«Ya no es hora de reformar Francia. Hay que salvar a Francia. Por eso me presento a la elección presidencial». Ha nacido un nuevo salvador en el Hexágono: se llama Éric Zemmour (Montreuil, 1958). Acaba de enfilar el camino hacia el Elíseo con su anuncio en un video en el que se muestra como un De Gaulle 2.0. Su lema: «Impossible n’est pas français» (lo imposible no es francés), cita de Napoleón.

En su mitin de este domingo ha apelado a «todos los patriotas franceses», incluidos los seguidores de Agrupación Nacional y Republicanos, para que se unan a su movimiento que ha llamado Reconquista. «Vamos a reconquistar la identidad, la soberanía, la economía, vamos a reconquistar Francia», ha dicho ante un público mayoritariamente joven, generación Z, que le ha aclamado con entusiasmo con banderas tricolores. Ha contado con teloneros tan singulares como una de las promotoras de los chalecos amarillos, Jacline Mouraud.

Ha anunciado que el primer paso será El Elíseo y después la Asamblea Nacional. En un discurso de una hora larga, en el que ha repetido la palabra «pueblo» y «combate» numerosas veces, Zemmour ha expuesto sus principios: detener la pérdida de poder de los franceses y de Francia, inmigración cero y la asimilación como única vía para permanecer en Francia (como hicieron sus padres judíos bereberes originarios de Argelia), la recuperación de la soberanía francesa cedida a la Unión Europea y el desmarque de EEUU.

Zemmour es el gran provocador, el enfant terrible que domina como nadie el discurso ultra, un arlequín de la derecha, un candidato mesiánico en la Francia secular. Lleva tiempo de precampaña. Conocedor de la notoriedad que ha adquirido gracias a su presencia en los medios audiovisuales como tertuliano polémico, ha decidido dar el salto a la política por la puerta grande.

En su libro La France n’a dit son dernier mot cita como su hijo ya le comentó: «Hace tiempo que has hecho el diagnóstico. Ahora hay que actuar». En el video explica también cómo creía que su papel era denunciar cómo el pueblo francés estaba siendo desplazado y reemplazado por la presión migratoria, en concreto, del islam, que es todo, por igual, malo. Habla del «sentimiento de desposesión» en una imagen que evoca al general Charles de Gaulle en su mensaje a la resistencia en la BBC el 18 de junio de 1940 y con la música del Segundo Movimiento-Allegretto de la Séptima de Beethoven como música de fondo.

Habla de Francia como «un país a la vez ligero y brillante, literario y científico, tan inteligente y fantástico… el país que buscáis con desesperación por todas partes y que está a punto de desaparecer.. vosotros no habéis dejado vuestro país pero él os ha dejado a vosotros. Os sentís extranjeros en vuestro país. Sois exiliados del interior».

Nos ha vendido que era el Trump francés, pero sería un Trump comprado en los chinos»

gabriel attal, portavoz del gobierno

Las reacciones políticas demuestran que Zemmour, aunque va a la baja en las encuestas, es un rival incómodo. Marine Le Pen, candidata de Agrupación Nacional, que se disputa el espacio político con el periodista, dijo a la cadena BMFTV que la declaración de Zemmour era «retrógrada y crepuscular». El portavoz del gobierno, Gabriel Attal, ha declarado: «Nos ha vendido que era el Trump francés, pero sería un Trump comprado en los chinos».  

Desde la izquierda, Olivier Faure, primer secretario del Partido Socialista, ha señalado que Francia «no merece esta siniestra puesta en escena» y ha apuntado que Zemmour cree que tiene «el micrófono de De Gaulle pero su discurso es el de Pétain».

Irritado con los periodistas

YouTube ha restringido el acceso a los menores al video «por su contenido ofensivo y violento». Incluye imágenes catastrofistas de disturbios y manifestaciones con las que el candidato retrata una Francia en decadencia. También hay varias demandas por utilización sin derechos de extractos de la película Juana de Arco, de Luc Besson. En 24 horas ya lo habían visto 2,5 millones de personas.

El último día de noviembre, además de difundir el video, concedía una entrevista a TF1 que acabó con un Zemmour irritado con el periodista, Gilles Bouleau, a quien acusó de convertirse en «un fiscal» y de no haber hecho bien su trabajo. Bouleau le recordó cómo había sido declarado culpable dos veces en los tribunales por incitar al odio racial. «Usted describe una Francia al borde de la guerra civil, ¿no le parece exagerado?», arranca Bouleau la entrevista.

