Estados Unidos

La OTAN recupera el pulso gracias a Putin

El desafío de Rusia ha reforzado de momento la unidad de la Alianza Atlántica, que ha de mantenerse firme a sus principios y no aceptar el reparto de zonas de influencia

Carmen Vivas

Putin, sin pretenderlo, ha provocado que la Alianza Atlántica recupere su razón de ser. Al atacar los principios sobre los que se forja la OTAN, el líder ruso está revitalizando la unión transatlántica, que había quedado debilitada tras la desastrosa retirada de Afganistán, en agosto pasado.

Ahora falta lo más difícil: la OTAN ha de hacer frente al desafío de la amenaza rusa. No solo está en juego Ucrania: va más allá. Es la arquitectura de seguridad europea y el sistema de valores sobre el que se funda la Alianza Atlántica. Es la democracia occidental lo que Putin ve como un peligro.

La cumbre de Madrid, que se celebra el 29 y 30 de junio, tiene en agenda definir el nuevo concepto estratégico. Estaba previsto que aludiera a China, al cambio climático, la ciberseguridad, el terrorismo, pero ahora es cómo combatir la amenaza rusa lo que preocupa a los aliados. Es un giro de 180 grados.

El Tratado de Washington, sobre el que se funda la Alianza Atlántica, se basa en el principio de lograr la paz a través de la prosperidad. Así nace esta organización defensiva basada en valores comunes. Vincula la seguridad de EEUU y la de sus aliados europeos. Solo interviene en caso de que alguno de sus miembros resulte atacado. Nunca ha actuado de otra manera.

«Las Partes de este Tratado reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los Gobiernos. Decididos a salvaguardar la libertad, la herencia común y la civilización de sus pueblos, basados en los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley. Deseosos de promover la estabilidad y el bienestar en la zona del Atlántico Norte. Resueltos a unir sus esfuerzos para la defensa colectiva y la conservación de la paz y la seguridad».

Sin embargo, Putin insiste en describir a la OTAN como una amenaza como si fuera una organización que tuviera un historial de agresiones injustificadas. Y en la carta con las exigencias rusas, un auténtico ultimátum, demanda que la Alianza Atlántica ponga fin a sus política de puertas abiertas, rechace la incorporación de Ucrania, y además se repliegue de Europa del Este. Putin quiere poner el reloj en 1997 y recomponer las zonas de influencia que tenía la Unión Soviética.

Conviene insistir en que el ingreso de Ucrania en la OTAN no está sobre la mesa. Ni siquiera va a tratarse en la cumbre de Madrid del 29 y 30 de junio próximo, donde se planteará el nuevo concepto estratégico. Muchos expertos coinciden en que uno de los grandes fallos de la Alianza Atlántica fue que en la cumbre de Bucarest de 2008 se invitó a Georgia y Ucrania, pero sin intención de consumar su ingreso. No es casualidad que desde entonces Putin incrementara sus intervenciones contra Georgia y Ucrania, que quedaron expuestas pero sin la protección de estar dentro de la OTAN.

El desastre de la retirada de Afganistán

¿Por qué lo hace ahora? La situación sobre el terreno no ha variado. Pero cree que el enemigo es débil. Primero escuchamos a Donald Trump hablar de cómo la OTAN se había quedado «obsoleta», y luego Macron habló de su «muerte cerebral». Y para confirmar los peores augurios, Afganistán.

La retirada de Afganistán, en agosto pasado, fue un desastre para Estados Unidos, que dejó clara que su mirada estaba puesta en la zona del Indo-Pacífico. Afganistán cayó en manos de los talibanes tras dos décadas de intervención aliada. Aquello fue una demostración de falta de coordinación con los aliados. «El principio de ‘in together, out together‘ parecía haber sido abandonado, primero por Trump y ahora por Biden», decía Lord George Robertson, ex secretario general de la OTAN.

Putin hizo sus cálculos y dedujo que nunca antes la Alianza Atlántica había estado tan débil. En Estados Unidos la polarización sigue creciendo con Joe Biden al frente, y su popularidad está bajo mínimos. La gran líder europea, Angela Merkel, se retiró en diciembre y el nuevo gobierno federal alemán no termina de ponerse de acuerdo consigo mismo en política exterior. Y el presidente francés, Emmanuel Macron, tiene las elecciones en puertas. Con su mentalidad de KGB, si el enemigo está dando muestras de fragilidad, es momento de aprovecharlo.

Si Rusia quería menos OTAN en sus fronteras, ha logrado lo contrario. Y si invade Ucrania, estaremos aún más unidos»

jens stoltenberg, secretario general de la OTAN

«En momentos de incertidumbre demostramos que estamos juntos. Lo demostramos en la Guerra Fría, en los Balcanes, en el 11S y lo estamos demostrando ahora con Rusia y su intención de agredir Ucrania. Si Rusia quería menos OTAN en sus fronteras, ha logrado lo contrario. Y si invade Ucrania, estaremos aún más unidos», dijo el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en un acto organizado por el Atlantic Council. En la cumbre de Madrid se elegirá al sucesor de Stoltenberg, que cumple su mandato en septiembre. Hay varios nombres sobre la mesa y esta crisis con Ucrania influirá en la búsqueda del candidato. Hay varias mujeres en las quinielas. Entre ellas, según Politico, están la ex presidenta de Estonia Kersti Kaljulaid y la ex presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaité, que darían una imagen de contundencia frente al Kremlin, o la ex presidenta croata Kolinda Grabar-Kitarovic.

