Europa

La guerra de Putin está ya en marcha

La campaña de desinformación, combinada con el hostigamiento económico, ciberataques y la presión militar, muestran cómo el Kremlin trata de lograr su objetivo: desestabilizar Ucrania y cambiar la arquitectura de seguridad europea

Maniobras militares conjuntas de Rusia y Bielorrusia

Una muestra de las maniobras militares llamadas Union Coraje-2022 de rusos y bielorrusos en Brest, Bielorrusia.

En 1946 George Kennan, diplomático estadounidense con gran conocimiento de la Unión Soviética, escribió lo que primero llamó Long Telegram, base de un artículo anónimo que publicó en Foreign Affairs. Kennan ya daba cuenta de cómo el Kremlin combatiría a Occidente con todos los medios a su alcance. «El liderazgo se siente libre de recurrir a cualquier planteamiento por razones tácticas siempre que lo considere útil a su causa», escribía Kennan, que explicaba cómo Moscú creía que vencería a Occidente porque sería presa de sus propias contradicciones. Fomentar la división sería clave.

Setenta y cinco años después Kennan nos da pistas para entender cómo la guerra de Putin contra las potencias occidentales ya está en marcha. Es una guerra híbrida que combina elementos como la desinformación, la ciberguerra, la desestabilización económica, con la presión militar y los ataques convencionales. Ucrania lleva años siendo su laboratorio de pruebas.

De hecho, el propio Putin ya lo anunció hace 15 años cuando asistió a la Conferencia de Seguridad de Múnich, que se celebra este año sin la presencia de ningún representante ruso. En febrero de 2007, Putin, que habló durante media hora en el Bayerischer Hof, acusó a Estados Unidos de crear «un mundo donde solo hay una potencia soberana, algo que es pernicioso». Su tono hostil llevó al entonces secretario de Defensa, Robert Gates, a bromear con el hecho de que con una guerra fría habían tenido ya suficiente. Pero Putin no estaba de acuerdo.

A Putin pocos líderes europeos le entienden y él juega con esa baza. En una entrevista en el Financial Times, Kaja Kallas, lo deja claro: «Hay cierta ingenuidad hacia Rusia. Traté de explicárselo al presidente Macron: ves esto a través del prisma de un país democrático. Si crees que a Rusia le importa que esto salga muy caro, te equivocas porque a Putin no le importa. No depende de unas elecciones». Kallas mantiene que habría que ejercer una «paciencia estratégica» con Putin.

En la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año Rusia focaliza la atención y está presente en todos los debates porque mientras los principales dirigentes mundiales, entre ellos el jefe de la diplomacia de EEUU, Antony Blinken, la vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, o la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, que ha aludido a que el Nord Stream 2 está sobre la mesa en caso de invasión, hablan sobre los desafíos a la seguridad global, Putin actúa. Y lo hace en Ucrania, su objetivo en este pulso a EEUU y la OTAN.

Esta semana ha dado pasos muy preocupantes que permiten vaticinar que en las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk se prepara una ofensiva que combina acción militar, desinformación y pasos políticos. Son el talón de Aquiles de Ucrania porque ahí actúa el Kremlin a través de los separatistas prorrusos, de modo que puede perpetrar acciones y esconder la mano.

En primer lugar, la Duma autorizó a Putin el reconocimiento de la independencia de Donetsk y Lugansk con el objetivo de «proteger» a la comunidad rusa. También con este fin los líderes separatistas de Donetsk y Lugansk han ordenado este viernes la evacuación de civiles a Rostov, en Rusia, en previsión de bombardeos ucranianos, que Kiev niega categóricamente. Los mensajes sorprendentemente fueron grabados el miércoles 16. Los desplazados forzosos recibirán unos 100 euros al cambio por orden de Putin. Los líderes separatistas prorrusos han llamado a la movilización de todos los que puedan manejar armas. La víspera hubo decenas de violaciones del alto el fuego en el Donbás.

Putin se ha referido al «deterioro de la situación» en el este de Ucrania y a la «masiva y sistemática violación de los derechos humanos» contra la minoría rusa. Ha ordenado la movilización de reservistas para realizar maniobras militares. Rusia está armando un casus belli: la explosión en Lugansk de un gasoducto ha sido calificado por medios rusos de acto terrorista. El presidente de la Duma dice que Moscú no quiere ir a la guerra pero que defenderá a los rusos en el Donbás si son atacados. Es la crónica de una guerra anunciada.