A Zemmour tampoco le ha gustado que la revista Closer publique una exclusiva que afecta a su vida privada. Será padre en 2022. Tendrá un hijo, según Closer, fruto de su relación con su asesora, Sarah Knafo, de 28 años. En octubre Paris Match publicó las fotos de unas vacaciones en la playa de Sablettes à La Seyne-Sur-Mer de Knafo y Zemmour, casado con la abogada Mylène Chichportich desde hace casi 40 años. Tienen tres hijos.

En el mitin de París ha seguido esta línea de crítica a los medios, a los que acusa de perseguirle y juzgarle como a ningún otro candidato. Ha desmentido ser racista, y como prueba ha evocado su historia personal, ya que procede de Argelia.

Un lanzamiento bien planificado

Éric Zemmour ha diseñado con sumo cuidado su lanzamiento a la arena política. «Ha elegido el momento, justo la semana cuando Los Republicanos elegían a su candidato. Y con el formato. Ha querido dar la imagen de la culminación de su relato. Es la evocación de la grandeur. Juega con la idea de De Gaulle en su mensaje en la BBC. En el caso de Zemmour es la resistencia al cambio, al progreso, la réplica a lo que promueve Macron», explica Roger Rosich, consultor político.

Zemmour ha dado una patada en el marco de la derecha tradicional, como ha escrito Guillem Pursals en El Independiente. El tsunami en Los Republicanos finalmente se ha contenido porque el candidato más cercano a Zemmour, Éric Ciotti, pasó por sorpresa en cabeza a segunda vuelta, desbancando a Michel Barnier, el jefe de la negociación del Brexit, o Xavier Bertrand, pero ha sido derrotado este sábado por Valérie Pécresse, de 54 años, presidenta de la región de la Isla de Francia. Será la primera mujer candidata del partido de De Gaulle, Chirac y Sarkozy a la Presidencia de Francia.

Zemmour se ha dirigido a los militantes de Los Republicanos para ofrecerse como tabla de salvación, en especial a los que votaron por Ciotti y se han visto decepcionados con la victoria de Valérie Pécresse. «Compartimos tanto… Nosotros podemos hacer juntos cosas inolvidables… Podéis contar conmigo». Para formalizar su candidatura necesita 500 firmas de cargos electos. Confía en los descontentos con Los Republicanos tras la elección de Pécresse. Ha apelado en el mitin a que los alcaldes no dejen al pueblo sin el derecho de contar con su papeleta.

De esta manera, los candidatos van tomando posiciones con vistas a la primavera de 2022, cuando tendrán lugar las dos vueltas de las elecciones presidenciales en Francia. Como aspirante de la derecha tradicional competirá Pécresse, del sector más conservador dentro de Los Republicanos en la estela de Jacques Chirac, pero sin veleidades antieuropeístas como Zemmour, con la eterna aspirante de la ahora llamada Agrupación Nacional, Marine Le Pen, y el provocador Éric Zemmour.

La izquierda está muy dividida: la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, de origen español, intentará que el Partido Socialista no agonice, pero también se presentarán Jean-Luc Mélenchon por La Izquierda y Yannick Jadot por los Verdes. Y el presidente, Emmanuel Macron, aspirará a la reelección, si bien aún no lo ha hecho oficial. Lo hará a principios de año.

El problema de Zemmour es mostrarse presidenciable. Su imagen es la de un polemista televisivo rozando el populismo»

roger rosich, consultor político

Según Roger Rosich, «el problema de Zemmour es mostrarse presidenciable. Su imagen es la de un polemista televisivo rozando el populismo. No es político y no ha gobernado ni en un ayuntamiento. Quiere parecer De Gaulle pero sabe que no lo es. Lo sería por ideología pero lo veo más como Pétain. Es contradictorio».

Aunque quiere desmarcarse del clivaje izquierda y derecha, y lanza dardos en todas las direcciones, incluido contra el presidente Macron, «que dijo representar lo nuevo y es lo peor de lo ya conocido», para Steven Forti, autor de Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla no cabe duda de que se encuadra en esta categoría. «Zemmour tiene algo que representa muy bien a la extrema derecha: la provocación, la transgresión. Es distinta a la de Trump.  No es un anti intelectual. Trump se vanagloriaba de no haber leído un libro. Rompe los esquemas», apunta Forti, quien cree que lo preocupante es que haya cerca de un 40% de franceses cercanos a posiciones de Zemmour y de Le Pen.

