Ocho votaciones han necesitado los grandes electores italianos para decidir que nada cambie para que todo siga igual. Los partidos políticos, representados en la elección a Presidente por 1.009 diputados, senadores y delegados regionales, solo se han puesto de acuerdo en un nombre: Sergio Mattarella. Italia se encomienda así al actual presidente, que cumple 81 años en julio, para evitar una crisis política.

En la octava votación, que ha tenido lugar el sábado por la tarde, Sergio Mattarella ha superado la mayoría de 505 votos, tras el acuerdo alcanzado previamente entre los principales partidos para pedirle que siga como jefe del Estado. Finalmente ha logrado 759 apoyos Así se convierte en el más votado después de Sandro Pertini, que logró 832 papeletas favorables en 1978. Los grandes electores han aplaudido cuando se ha superado la ansiada mayoría.

Es la historia, sin embargo, de un fracaso. Los partidos han sido incapaces de encontrar un alternativa. Mattarella, cuyo mandato terminaba el 3 de febrero, jurará un día antes su renovación.

Mattarella ha dicho varias veces que no quería seguir en el cargo e incluso había empezado su mudanza desde el Quirinale. Los líderes de los principales partidos italianos han pedido a Mattarella que espere a su retiro hasta que se celebren nuevas elecciones, fijadas en 2023. Y finalmente ha aceptado. «Tenía otros planes, pero me pongo a disposición».

Los grandes electores comenzaron el lunes las votaciones en unas circunstancias peculiares debido a la pandemia. Cualquier ciudadanos mayor de 50 años puede ser elegido presidente. Los contagiados tenían que votar en el aparcamiento. Se daba por hecho que las tres primeras veces, cuando se requería mayoría absoluta, no habría fumata blanca, pero tampoco hubo avances con las mayorías simples, a partir de la cuarta votación, el jueves.

En su videocomentario el director del Corriere della Sera, Luciano Fontana, señala que «es una noticia óptima para Italia que en esta fase difícil vaya a estar al frente de la jefatura del Estado, Sergio Mattarella, y Mario Draghi, como jefe del Consejo de Ministros». Sin embargo, subraya que estamos «frente a un cúmulo de escombros del sistema de partidos: es la segunda vez en menos de un año que los partidos han fracasado a la hora de resolver cuestiones fundamentales para el país. Pasó con la crisis del Conte II, y ahora con la elección del presidente de la República».

«Para seguir adelante durante días sumando noes mejor será pedírselo a Mattarella», ha dicho el líder de la Liga, Matteo Salvini, que ha fracasado estrepitosamente en estas votaciones. Ni siquiera su intento in extremis de apoyar a una mujer ha contado con todo el apoyo del centroderecha. La presidenta del Senado, Elisabetta Casellati, que logró 382 votos, menos de los 450 que suman las fuerzas conservadoras.

Llamada de Berlusconi

Una vez que se ha visto que la séptima votación, en la mañana del sábado, tampoco saldría adelante, el líder de Fuerza Italia, Silvio Berlusconi, que soñaba con este puesto como gran despedida de su vida política, ha conversado con Mattarella. Berlusconi ha dicho previamente que veía un Mattarella bis como la única solución viable.

Quien discrepa con esta solución es Giorgia Meloni, líder de Fratelli d’Italia, que se ha distanciado de Salvini en estas votaciones. «El Parlamento ha demostrado que no está a la altura de los italianos a los que debe representar», ha dicho Meloni. Aboga por la elección directa del jefe del Estado.

Italia abordaba la renovación en el Quirinale con una gran división política, que ha quedado clara en las votaciones. Los nombres que tenían más apoyos al principio han sido los que al final seguían sobre la mesa: Sergio Mattarella, y el primer ministro, Mario Draghi. Pero SuperMario está al frente del gobierno y su salida habría supuesto un riesgo de anticipar las elecciones.

No es la primera vez que el presidente tiene que prolongar su mandato a su pesar. Ya le pasó al antecesor de Mattarella, Giorgio Napolitano, en 2013, que también permaneció hasta la siguiente convocatoria de legislativas. Los mandatos presidenciales son de siete años en Italia. El papel del presidente es más relevante que el desempeñado en España por el jefe del Estado. En caso de crisis institucional es quien busca más activamente las salidas, y puede vetar ministros cuando los propone el jefe del Consejo de Ministros.

Mattarella, aunque ha tenido encontronazos con varios de los grandes nombres de la política italiana, como Silvio Berlusconi, es respetado por todo el espectro. «Es uno de los pocos políticos con el coraje de renunciar a ser ministro por principios», dijo Matteo Renzi, actual líder de Italia Viva. Ahora, por principios, se ve obligado a mantenerse en la jefatura del Estado.