unión está compuesta de CDU y su aliada bávara, la CSU, que parece querer ganar independencia y formar su propio grupo en el Bundestag.

El sistema de doble voto (299 mandatos directos y al  menos otros 299 proporcional por partidos a los que se suman compensaciones) hace que varíe el número de escaños. En esta legislatura habrá seis fuerzas políticas por primera vez, tras la irrupción de Alternativa y la vuelta de los liberales, que quedaron desbancados en 2013, tras gobernar con Merkel.

La llamada coalición jamaica es un experimento que nunca se ha probado en la República Federal. Las miradas están puestas en Daniel Günther, jefe del gobierno de Schleswig-Holstein, y quien logró sumar a liberales y verdes en su gabinete. El líder liberal, Christian Lindner, que ha realizado una campaña muy personalizada y con un tono populista, se mostró abierto a dialogar con Merkel, al igual que los dirigentes ecopacifistas,  como Cem Özdemir, de origen turco, que remarcaron que su prioridad es la protección del medio ambiente.

Lindner ha reclamado en la campaña electoral el Ministerio de Finanzas, que ocupa Wolfgang Schäuble, para los liberales, y los medios alemanes especulan con que Ozdemir sería el jefe de la diplomacia germana si se consolida ese matrimonio a cuatro bandas. Si los socialcristianos demandan protagonismo en las conversaciones, se hace aún más complicado el acuerdo.

Frente a la cerrazón de Schulz, dolido por la derrota de la que hace culpable a Merkel, Lindner ha tendido la mano sin muchas concreciones. Más de 1,3 millones de votos de CDU/CSU han ido a parar a los liberales. «Se trata de la estabilidad de Alemania y cada uno ha de asumir su papel», ha dicho Lindner. Entre liberales, ecopacifistas y socialcristianos hay grandes diferencias que auguran unas negociaciones prolijas y prolongadas. Si no hubiera acuerdo, o Merkel opta por un gobierno en minoría, insólito en Alemania, o bien tendría que convocar de nuevo elecciones.

Se trata de la estabilidad de Alemania y cada uno ha de asumir su papel», dice el líder liberal, Christian Lindner

La ganadora de la jornada electoral en Alemania ha sido la ultraderechista Alternativa para Alemania, descartada en cualquier posible coalición. Hace cuatro años, recién fundada, se quedó a las puertas del Bundestag con 4,7%, por debajo del umbral del 5%. Ahora triplica estos resultados con el 12,6%. Es la tercera fuerza en el Bundestag, y consigue ser la segunda en el este del país.

Atrae a votantes descontentos de la Unión (CDU/CSU), de los socialdemócratas y también de la extrema izquierda de Die Linke en el este del país. Es una formación transversal que ha sabido atraer a quienes se sentían olvidados por los partidos tradicionales. Hasta 1,2 millones de alemanes que no acudía a las urnas ahora se ha decantado por AfD.

El 49% de los votantes cree que AfD ha entendido mejor que los otros partidos que la gente se siente insegura, según una encuesta de Infratest dimap. Les dan su confianza porque al menos Alternativa «menciona sus problemas».

«Al igual que han fijado la agenda en la campaña, tratarán de seguir haciéndolo desde el Parlamento federal. Es significativo que Merkel ya se ha referido a la política de inmigración. Es un fenómeno complejo que plantea el tema de la identidad nacional unido al temor a la inmigración y la inseguridad», afirma Delle Donne.

Uno de los dos líderes de AfD, Alexander Gauland, exultante por lo que supone una clara victoria de sus postulados, aseguró que su objetivo seguía siendo acabar con el mandato de la canciller, Angela Merkel, a quien ven como una dirigente de centro, sin una orientación clara. «Vamos a la caza de Merkel. Devolveremos Alemania a los alemanes», ha dicho Gauland. Otro de sus dirigentes, Jörg Meuthen, anticipaba en la Elefantenrunde que ejercerían «una oposición dura en materia de inmigración y sobre Europa».