Zemmour ha sido especialmente duro con Macron. «Sustituiremos al pequeño Macron por la gran Francia», ha dicho. «¿Quién sabe lo que piensa Macron? Ni siquiera lo sabe él», ha añadido. Y ha prometido que Macron pronto será historia.

En los últimos sondeos, Zemmour rozaría el 15%, por debajo de Marine Le Pen, que llegaría al 20%. Encabeza siempre las encuestas el presidente, Emmanuel Macron, que justo el día que Zemmour lanzó su video asistía a la ceremonia solemne en honor a Joséphine Baker, que ya es la sexta mujer en el Panteón de Ilustres y la primera de color.

Zemmour, que defiende que los franceses pongan solo nombres en su idioma a sus hijos, elogió que Baker se llamara así, Joséphine. Ese día vimos dos Francias, la que Zemmour tiene en su imaginario, abocada a la desaparición y contraria a cualquier atisbo de europeísmo, y la de Macron, tan abierta a otras culturas que entroniza a una estadounidense de nacimiento como heroína patria. Según Roger Rosich, «a Macron le viene bien porque quita votos a la derecha tradicional y divide a la ultraderecha. Si el candidato es Zemmour o Le Pen, Macron lo tiene fácil para ganar las elecciones». 

Un discurso ‘normalizado’

Moussa Bourekba, investigador del CIDOB, señala cómo Zemmour es una muestra más de la normalización del discurso de extrema derecha en Francia. Zemmour ha contado con acceso a los medios, desde donde ha difundido su discurso de la «gran sustitución». Lo grave, a su juicio, es que «hoy en día no puedes pretender ganar elecciones en Francia sin incluir la tradicional retórica del control migratorio, la preponderancia de la república sobre los valores islámicos… El peligro es que esto solo viene de la extrema derecha. Lo incorporó Sarkozy».

Zemmour, que fracasó dos veces en su intento de acceder a la ENA, se hizo periodista y llegó a ser columnista de Le Figaro, la cúspide de la prensa conservadora francesa. Desde hace tiempo es un tertuliano televisivo muy conocido y es autor de una decena de libros, muchos de ellos best-seller.

En comparación, Le Pen sería una extrema derecha razonable. Es la imagen que ella quiere proyectar… Ahora ella puede parecer un mal menor»

moussa bourekba, investigador en el cidob

«En comparación, Marine Le Pen ahora sería una extrema derecha razonable. Es la imagen que ella quiere proyectar. De forma paradójica la irrupción de este personaje en la campaña, que comparte muchas ideas del Frente Nacional y de Agrupación Nacional, contribuye a hacer que algunos puedan considerar a Marine Le Pen como una moderada, aunque sigue siendo de extrema derecha. Puede aparecer como un mal menor comparado con Zemmour. Marine Le Pen ha conseguido que su partido sea considerado como uno más».

Compite Zemmour con la agenda de la ultraderecha de Marine Le Pen y con la derecha tradicional. Según Bourekba, comparten la misma visión sobre temas como el control migratorio, el islam o la relocalización. «Es una figura más que llevará las obsesiones identitarias en las que Francia está hundida desde hace unos años hasta el extremo», afirma el investigador. 

«La gran diferencia entre Zemmour y Le Pen es el marco en el que ubican las problemáticas: según Zemmour, estamos ante un problema global. Occidente es una entidad monolítica judeocristiana y enfrente está el islam. También se distingue porque no tiene un programa económico que busque atraer a las clases populares. Sus propuestas son de corte neoliberal», apunta.

Este domingo Zemmour ha demostrado que tiene una gran capacidad de convocatoria. Unas 15.000 personas han acudido a su llamada. Al final del mitin han cantado con entusiasmo La Marsellesa. Había convocada una marcha para «callar a Zemmour» por aquellos que ven con espanto las propuestas identitarias y antimigración del ex periodista. Militantes anti Zemmour y pro Zemmour se han enfrentado en las gradas del Villepinte. Algunos acabaron sangrando. Francia enfila así las presidenciales de 2022 tan polarizada, o más, que en 2017. Lo único que les une son estos versos: «Allons enfants de la patrie… » Pero cada uno dibuja una patria diferente.