En la misma línea optimista de Stoltenberg escribía en su cuenta de Twitter, Ian Bremmer, fundador del Eurasia Group: «Putin por sí solo ha reforzado la OTAN. De esta forma, el primer impacto geopolítico de la escalada rusa en el conflicto de Ucrania ha sido el fortalecimiento de la OTAN».

La reacción ha sido de condena a la amenaza rusa, de movilización de efectivos desde EEUU a Europa del Este, así como los ejercicios militares en los que participa España entre otros, y el interés en Finlandia y Suecia de unirse a la OTAN. Sin embargo, Rusia sabe jugar las cartas de la diplomacia y de la estrategia militar.

No es un enemigo fácil, más aún cuando se ha confirmado este viernes que cuenta con el apoyo de China. El presidente chino, Xi Jinping, ha rechazado la ampliación de la Alianza Atlántica y así ha respaldado las exigencias de Moscú a EEUU y la OTAN. Xi y Putin han hecho una demostración de fraternidad en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín.

La percepción de la amenaza

«Desde una perspectiva realista, afrontamos dos grandes retos: Rusia, que maneja nuestra debilidad con gran habilidad porque sus élites son muy capaces en política exterior y ciencia militar. A eso se añade este entendimiento con China, porque tanto Pekín como Moscú consideran que el orden liberal es un obstáculo para sus intereses», señalaba Florentino Portero, presidente del Consejo Asesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria, en un encuentro virtual organizado por el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos del CEU y la Asociación Atlántica Española. «Y la percepción de la amenaza no es común. Y si es así, no podemos tener una estrategia común».

El segundo desafío al que aludió Portero tiene que ver con la demanda del Kremlin de poner fin al principio de puertas abiertas. «No es discutible porque afecta a la lógica de la Alianza. Rusia está exigiendo que renunciemos al Tratado de Washington y adoptemos la doctrina Brezhnev [o soberanía limitada]. Si la Alianza no es fiel a sí misma, no podrá mantenerse cohesionada», dijo Florentino Portero.

Si bien la reacción inicial ha sido de unidad, aún no ha terminado la partida. Putin intenta negociar solo con Estados Unidos, por un lado, si bien está dejando una vía a Macron, que se ha erigido en mediador-en-jefe por la parte europea. Lleva ventaja porque el líder ruso sabe lo que quiere. Su objetivo es restablecer las zonas de influencia de la Unión Soviética y Ucrania es un territorio especialmente sensible para Putin. Ucranianos y rusos son hermanos, decía en un artículo del verano pasado.

Helsinki, Yalta y Múnich

Como escribe Timothy Garton Ash, en The Guardian, mientras Putin lo tiene claro, «la cuestión estratégica de las democracias de Europa y Norteamérica es: ¿cuáles son nuestras intenciones».

Según Garton Ash, Occidente se debate entre el modelo de Helsinki y el de Yalta. «Sobre el papel, todo el mundo en Occidente suscribe el modelo de Helsinki, una Europa de Estados democráticos, independientes, soberanos y con igualdad de oportunidades, donde se respete el Estado de derecho y los problemas se resuelven por medios pacíficos. Empezó a desarrollarse con el Acta de Helsinki de 1975… Se resumen en la frase del diplomático Harvey Sicherman: ‘Europa entera y libre… y en paz'», señala Garton Ash.

La alternativa es Yalta, por la cumbre celebrada en esta localidad de Crimea, entre Stalin, Roosevelt y Churchill, donde se reparten Europa en zonas de influencia.

Occidente ha de elegir. Y no solo decir que prefiere Helsinki, sino actuar según este modelo. Y permanecer abierto a una Rusia post Putin»

timothy garton-ash

A juicio del historiador británico, experto en Europa Central y Oriental, si ahora brindamos una defensa a medias a Ucrania, estamos fingiendo el modelo de Helsinki pero practicamos en realidad el de Yalta. «Occidente ha de elegir. Y no solo decir que prefiere Helsinki sino actuar según este modelo. Y permanecer abierto a una Rusia post Putin», remarca Garton Ash.

Y eso nos plantea otra cuestión que politólogos como Robert Kaplan han puesto sobre la mesa: ¿sería una solución la finlandización de Ucrania? Es decir, crear una zona neutral entre Rusia y la OTAN. En realidad, esa salida terminaría siendo en realidad una concesión y una renuncia a la soberanía de Ucrania. Son los ucranianos quienes han de poder decidir.

Es un momento crucial para la Alianza Atlántica. «Rusia trata de minar sus principios. Nadie cree en Rusia que Ucrania vaya a entrar en la OTAN», decía Ana Palacio en el webinar. Y algunos como el ex embajador Javier Rupérez tienen estos días en mente las concesiones hechas a Hitler en los Sudetes. En un año estalló la Segunda Guerra Mundial, a pesar de esas renuncias. O precisamente por ellas.

Te puede interesar

Comentar ()