«Nadie sabe lo que tiene en la cabeza Putin, pero los bombardeos y las provocaciones transmiten la impresión de que la escalada será gradual y que los rusos irán probando sobre el terreno si pueden avanzar o no», dice Gustav C. Gressel, investigador en el European Council on Foreign Relations (ECFR).

A ello se suma la presión militar. El embajador de EEUU en la OSCE, Michael Carpenter, asegura que son entre 169.000 y 190.000 las tropas rusas que circundan Ucrania. Es decir, no hay repliegue, como mantiene el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Moscú insiste en que sí se está retirando, aunque a la vez Putin asiste este sábado a unas maniobras con misiles nucleares, que no pudieron hacerse en los dos últimos años por la crisis del coronavirus.

En una declaración en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha dicho este viernes que está convencido de que Putin ya ha tomado la decisión de atacar Ucrania, incluso de llegar hasta Kiev, pero no quiso cerrar la puerta a la vía diplomática aún. «En caso de que lo hagan, como pretenden ahora buscando excusas y acusando falsamente a Ucrania, se exponen a sanciones que ya tenemos preparadas. Y vamos a ayudar a los ucranianos, no con tropas, pero contarán con nosotros», ha dicho, tras una videoconferencia con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el canciller alemán, Olaf Scholz, el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro italiano, Mario Draghi, el británico, Boris Johnson, el rumano, Klaus Johannis y el presidente polaco, Andrzej Duda, junto al primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

La tensión es la ‘nueva normalidad’

«En realidad, la guerra comenzó hace ocho años (la fase activa) y tal vez desde 2000-2001 (fase de preparación). Ahora solo vemos una nueva ronda de escalada, pero esta guerra activa y caliente continúa desde 2014 y nunca ha parado. Tenemos diferentes ángulos o aspectos de la misma – ataques cibernéticos, bombardeos de artillería, cuestiones económicas (como Nord Stream-2, los precios del gas natural, las prohibiciones de los productos ucranianos, etc), medios diplomáticos, y lawfare o guerra jurídica. Ahora tenemos uno nuevo: la intimidación mediante la concentración de tropas cerca de las fronteras ucranianas. Es similar al mismo despliegue de hace un año, en la primavera de 2021. La diferencia ahora es que hay más tropas en Bielorrusia», señala Yuri Lapaiev, director de The Ukrainian Week Magazine.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo en la cumbre con los ministros de Defensa aliados esta semana, que Rusia ha dejado claro que ahora vivimos «una nueva normalidad». El Kremlin ha dejado claro que su objetivo es una nueva arquitectura de seguridad en Europa, y eso incluye que Ucrania esté bajo control ruso. ¿Cómo conseguirlo? Por todos los medios a su alcance.

A corto plazo podríamos ver una mezcla de actividades: provocaciones en el Donbás ocupado, bombardeo de civiles, actos terroristas, ciberataques, interrupciones en el comercio y ultimátums diplomáticos»

yuri lapaiev, direcror de ‘the ukrainian week magazine’

«Coincido con Stoltenberg en que estamos ante una nueva normalidad. Creo que Rusia hará todo lo que quiera y lanzará el mensaje de que puede invadirnos en cuanto quiera. Así puede crear una catástrofe artificial en las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk, culpando a las fuerzas armadas ucranianas. Tal vez a corto plazo podríamos ver una mezcla de actividades: provocaciones en el Donbás ocupado, bombardeo de civiles, actos terroristas en la parte de Ucrania controlada por el gobierno, ciberataques, tal vez algunas interrupciones en el comercio (como petróleo, gas o electricidad) y algunos ultimátums diplomáticos», añade Yuri Lapaiev.

«Todo esto tiene un enorme impacto negativo en nuestra economía. Nosotros no tenemos el paraguas de oro de los recursos energéticos como Rusia. De este modo, además de la ayuda militar, necesitamos algo similar al Plan Marshall (para Alemania después de la Segunda Guerra Mundial) para ayudar a nuestra economía a sobrevivir», señala el director de The Ukrainian Week Magazine.

