«Yo vengo de un país en el que a la crisis más grande que hemos tenido, en los 90, se la llamó período especial. Ahora, cuando volvimos a caer en una crisis, antes de la pandemia, se la llamó coyuntura. Y se denomina revolución al período más conservador, estancado e inmóvil que hemos sufrido. No querer decirle dictadura a un régimen así es algo peor que un eufemismo». Ese país es Cuba y quien habla es el disidente cubano Yunior García Aguilera (Holguín, 1982), en España, de momento con visado de turista. Asegura que volverá a la isla. No sabe cuándo.

Es dramaturgo pero antes fue actor. Dice que «por necesidad» empezó a escribir sus propias obras, ya que no le convencía lo que le ofrecían. De igual forma Yunior García Aguilera dio el salto a la escena política porque no le gustaba la realidad en Cuba. Eso fue hace justo un año, el 27 de noviembre de 2020, cuando un grupo de artistas entonaron un «basta ya» y demandaron diálogo al régimen sobre la libertad de expresión. Ahora demanda que el foco de atención vuelva a la isla. «Nos toca promover lo que está ocurriendo dentro de Cuba. Es ahí donde están los protagonismos», cuenta en una conversación en la sede de El Independiente.

En su cuenta de Twitter, Yunior García Aguilera (Holguín, 1982) tiene un mensaje fijado: «Estoy convencido de que es más fácil encontrar la verdad de un país en la creación de sus artistas que en los discursos de sus políticos». Desde la plataforma Archipiélago ha desafiado al régimen cubano con su convocatoria frustrada del 15N. Acabó cercado en su casa sin poder salir ni siquiera a marchar con una rosa blanca en solitario. Por sorpresa dejó la isla el 16 de noviembre y aterrizó en Madrid, donde ahora busca su sitio.

Explica que en la isla «si sigues al rebaño, te mantienes en la ignorancia, nunca ves los ojos al poder. Pero si defiendes una postura con honestidad ves que no hay esperanza en esos ojos». Ahora Yunior García Aguilera, que se presenta como dramaturgo y activista, sin más etiquetas, está haciendo un esfuerzo para resistirse a la rabia o al olvido. Está decidido a ser el mismo que era dentro de Cuba, «pero con menos miopía».

Confiesa que todos los días antes de acostarse se convierte en su propio juez y se cuestiona su marcha de Cuba. ¿Hizo bien o debería haberse quedado? El día 14 de noviembre lo tiene grabado a fuego en su memoria. Todo sucedió muy rápido y apenas tuvo tiempo para pensar. Estaba incomunicado y se sentía impotente. Unas 200 personas rodearon su casa, donde vivía con su esposa Dayana Prieto, y su suegra. No pararon de gritarles y amenazarles.

Previamente, en todo el tiempo previo le interrogaron. Primero siguieron la táctica de hacerle creer mejor que el resto, luego encizañan, siembran la división, y como no funcionó, trataron de influir en el entorno más proximo, la familia y los amigos.

«Quizá el plan de ellos [el régimen] era atacarme psicológicamente, mantenerme encerrado, hacerme creer que me había quedado solo, atormentarme sintiendo que mi familia sufría lo mismo que yo injustamente», afirma Yunior García, quien había pedido un visado con la idea de contar con cierta protección cuando lo arrestaran, lo que daba por descontado. Unos amigos le aconsejaron hacerlo y le ofrecieron ayuda. Asegura que no lo hacen por razones políticas sino humanitarias.

«Te llevan a un estado en el que tomas decisiones desesperadas. Obviamente, cuando cuando salí en ese avión yo me sentí muy mal, me decía que tenía que haberme quedado pasara lo que pasara. Pero, tras ver el resultado de estos días en España, entiendo que alguien tenía que hablar, que si me hubiese quedado en Cuba, el régimen quizá habría impuesto su narrativa ante el mundo», explica Yunior García Aguilera, que nunca aparta la mirada de su interlocutor.

Si tú defiendes la democracia, los derechos humanos, la justicia, no puedes apoyar lo que está pasando en Cuba»

Lamenta Yunior García cómo aún mucha gente fuera de Cuba compra el discurso del régimen. «La realidad de Cuba se escapa de ese romanticismo de lo que llamaban la revolución. No tienen nada que ver con la ideología, ni con la izquierda, ni con la justicia social, ni con progresismo, ni con el antiimperialismo, sino que se trata de una casta aferrada al poder, que tiene a todo un pueblo a su servicio y que está dispuesta a hacer lo que sea por mantenerse en el poder. Esa casta no tiene ideología. Incluso reprime a ciudadanos progresistas, anti embargo, a los que trata igual que a la ultraderecha».

Libertad frente a dictadura

Para Yunior la situación que se vive en Cuba es similar a lo que pasó en Chile con Augusto Pinochet y por ello la película No provocó una reacción inmediata en la redes sociales. «El mundo tiene que entender que no se trata de ideologías. No es un tema de izquierda versus derecha. Es un tema de libertad y democracia contra el autoritarismo y las dictaduras, que están mal sean del color que sean… Si tú defiendes la democracia, si defiendes los derechos humanos, si defiendes la Justicia, no puedes apoyar lo que está pasando en Cuba».

