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Golpes contra móviles: el 11-J cubano

La Habana busca silenciar a los medios independientes en un vano intento de dar marcha atrás a un proceso irrefrenable

Imagen de la revuelta en Cuba tomada desde un móvil

Carmen Vivas / EFE

«Cuando salí el domingo 11 de julio de mi casa, un agente de la seguridad vestido de civil, me atacó por la espalda. Pretendía arrebatarme el teléfono móvil. Los móviles son nuestras únicas armas». Habla desde La Habana Abraham Jiménez Enoa, una de las voces independientes que están informando estos días sobre el estallido social de ese 11-J, reprimido a golpes. Jiménez Enoa nos confirma cómo los periodistas están en el punto de mira del régimen cubano. «Sé que soy un objetivo. Me pueden detener en cualquier momento». De hecho, la conversación se interrumpe cuando el informador cubano siente que está siendo perseguido.

Este periodista, acostumbrado a luchar contra corriente, denunciaba el sábado en su cuenta de Twitter cómo el régimen pretende silenciar a los cubanos. «El régimen ha desplegado su rostro más vil», nos confesaba en una breve conversación el pasado jueves.

Abraham Jiménez Enoa es columnista en The Washington Post y fue fundador de El Estornudo. Está preocupado por los cubanos detenidos, que pueden ser 400 pero sin confirmar. Y por los ocho colegas periodistas encarcelados tras el 11-J. Entre ellos estaba Camila Acosta, colaboradora de ABC y Cubanet, ahora en arresto domiciliario. «En Cuba dedicarse al periodismo es un reto constante. Te acosan, te persiguen, y también sufre ese hostigamiento la familia. Sé que algún día pueden venir a por mí».

El estallido social del 11-J empezó en San Antonio de los Baños, una localidad de unos 50.000 habitantes. La gente no podía más con tan poco que llevarse a la boca, tantos cortes de electricidad y tan poca agua. De allí la protesta corrió como la pólvora por unas 45 puntos de la isla.

«Desde entonces La Habana y toda la isla están militarizadas. Las calles están tomadas por fuerzas policiales con perros y agentes de seguridad vestidos de civil. Las protestas no están en pie porque el gobierno desplegó su rostro más vil», relata Jiménez Enoa.

Sin contacto con Neife

Peor suerte corrieron Neife Rigau, de 22 años, diseñadora gráfica, y Henry Constantin, fundador de La hora de Cuba en Camagüey. Como todos los periodistas independientes eran vigilados por el régimen. Iris Mariño también fue arrestada con la pareja.

«Cuando iban a salir a informar sobre la protesta en Camagüey, ya les estaban esperando a las puertas de su casa. Les arrestaron. Lo contaron unos vecinos. Neife había hablado con nuestros padres ese mismo día a las 15h. Mis padres están en La Habana. Nos comentó que sentía cierto malestar y temía tener Covid», nos cuenta Félix Pablo Rigau, quien ya hace años que tiró la toalla y decidió salir del país. «No quería que mis hijos crecieran sin libertad».

«No hemos podido comunicarnos con Neife. Sabemos que han sido trasladados y al parecer Neife se sentía mal y salió para ser atendida al hospital. Les han negado el habeas corpus. Y acusan a mi hermana de intentar agredir con piedras y palos a los que se oponían a las protestas. Pero ni siquiera llegaron a las manifestaciones. Cualquiera que conozca a Neife sabe que es una persona pacífica, incapaz de hacer eso», comenta Félix.

«Es una persona comprometida con la libertad en Cuba. Ser libre en un país comunista es muy difícil. Expone sus pensamiento en las redes. No tiene nada que ver con la imagen que están dando de ella desde el régimen», insiste.

Félix y Neife pertenecen a una familia muy comprometida con la Iglesia católica en la isla. «Yo perdí la esperanza, pero mi familia prefiere quedarse para ayudar desde dentro. Siempre hemos sido críticos. Nos enseñaron a nadar contra la corriente. Desde pequeños. En Cuba el adoctrinamiento empieza cuando eres un crío», relata este joven informático que ha empezado de nuevo en Madrid.