Es, como dice la periodista Anna Korbut, «una guerra por estrangulamiento en la que tiene relevancia la presión económica, los ciberataques, y también política. Rusia cierra puertos pero a la vez demanda que se cumplan los Acuerdos de Minsk, según su óptica. Es decir, que los separatistas prorrusos tengan voz en Kiev y así desde allí desestabilizar». Ucrania ha sufrido esta semana un ciberataque a instituciones bancarias pero no es novedad. Ya los padeció a gran escala en 2015 y 2016.

De todos los medios que utiliza Rusia en esta guerra híbrida destaca su campaña de desinformación. Para Nicolás de Pedro, investigador senior en The Institute for Statescraft, «el objetivo último es doblegar a los ucranianos y Rusia utilizará todos los medios para lograrlo. Si hace falta, también recurrirá a los medios convencionales. Pero la información es muy relevante. Con la falsa retirada trasladan que si hay ataque será para proteger a la población y además apunta a Ucrania como problema. Juegan con la paciencia de los europeos».

Ucrania, laboratorio de la desinformación rusa

En Ucrania, Rusia lleva años experimentando tácticas que luego ha aplicado en otros conflictos. Yeven Fedchenko, fundador de Stop Fake, ha estudiado a fondo cómo impone Rusia su narrativa, basada en datos falsos convenientemente manipulados en su conveniencia.

«Hemos sido el conejillo de Indias del guion ruso. Nosotros sabemos cómo se organiza el ecosistema informativo y conocemos sus narrativas. También sus implicaciones. La narrativa del genocidio la llevan vendiendo desde noviembre. Así quieren justificar sus acciones en Ucrania. Por eso podemos hacer predicciones militares. Así entendemos cómo se comporta militar y diplomáticamente», afirma Fedchenko en conversación telefónica desde Kiev.

Han convertido la información en un elemento sustancial en la toma de decisiones. Difunden informaciones falsas y crean un realidad paralela y la viralizan a través de su ecosistema informativo»

yevhen fedchenko, fundador de stop fake

Según Fedchenko, «han convertido la información en un elemento sustancial en la toma de decisiones. Difunden informaciones falsas como que Ucrania va a recuperar Crimea por la fuerza y eso influye en la toma de decisiones. Crean una realidad paralela y la viralizan a través de su ecosistema informativo del que forman parte medios digitales, redes sociales, sus portavoces oficiales… Si tienen éxito en Ucrania, usan estos métodos en otras partes del mundo».

Así pues, la escalada en esta guerra que practica Putin no solo consiste en mover carros de combate sino que también se trata de imponer una narrativa. En este caso ahora el mensaje es que las víctimas son los rusos en el Donbás, a quienes hay que proteger. A su vez, el Kremlin intenta atemorizar a los ucranianos. «Lo hace con ciberataques, que también dañan la economía, y mensajes amenazantes, como falsos avisos de bomba. Un día hubo que desalojar todas las escuelas en Kiev. Es una presión constante sobre los ucranianos. Y van cambiando su estrategia según sea la reacción. El objetivo es desestabilizar Ucrania desde fuera y desde dentro. También se promueven manifestaciones de sectores que de repente cobran fuerza», añade Fedchenko.

Este experto en desinformación cree que es un acierto que los aliados hayan anunciado cuándo prevén que habrá invasión. «Aunque se burlen los portavoces del Kremlin, estoy convencido de que eso les hace cambiar los planes. Permite ganar tiempo y el tiempo es relevante en este caso porque da opciones a la diplomacia. Putin tiene prisa. No sabemos por qué: si prevé un colapso económico o hay algún problema que desconocemos», afirma el fundador de Stop Fake. Destaca que está ayudando a evitar una invasión el hecho de que los dirigentes occidentales estén viajando a Kiev. «Es una señal de apoyo y evita el ataque también», dice el investigador.

A su juicio, sería vital que Estados Unidos y la Unión Europea aplicaran sanciones contra Putin y su círculo lo antes posible. «Ucrania está siendo bombardeada ya en la frontera. Las sanciones ayudarían. No hace falta que entren los carros de combate. Hay que atacar las finanzas de Putin y su círculo más cercano. Las sanciones personales les harían mucho daño. Tienen la mayor parte de su dinero en el extranjero».

Los ucranianos se mantienen firmes frente a la presión del Kremlin. Según Fedchenko, «Putin ha perdido porque no entiende Ucrania. Cree que los ucranianos quieren ser liberados pero no es así. Están dispuestos a resistir».

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