Las primeras elecciones que vive Italia desde que Mario Draghi es el jefe del gobierno apuntan a una victoria del centroizquierda en las grandes ciudades a costa del fracaso del centroderecha con un Matteo Salvini desnortado y el hundimiento del Movimiento 5 Estrellas, estrellado. Los italianos han votado en 1.200 municipios. Habrá segunda vuelta donde ningún aspirante haya superado el 50% de los votos. La participación ha sido históricamente baja: 54,7%, casi siete puntos menos que en 2016.

«Hemos demostrado que se le puede ganar a la derecha», ha dicho pletórico Enrico Letta, líder del Partido Democrático y ex primer ministro. Letta ha logrado conquistar el escaño de Siena, que había quedado vacante. «El centroderecha no existe porque ya no está ahí su aglutinador, Silvio Berlusconi», ha añadido. Berlusconi acaba de cumplir 85 años. Le ha reemplazado como abanderado de la derecha Matteo Salvini, líder de la Liga, enemigo acérrimo de Letta.

«Cuando uno pierde, pierde», ha dicho Salvini, en Porta a Porta de RAI. Ha atribuido los malos resultados en las grandes ciudades a la elección tardía de candidatos la derrota y a la abstención. Salvini ha llamado a un encuentro a Berlusconi y Meloni para sumar fuerzas y hacer una lectura común de los datos. «La mitad de la gente no ha votado. Hemos de ser más eficaces y más concretos», ha señalado.

El centroizquierda del PD ha ganado en Milán (patria chica de Berlusconi y de Salvini), Nápoles y Boloña sin necesidad de segunda vuelta. Tiene posibilidades de imponerse en segunda vuelta en Roma, donde la alcaldesa Virginia Raggi, del Movimiento 5 Estrellas ni siquiera pasa al ballotage, y Turín, que también estaba en manos de los grillini.

En la capital italiana se enfrentarán el 18 de octubre Enrico Michetti, del centroderecha, y Roberto Gualtieri, del centroizquierda, que parte como favorito dado el apoyo que recibirá de los grillini y el resto de la izquierda.

«Esta victoria refuerza a Italia y al gobierno: volvemos a estar en sintonía con el país. Ganamos al ampliarse la coalición, más allá del Partido Democrático», ha remarcado Letta, en referencia a su alianza con el Movimiento 5 Estrellas, del ex primer ministro Giuseppe Conte, y otras fuerzas de izquierda.

El centroderecha puede consolarse con Calabria, donde ha ganado el candidato de Forza Italia, Roberto Occhiuto, que ha logrado el 54,4% de los votos.

Mientras Matteo Salvini pierde apoyos, tras un escándalo que ha afectado a su jefe de comunicación, avanza lenta pero segura la líder de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni. El centroderecha tendrá probablemente más alcaldías, aunque pierda las ciudades más grandes, de modo que sigue estando fuerte de cara a las elecciones de 2023.

El partido de Meloni se ha colocado a la par con la Liga de Salvini en las cuatro grandes ciudades, incluida Milán, con un 11%. En Roma ha superado a la Liga con un 18% frente al 6% de los liguistas, y también saca ventaja en Boloña. Con Meloni, Fratelli d’Italia ha dado el salto del 4% que obtuvo en las elecciones de 2018 al 20% que le dan ahora sondeos como el que realiza Politico.

El centro de gravedad permanente

Estos comicios confirman el hundimiento del Movimiento 5 Estrellas. «El fracaso de los grillini conlleva el fin de un sistema con tres polos (derecha, centro-izquierda, M5E) y la vuelta a un sistema bipolar (centro-izquierda vs derecha). Ahora Conte deberá entender qué hacer: él en principio lo tiene claro (alianza estable con el PD), pero las bases de su partido no tanto», afirma Steven Forti, profesor de historia contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y analista político, quien añade cómo ahora es Letta quien puede imponer condiciones a Conte y no al revés como hasta hace unos meses.

Según Steven Forti, «el sistema de partidos en Italia está en fase de reconfiguración. Por un lado, el partido mayoritario en el Parlamento, el Movimiento 5 Estrellas, está en caída libre. Por el otro, la derecha está envuelta en una batalla por la hegemonía donde Salvini, que parecía hasta hace un par de años el padre padrone, está en dificultad por el avance del partido de Meloni. Finalmente, el PD está intentando buscar su ‘centro de gravedad permanente’, para citar a Franco Battiato».

Si bien Letta ha querido interpretar los resultados como un refuerzo al gobierno Draghi, para Forti, estas elecciones son una primera señal de que la fase de transición está concluyéndose. «Fue una solución de emergencia, encontrada en febrero de este año, que ha tenido la función de gestionar la aprobación y puesta en marcha del Next Generation EU, frente a la debilidad de los partidos y a la reconfiguración del sistema de partidos».

Lo difícil es saber cuándo y cómo termina. Mientras Mario Draghi, con un 70% de popularidad, ya está buscando piso en Roma, como ha desvelado recientemente la prensa italiana, en una clara señal de su deseo de jubilarse, hay quienes le ven como el mejor sucesor posible del actual presidente de Italia, Sergio Mattarella.