Pese a los buenos resultados, Alternativa para Alemania se ha despertado el lunes con una crisis de liderazgo: Frauke Petry, una de sus dirigentes más carismáticas, ha anunciado que no se va a integrar en el grupo parlamentario y será independiente. A Petry, que aboga por que AfD tenga opciones de gobernar no le gusta el tono mitinero y bronco que Gauland imprime a la formación. Petry ha dicho que el caos puede funcionar en la oposición pero no si se quiere llegar al poder.

Durante la campaña electoral Alternativa ha marcado el paso de la canciller Merkel. Irrumpían en sus mítines al grito de «Merkel muss weg! (Merkel debe irse) y trataban de boicotear sus comparecencias públicas. La canciller apenas les ha nombrado estos meses. Sin embargo, el domingo lamentó la fuga de votos y reconoció que su partido tenía que luchar por recuperar a esos descontentos.

Presentes ya en 13 de los 16 parlamentos de los Länder, Alternativa para Alemania será la tercera fuerza política en el Bundestag. En el este incluso está por delante del SPD y es la segunda fuerza. «Su desembarco en el Bundestag hará que la política alemana, tradicionalmente orientada al consenso, sea más bronca y polarizada. Aunque otros diputados no trabajen con ellos, el partido va a ejercer su influencia. Ya lo ha hecho en la campaña, como puede verse en declaraciones de los liberales sobre la necesidad de que los refugiados vuelvan a sus casas», afirmaba Jeremy Cliffe, corresponsal en Berlín del semanario The Economist.

El desembarco de AfD en el Bundestag hará que la política alemana sea más bronca y polarizada», señala Cliffe

Su llegada al Parlamento federal les facilita un altavoz aún más potente que el que han tenido hasta ahora. «Podrán disponer de unos 350 empleados y un presupuesto de más de 17 millones de euros solo en personal. Además, logran mayor acceso a los medios de comunicación. Su impacto es mucho mayor que el que pueda pensarse por el porcentaje de apoyos que tienen», afirma Jana Puglierin, jefa de  programas del German Council of Foreign Relations.

Alternativa para Alemania se quedó a las puertas del Parlamento federal en 2013 con un 4,7% de los apoyos. Era entonces una formación diferente, fundada apenas unos meses antes por el economista Bernd Lucke. Sus postulados eran claramente anti euro y anti Unión Europea. En esta legislatura se ha ido transformando en un partido anti inmigración, patriótico, islamófobo y con guiños al neonazismo. Es un populismo en versión alemana. Muy alemana. «Danke, Deutschland» (Gracias, Alemania), dicen en su web desde la noche del domingo.

En un artículo titulado Desmontando tres mitos sobre la nueva ultraderecha alemana, Andreu Jerez destaca que Alternativa no es un partido exclusivamente del Este, ni de jubilados, o de pobres o white trash. «Es un partido con un programa y una dialéctiva ultraderechista que recibe un voto que tradicionalmente no había apostado por opciones ultras ni neonazis», señala Jerez. Por ello, igual cosecha apoyos en la rica Baden-Württemberg que en Mecklemburgo, donde se crió Merkel.

«Es un fenómeno transversal en lo social, en lo político y en lo económico», dicen los autores de Factor AfD.  Junto al millón de ex votantes de la CDU/CSU, y el medio millón de ex socialdemócratas, unos 400.000 alemanes que votaron en 2013 a la extrema izquierda (Die Linke) ahora se han inclinado por la ultraderecha de Alternativa. En este caso se sienten perjudicados por al reunificación. «Ya no funciona el eje izquierda/derecha para explicar este fenómeno, sino el eje dentro/fuera», afirma Delle Donne.

Lo paradójico es que todos esos votantes de AfD, a quienes ha movilizado sobre todo la necesidad de seguridad, hayan provocado un escenario insólito de inestabilidad en Alemania, que ha hecho que hasta la sólida Angela Merkel se haya tambaleado en su trono. Han demostrado que hay vida política más a la derecha de la CDU y la CSU y que Alemania no es inmune al populismo.