Para Félix este estallido social ha sido histórico pero el régimen no va a ceder. «Cada vez están más desacreditados pero van a seguir… Siempre buscan un enemigo. Suele ser EEUU, pero ahora lo buscan en el pueblo. Están buscando culpables. Y lo que sucedió da la impresión de que fue algo espontáneo. La gente sufre mucho. Es como un nuevo periodo especial. A la última reforma monetaria, que ha sido un desastre, se ha sumado la pandemia. Es tal desastre que la gente ha estallado».

El régimen castrista, ahora encabezado por Miguel Díaz-Canel, arremete contra los periodistas independientes, cada vez más incómodos. «Como no quieren que les recriminen que violan la libertad de prensa, han aprovechado estas protestas para desatar su ira contra ellos».

Una sociedad polarizada

Carolina García Salas, periodista e investigadora social cubana, observa lo que ha sucedido en su país desde España, donde está ampliando estudios. Los mayores de su familia siguen en Cuba. Entre ellos, su abuela que cumplió 91 años el domingo 11 de julio. Los más jóvenes han emigrado a Estados Unidos y a España.

En un artículo titulado Cómo le explico a mi abuela que no son delincuentes, publicado en OnCuba, García Salas relata cómo su abuela, que solo se informa por medios oficiales, le preguntó esta semana por los saqueos y se interesó por un amigo de la familia al que acusaban de «desorden público». La abuela replicó: «Si ese muchacho no es un delincuente».

«Lo que pasó es muy complejo porque hubo de todo. Hubo vandalismo y agresiones. Hubo mucho caos. Pero hubo una represión criminal por parte del Estado. El presidente salió a decir: ‘La orden de combate está dada’. Y llamó a los revolucionarios a la lucha. Y lo dijo en un país con una creciente polarización. Es una gran irresponsabilidad», señala la investigadora cubana, quien pone el foco en cómo los que primero se levantaron son los más pobres, los que no tienen acceso a dólares, los que sufren una desigualdad que es cada vez mayor en Cuba.

El descontento está en la sociedad. Y se hizo manifiesto en 2019 con la primera marcha independiente, a favor de los derechos del colectivo LGTBI, y contra el maltrato animal. Eran las primeras marchas que no habían sido promovidas por el régimen cubano. En 2020 adquirieron protagonismo los intelectuales, que pedían diálogo. El régimen no atendió estas demandas como ahora también desoye las demandas de una sociedad asfixiada por una crisis sistémica múltiple. «Las autoridades cubanas están dispuestas a dialogar con Estados Unidos, y no con el pueblo», apunta García Salas.

Los medios independientes han contribuido a la pluralización de la esfera pública cubana. «Por primera vez los cubanos tienen acceso a diferentes voces. Han desempeñado un papel fundamental. Ya no hay un discurso homogéneo en Cuba. Es básico para entender cómo y por qué han salido a las calles», dice García Salas. Solo quienes como su abuela solo se informan por los medios oficiales viven en ese escenario idílico que pretende mantener en pie el gobierno. Aún así se hacen preguntas.

Legitimado el derecho de protesta

«Cuba no volverá a ser la misma porque los cubanos no seremos los mismos. Desde 2019 se ha legitimado el derecho de protesta. Antes era inédito. En se sentido no hay vuelta atrás. Hemos visto a policías al servicio del gobierno reprimiendo de forma criminal. Es un punto de inflexión», afirma la investigadora.

A la par apunta García Salas como la política de Trump sobre Cuba ha contribuido a asfixiar más a la población y tampoco ve prudente que algunos sectores del exilio cubano en Miami reclamen una intervención militar. Confía en que Biden no escuche a los extremistas y tenga en cuenta al pueblo cubano.

¿Y ahora qué? ¿Sirvió de algo? «Hay sensaciones encontradas. Salieron por la miseria, la escasez y falta de libertades. Esa indignación sigue ahí. Las protestas eran pacíficas y detonaron en enfrentamientos civiles. El presidente mandó a sus partidarios a que golpearan a los otros. Hay una sensación de temor, de impaciencia, y molestia, e incertidumbre», apunta Abraham Jiménez Enoa. «¿Qué va a suceder? No se sabe todavía», reconoce. «Ahora hay una falsa calma. Nos van a encerrar».

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