Europa

Eric Zemmour, el ultranacionalista revelación que amenaza a Marine Le Pen

El periodista se convierte en un fenómeno mediático aunque aún no ha anunciado su candidatura

Éric Zemmour, en primer plano, con la bandera francesa y Marine Le Pen, al fondo

Carmen Vivas

Francia está en peligro. Está suicidándose por la presión migratoria, especialmente el aluvión de inmigrantes que profesan el islam, y por la condescendencia de los liberales. Es un escenario que requiere de salvadores de la patria. Así ve su país de adopción y su papel en el actual momento político en nuestra vecindad septentrional Eric Zemmour (Montreuil, 1958).

«La guerra civil ya empezó», reitera este periodista, tertuliano y autor de numerosos libros de éxito como La France n’a pas dit son dernier mot, Destin français o Le suicide français. Ha sido colaborador del diario Le Figaro y hasta hace poco intervenía en la cadena de televisión CNews todas las tardes.

Aún no ha presentado oficialmente su candidatura a las presidenciales de la próxima primavera, pero en una encuesta de Harris Interactive para el semanario Challenges del 7 de octubre ya figura como segundo en las preferencias de los franceses. Es decir, pasaría a segunda vuelta con el presidente, Emmanuel Macron, que le sobrepasa en diez puntos. Quedaría por delante de la líder de Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen, quien a su lado parece moderada. De hecho, Zemmour reprocha a Le Pen que diferencie entre el islam y el terrorismo islamista. Para Zemmour, el islam es el mal.

Zemmour está tanteando el terreno. Mientras intenta conseguir las firmas de 500 regidores, está de gira por Francia con el pretexto de presentar su último libro: La France n’a pas dit son dernier mot. Y está marcando la agenda de la campaña porque sabe como nadie cómo atraer la atención mediática.

El fenómeno Zemmour, judío de origen argelino, nace en los medios de comunicación que tan bien conoce. Es un producto que se alimenta del vacío de la política, lo que reconoce, y de la competencia por la audiencia de los medios. Es un showman pero a la francesa, es decir, un intelectual que adora la Historia de Francia y que reivindica la grandeur. La France d’abord bien sûr!

De padres argelinos que dejaron el país después de la guerra de liberación, Éric Zemmour intentó en dos ocasiones entrar en la ENS, la escuela de la élite científica francesa pero no lo logró. Cambió su rumbo y se dedicó al periodismo. Proviene de una familia humilde pero a la vez forma parte de la élite.

Entró en 1986 en la redacción del Quotidien de Paris y diez años más tarde en Le Figaro. Escribió ensayos sobre Jacques Chirac y Edouard Balladur. También data de entonces El primer sexo, donde denuncia la excesiva feminización de la sociedad. Presentó su libro como «un tratado de saber vivir viril para uso de las generaciones jóvenes feminizadas». Su tesis sería que el mundo va mal porque se está perdiendo la virilidad.

Aboga por expulsar a los militantes LGTBI de las escuelas y afirma que es «una ideología criminal importada de Estados Unidos».

Casado con Mylène Chichportich desde hace casi 40 años, tienen tres hijos, dos varones veinteañeros y una joven de 17 años. Curiosamente su esposa, una abogada brillante y discreta, conserva su apellido de soltera, lo que da idea de que es una mujer con ambición y personalidad.

Recientemente, la revista Paris Match ha publicado unas fotos de Zemmour en actitud muy distendida con su asesora política personal, Sarah Knafo. En Francia la vida privada de los candidatos no tiene impacto en sus aspiraciones políticas.

Políticamente incorrecto

Donde se siente como pez en el agua es en la televisión, donde ha triunfado como tertuliano. No tiene reparos en decir que los menores inmigrantes son todos violadores y drogadictos o reprender al ministro de Cultura por la enseñanza del árabe en las escuelas francesas.

Dominique Eddé, novelista y ensayista libanés, ha escrito en Le Monde, a propósito de la propuesta de Zemmour de que todos los que tengan la nacionalidad francesa tengan nombre francés. Nada de Mohamed, Zinedine o Ali.

Zemmour (bocina en árabe) es un nombre que le va como un guante. La bocina es una metáfora perfecta de su combate. Moc, moc, moc. Apártense y déjenme pasar»

dominique eddé en ‘le monde’

«Quiere una Francia limpia como una sábana después de salir de la lavadora. Es un punto de vista. Empecemos por el principio: cuidemos los apellidos. Para empezar el suyo, Zemmour es una palabra árabe que quiere decir bocina (en bereber sería oliva, como dijo Jean-Luc Mélenchon). Y el nombre le va como un guante. La bocina es la metáfora perfecta de su combate. Moc, moc, moc. Apártense y déjenme pasar», señala Eddé. La tribuna se titula: «Eric Zemmour sueña con un país anclado en el espacio y en el tiempo».

La tesis principal de Eric Zemmour es que Francia vive bajo asedio del islam. «Las élites francesas desde hace 40 años han cometido la locura criminal de hacer y dejar venir a millones y millones de inmigrantes venidos de una civilización árabe-musulmana que es hostil a la civilización cristiana de la que venimos desde hace mil años», reitera. Y remarca tajante: «Está en juego la civilización».

