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Stoltenberg, secretario general de la OTAN: "No vemos ningún repliegue de tropas rusas"

La Alianza Atlántica se plantea enviar cuatro batallones multinacionales a Rumanía para reforzar su flanco suroriental

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, en Bruselas

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la cumbre de ministros de Defensa, en Bruselas. EFE

A pesar de que el Kremlin insiste en que ha iniciado el repliegue de sus tropas, la OTAN insiste en que no ve cambios sobre el terreno. Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza, ha reconocido que hay señales desde Moscú de que la diplomacia puede continuar, pero nada indica que haya un repliegue como anuncia insistentemente el Kremlin. «Rusia mantiene sus tropas dispuestas para el ataque. Es la mayor concentración de fuerzas de combate desde la Segunda Guerra Mundial», ha dicho después de la primera sesión de la cumbre de ministros de Defensa de la Alianza Atlántica en Bruselas.

«Sabemos la capacidad militar que tienen. Lo que no sabemos es qué harán con ella. Si usan la fuerza, pagarán un gran precio. Habrá sanciones. Y el ejército ucraniano está mejor preparado que en 2014», ha remarcado Stoltenberg. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, coincide en que no tiene constancia de que los rusos están volviendo a sus cuarteles.

Pero incluso si no usan la fuerza, la amenaza permanece, según la Alianza Atlántica. Es lo que ha llamado Stoltenberg la «nueva normalidad», que se traduce en que Rusia pone en cuestión los fundamentos de la seguridad europea. De ahí que la OTAN se plantea la creación de cuatro grupos de combate multinacionales que se emplazarían en Rumanía. Cada uno se compondría de unos 1.000 efectivos.

«No vamos a desplegar armamento ofensivo en Ucrania, pero hemos de prepararnos porque esa nueva normalidad nos obliga a protegernos. Y no vamos a cerrar las puertas a Ucrania», ha señalado Stoltenberg, que dejará el cargo en septiembre. Será el presidente del Banco Central de Noruega. En la cumbre de junio en Madrid se elegirá a su sucesor.

También ha dejado claro que la OTAN se basa para temer una agresión en el despliegue de tropas rusas y en lo que ha hecho Rusia en otras ocasiones. «Sabemos que es capaz de agredir y de violar el derecho internacional», ha dicho Stoltenberg, quien a su vez ha tendido la mano a Rusia para que asista a una reunión del Consejo OTAN-Rusia. «No es tarde para elegir el camino de la paz».

En un comunicado, los ministros de Defensa de la OTAN, entre los que se encuentra la española Margarita Robles, constatan su preocupacón por la «enorme e injustificada escalada militar rusa en torno cerca de Ucrania y en Bielorrusia». Por ello, piden a Rusia que «retiren sus fuerzas y cumplan con sus compromisos internacionales». Serán fieles a su doble aproximación a la crisis y combinarán disuasión y apertura al diálogo.

Reconocen los ministros de Defensa que «las acciones de Rusia suponen una amenaza seria a la seguridad euroatlántica». De ahí que hayan desplegado fuerzas en la zona este de la Alianza. «Nuestras medidas son preventivas y proporcionadas. Estamos preparados para reforzar nuestras posiciones y responder a todas las contingencias», señalan los ministros.

Putin dice que Rusia no quiere la guerra

En su encuentro con el canciller alemán, Olaf Scholz, el líder ruso, Vladimir Putin, confirmó que las tropas rusas se habían empezado a retirar del sur y el oeste del país y seguirían haciéndolo al finalizar las maniobras militares. Este martes el Kremlin ha anunciado que también habría un repliegue parcial en Crimea. Putin también mostró su disposición a seguir conversando sobre medidas que deberían adoptarse para el control de armamento. Y fue claro: «Rusia no quiere la guerra».

Es su mantra desde que EEUU y sus aliados lanzaron informaciones sobre una inminente invasión. Incluso llegaron a dar fecha, justo este miércoles, lo que ha llevado a los rusos, maestros en propaganda, a burlarse de esta previsión del bloque de Occidente.

La portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajarova, decía que los servicios de información occidentales deberían informar de todas las invasiones de 2022 para así ajustar las vacaciones. Es una muestra más de cómo la guerra no solo se libra en las trincheras. También hay un frente mediático.

En su encuentro con Putin, el canciller Scholz dejó claro que el ingreso de Ucrania en la OTAN no tiene fecha, de modo que no puede ser eso una razó para una guerra en Europa. El líder ruso dio cuenta de cómo Alemania es un socio muy apreciado por Moscú. El gasoducto Nord Stream 2, pendiente de aprobación final por el regulador alemán, llevará gas de Rusia a Alemania, su principal cliente en Europa, directamente.

Es una incógnita si entre las sanciones que se aplicarían habría medidas que conciernan al gasoducto, lo que causaría un gran disgusto en el Kremlin. Berlín trata de evitar pronunciarse sobre qué haría finalmente.

Sea como sea, por un lado, está Putin que asegura que no tienen intención de agredir a Ucrania y a la vez confirma que las tropas están de vuelta, al menos parte de ellas. Y por otro la OTAN que no ve que haya pasos atrás sobre el terreno. El presiente de EEUU, Joe Biden, mantiene también que sigue siendo posible la agresión rusa en Ucrania.

Para los aliados, el Kremlin está recurriendo a maniobras de distracción. Algunas, muy serias, como la posibilidad de reconocer la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, que harían que los maltrechos Acuerdos de Minsk 2 saltaran por los aires. Y darían pie a una invasión en nombre de los derechos de los rusos en estos bastiones de los separatistas prorrusos en Ucrania.

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