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El futuro de Boris Johnson como primer ministro, en manos de Scotland Yard

El informe policial, que puede demorarse semanas, dejará claro si el premier incumplió el código ministerial en el Partygate

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, sale del 10 de Downing Street

El primer ministro británico, Boris Johnson, sale del 10 de Downing Street. EUROPA PRESS

Como si fuera una novela de Agatha Christie, ahora entra en escena Scotland Yard. El futuro de Boris Johnson como primer ministro está en manos del informe de la Policía Metropolitana. Tienen unas 300 fotos y 500 páginas sobre 12 de las 16 fiestas que menciona en su informe Sue Gray. Habrá que esperar semanas pero Boris Johnson ya no tendrá más excusas si Scotland Yard demuestra que estuvo en alguna de las juergas organizadas en Downing Street, o que estaba al tanto de lo que hacían en la sede gubernamental.

Una de las 12 fiestas que están investigando en Scotland Yard fue objeto de varias preguntas de los diputados en la sesión de este lunes. Se trata de la celebración que tuvo lugar en el apartamento de Boris y Carrie Johnson el 13 de noviembre de 2020. Es relevante porque el primer ministro negó su presencia en este encuentro y por el motivo de la juerga: el despido de Dominic Cummings, que se había convertido en enemigo acérrimo de la pareja del premier.

El antiguo spindoctor de Boris Johnson está detrás de las revelaciones que conciernen al Partygate, publicadas en gran parte por el Daily Telegraph, la biblia de los tories. Boris Johnson ha tirado balones fuera cuando le han preguntado por esta fiesta, hasta tal punto que el líder del grupo parlamentario del Partido Nacional Escocés, Ian Blackford, le ha acusado de mentir al Parlamento. El político escocés ha tenido que abandonar la sala por desacato.

May, a la cabeza del fuego amigo

La sesión parlamentaria de este lunes ha demostrado que los conservadores están empezando a perder la paciencia con su jefe de filas. Boris Johnson, después de escudarse en el informe de Sue Gray, una vez conocido parcialmente ahora invoca la investigación de Scotland Yard. La cuestión es ganar tiempo, como si los atropellos que pone de manifiesto esa versión edulcorada de lo que pasó que ha presentado Gray, no exigieran ya una respuesta más allá de un eterno «lo siento, no volverá a suceder».

Después de días de espera, Sue Gray entregó su informe este lunes a Downing Street, que procedió a hacerlo público. Sin dar nombres, la funcionaria confirma que en la sede gubernamental se celebraron 16 fiestas en 20 meses en los que regían las normas sobre la distancia física que estaban vigentes por la expansión del coronavirus. El texto elaborado por Gray, a demanda de Boris Johnson, reconoce «fallos de liderazgo» y «un comportamiento difícil de justificar», como el «excesivo consumo de alcohol».

Lo que ha propuesto Boris Johnson, además de pedir perdón y decir en repetidas ocasiones que está muy compungido por los hechos, es reforzar la oficina del primer ministro, una solución que a algunos conservadores no les gusta.

El informe no está completo, debido a la investigación policial en curso, pero lo ya conocido ha llevado a la ex primera ministra Theresa May, antecesora de Boris Johnson, a interpelar al jefe del gobierno, en relación a los hallazgos de Gray: «Según el informe, o bien no habían leído las normas, o no las habían entendido o creían que no iba con ellos». Johnson ha dicho que el informe no refleja lo que plantea May. No es la primera vez que May critica la actuación de Boris Johnson en esta crisis.

En una carta al Maidenhead Advertiser escribió recientemente: «Es vital que quienes fijan las normas, cumplan con las normas… Es importante para conseguir el nivel de confianza necesario entre el público y el gobierno». May cayó por un motín de los tories en el que participó activamente Boris Johnson.

Quienes se han rebelado este lunes en el Parlamento no han sido los laboristas, que también, aunque su líder, Keir Starmer, no ha estado a la altura del debate, sino tories senior como Theresa May o Andrew Mitchell. La secretaria de estado de Educación, Angela Richardson, ha dimitido por discrepar seriamente con el manejo del escándalo del Partygate. También el líder nacionalista escocés, Ian Blackford, que se ha encarado con Boris Johnson y le ha acusado de mentir al Parlamento en reiteradas ocasiones.

El primer ministro no dice la verdad

Las encuestas son demoledoras. Según una encuesta de Opinium, dos terceras partes de los votantes creen que Boris Johnson debería dimitir después del informe de Gray. El 83% cree que se saltó las normas. Tres de cada cuatro sostiene que miente. Como sucesor quien despierta más simpatía es el ministro de Hacienda Rishi Sunak, con un 46% de apoyo, a distancia de la ministra de Exteriores, Liz Truss (22%) y del titular de Educación, Michael Gove (24%).

Después de la tumultuosa sesión en la Cámara, el primer ministro se ha reunido con el grupo parlamentario. Según la periodista Laura Kuenssberg de la BBC, las aguas estuvieran más calmadas en este encuentro, si bien los diputados conservadores siguen sin ver claro lo que propone Boris Johnson como solución a la falta de control en Downing Street.

En la web de The Spectator, Robert Peston, jefe de política de ITV, apunta cómo el futuro de Boris Johnson está en manos del informe de Scotland Yard. «El poder de la actualización de la investigación de Sue Gray está más en lo que no dice que en lo que dice», señala Peston.

«No queda claro si el fallo de liderazgo será letal para el primer ministro. Intentará retratarse como una íctima de un sistema incompetente e ineficaz. Promete reformas y limpieza. Pero si la policía encuentra que la fiesta en el jardín del 20 de mayo de 2020 violó las normas, o que su cumpleaños el 19 de junio o la celebración del 13 de noviembre, van contra la ley no podrá echarla culpa a sus subordinados», escribe Peston, en el medio que dirigió Boris Johnson, que fue periodista antes que político.

Y concluye Peston: «Según el código ministerial, que exige el máximo de moralidad a todos los ministros, debería ser obligado a dimitir. La censura sobre el informe de Gray no le ha sentenciado. Ahora será Scotland Yard quien decida si puede permanecer en Downing Street».

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