A la derecha de Marine Le Pen

Zemmour se presenta como bonapartista y gaullista y sueña con ser el puente entre el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen y Los Republicanos, que no terminan de encontrar el norte. La izquierda, mientras tanto, se presenta dividida y espantada por el éxito mediático de Zemmour. En una entrevista en Le Point, la ex ministra de Cultura Catherine Trautmann, socialista, dice que es tan peligroso como lo era Jean Marie Le Pen. Sus postulados eran mucho más radicales que los que defiende su hija.

Le Pen ha buscado la normalización del partido, alejarlo del extremismo original. Ahora Reagrupamiento Nacional es más gaullista. Eso ha dejado espacio a su derecha y ha dado a Zemmour mucha visibilidad»

Ángel rivero, ‘geografía del populismo’

Según Ángel Rivero, coautor de Geografía del populismo y profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid, Reagrupamiento Nacional, el partido de Marine Le Pen «ha buscado la normalización del partido, alejarlo del extremismo original. Ahora Reagrupamiento Nacional es más gaullista. Eso ha dejado espacio a su derecha y eso ha dado a Zemmour mucha visibilidad. Representa la nostalgia de una Francia fuerte y grande».

Marine Le Pen, que pasó a segunda vuelta en 2017 con Emmanuel Macron, que abanderaba el movimiento En Marche!, resultó derrotada. Los Le Pen siempre chocan con el cordón sanitario que hace que todos se alíen en su contra a la hora de la verdad. Además, cuenta con una escasa representación en la Asamblea Nacional.

Sin embargo, si finalmente se presenta hay quienes ven factible que Eric Zemmour pase a segunda vuelta. Con todos los reparos que tiene hacer previsiones cuando faltan seis meses para la primera vuelta.

«Tendría opciones. Representa novedades porque no se centra en el tema económico y social, que en muchos aspectos el Reagrupamiento Nacional se acaba pareciendo a la izquierda radical de Mélenchon. Zemmour va al terreno ideológico y la batalla cultural. No tiene empacho en decir que el islam es incompatible con Francia. Y lo hace con una retórica que para muchos es atractiva porque conoce en profundidad la historia, la literatura y es un polemista con brío», afirma Alejo Schapire, autor de La traición progresista, periodista argentino residente en Francia.

Remarca Schapire cómo Zemmour no solo está atrayendo a posibles votantes de Marine Le Pen, sino también de los Republicanos: hasta un tercio de los que habrían optado por Fillon en 2017.

«Su principal caballo de batalla es la teoría del reemplazo: cree que hay una suerte de invasión pacífica que tiene que ver con un cambio demográfico (una población sustituye a otra) y las reglas ya no rigen sino que se trata de una sociedad hostil. Defiende la idea de que se libra una guerra civil no clásica pero sí una constante oposición violenta y puntual en sectores donde la realidad social es muy conflictiva», dice el ensayista.

Un Trump a la francesa

El autor de El suicidio francés no tiene problema en presenta a Donald Trump como un modelo. Y tampoco en ir a ver al primer ministro de Hungría, Viktor Orban, y ser su mejor abogado en Francia. Después del choque entre el gobierno de Polonia y la Unión Europea, ha insistido en que la ley francesa está por encima de los tratados europeos y deja de ello constancia en su cuenta de Twitter.

Como Trump, procede de los medios de comunicación, aunque de forma distinta. Donald Trump, magnate inmobiliario, se hizo famoso en todo Estados Unidos gracias al concurso El Aprendiz, en el que se representaba a sí mismo como empresario de éxito en busca de pupilos. Zemmour se ha dedicado al ensayo político y literario y luego se hizo tertuliano.

Zemmour cree qu estamos librando una batalla cultural en la que utilizar el lenguaje contra la corrección política sirve a sus objetivos, como le sirvió a Donald Trump»

alejo schapire, ‘la traición progresista’

«Trump era un personaje de la cultura pop. Zemmour viene de los medios y comenzó a sumar apoyos como polemista. Cree que estamos librando una batalla cultural en la que utilizar el lenguaje contra la corrección política sirve a sus objetivos, como le sirvió a Trump. Retoma alguna de sus ideas en el campo económico como el mayor proteccionismo frente a la globalización y la Unión Europea. Y asume también la idea de Trump de que las elecciones no se ganan en el centro sino fomentando la polarización de los extremos», explica Schapire.

Al igual que Trump prometía una América fuerte, Zemmour se presenta como un nuevo Napoleón. Y enfrente tiene al presidente, Emmanuel Macron, la encarnación de los ganadores de la globalización. Está recabando apoyos, buscando financiación, y tratando de crear una plataforma. Como Macron en vísperas de las presidenciales, no tiene partido.

Concluye Schapire: «Son, a juicio de Zemmour, quienes diluyen la identidad francesa en Europa y luego en una sopa multicultural. Se presenta como el último intento por salvar a Francia de una muerte segura». Para evitarlo, un nuevo salvador.

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