¿Te consideras de izquierdas?, pregunto. «Siempre me consideré de izquierdas. Creo en la justicia social. Me parece que el Estado tiene determinadas responsabilidades con la gente que más sufre. También creo que, por supuesto, toda la sociedad debe, de alguna manera, colaborar con que no haya demasiadas brechas injustos en el mundo actual. Creo que hay realmente un problema grave con el clima. Y veo hay minorías que han sido discriminadas y que hay que tratar de acabar con esa marginación de mujeres, homosexuales… Siempre fui parte de la izquierda, pero a veces la izquierda me decepciona y me voy corriendo al centro. No creo que me convierta en alguien de derecha porque nunca lo he sido», señala el activista cubano. Evoca entonces una canción, La vida es un divino guion, del grupo Habana Abierta: «Los de derecha giran a derecha/ Los de la izquierda giran a izquierda/ Y ya yo me aburrí/ De esos viejos viajecitos en circulo / Yo viajo recto aunque no soy flecha/ Yo te lo firmo y te le pongo fecha/ Por si sospechas, por si sospechas, por si sospechas (Chivaton!)».

Y menciona la palabra libertad. Es la libertad de soñar. Esa libertad no tiene cabida en la isla. «Los seres humanos tienen derecho a llegar a la cima. Nadie debería limitarlos, siempre y cuando no perjudiquen a los demás. No puede haber límites injustos y no puede privilegiarse a un grupo en detrimento de otro. En Cuba estamos viviendo un apartheid ideológico, donde si simpatizas con el régimen, aunque seas el capitalista más grande del mundo, eres bien recibido. Tienen más libertad que los que desde la izquierda critican al régimen. No hay ideología, sino un poder enfermo de poder», apunta el autor de las obras Pasaporte o de Jacuzzi, donde en 2016 ya decía: «Tengo miedo de quedarme aquí, tengo miedo de quedarme callado y que mi hijo me lo reproche». Yunior ha dejado en Cuba a su madre, y a su hijo de diez años. «Me tranquilizó comprobar que sabía que no todos los que van a la cárcel son delincuentes. Que también fueron los libertadores como Martí», añade.

Diferencia entre Fidel Castro, que murió hace justo hace cinco años, y la actual dirigencia cubana. «Fidel tenía cualidades como líder, es decir, manejaba bien el discurso, era un demagogo excelente. Mucha gente quedaba seducida. Esto no pasa ahora. Ahora hay un gobierno muy mediocre, sin nada de carisma, sin nada de liderazgo, sin nada de historia. No son rebeldes, no son revolucionarios, son burócratas que fueron entrenados en escuelas para burócratas y que han llegado ahí por ser obedientes», dice Yunior García Aguilera. «Tenemos un Parlamento grandísimo pero después del 11J ni un solo diputado dijo nada sobre lo que había pasado. No pintan nada. Y a Díaz-Canel nadie lo eligió. Bueno, lo eligió Raúl Castro. Los diputados no eligen, ratifican lo que decidió otro».

Del 27N al 15J

El 27 de noviembre, hace un año, un grupo de artistas se rebeló contra un decreto que potenciaba la censura. Ya había antes, pero el decreto-ley 349 la libertad creativa estaba aún más amenazada. La cultura underground la veía el régimen amenazante. Así que los artistas se pusieron en marcha y pidieron hablar con los dirigentes, con el ministro. Así organizaron una sentada ante el Ministerio. La demanda era libertad a la hora de crear pero el régimen no se fiaba. Yunior García Aguilera pertenecía a la élite del teatro, pero aún así no quiso desentenderse. «Sentí que era mi responsabilidad estar al lado de ellos, porque no se trataba de gustos ni de calidades sino de derechos humanos. Eran de mi generación y pedían libertad», señala.

El régimen hizo simulacros de diálogo pero nunca entabló una diálogo transformador, encaminado a llegar a acuerdos. El 27 de enero el régimen reprimió a los que insistían en verse con el ministro, hasta el punto de que el propio dirigente arrebató el móvil a un periodista y golpearon a los que estaban allí. Entre ellos, Yunior García. La protesta siguió latente hasta que cristalizó el 11 de julio, cuando decenas de ciudades en Cuba se levantaron. «Fue algo espontáneo. Cuando lo vi, pensamos que los iban a masacrar. Pedimos derecho de réplica en la televisión oficial para pedir que no los detuvieran y nos cayeron encima. Hubo cientos de detenidos, y los que están en la cárcel y no se han retractado se exponen a penas de más de 15 años de cárcel. Otros, como Carolina Barrero, entre otros, han estado vigilados en sus domicilios. No pueden salir. Es un arresto domiciliario de facto.

En vísperas de ese aniversario de la protesta de los artistas, que comandaron desde el llamado Movimiento San Isidro, la plataforma Archipiélago, en la que hay gente de ideologías diversas, según explica Yunior García, convocó a los cubanos a salir a las calles a pedir diálogo y libertad para los presos. Pero el régimen impidió la protesta. Ni siquiera dejó que el dramaturgo desfilara con una rosa blanca hacia el malecón.

A partir de ahora hay que reorganizarse. Sería más fácil deprimirnos o machacarnos con los errores cometidos pero no podemos darnos esos lujos»

¿Y ahora qué? ¿Qué queda de esa esperanza de cambio? Hay mucho enfado entre algunos de sus compañeros en Archipiélago, entre ellos Carolina Barrero. «A partir de ahora hay que reorganizarse. Es decir, sería más fácil deprimirnos, machacarnos con los errores que se cometieron, culpar al pueblo por no haber salido masivamente a defenderlo. Claro que es humano también sentirse derrotado y todo eso, pero nosotros no podemos darnos esos lujos. La Seguridad del Estado siempre nos trata de poner unos frente a otros. Vamos a seguir cometiendo errores porque a nadie lo preparan para cambiar un sistema. Ninguno hemos recibido entrenamiento para derrocar una dictadura. Pero hay que levantarse y ayudar al que se ha caído. Yo no quiero que le pongan mi nombre a una calle. Ni una estatua de mármol en un parque. Yo quiero que mi hijo no tenga que hacer lo que me ha tocado hacer a mí».