Ya no quedan zonas “seguras” en Ucrania. El alcalde de Leópolis, Andrei Sadovi, ha acusado a Rusia de perpetrar “un genocidio, una acción deliberada para matar a civiles pacíficos” en su ciudad, la urbe en la que miles de ucranianos han buscado refugio hasta ahora. Leópolis, la llamada «ciudad de los mil nombres», encarna el alma de Ucrania. 

Si bien al principio de la guerra Rusia colocó a Kiev, la capital, como su objetivo, por su simbolismo político, casi dos meses después ha perpetrado un ataque con cuatro misiles en esta ciudad del oeste de Ucrania. Ubicada a tan solo 70 kilómetros de la frontera polaca, Leópolis se ha convertido en un lugar de acogida para los miles de desplazados que huyen de ciudades bombardeadas en el este y sur del país. Hasta ahora era una tabla de salvación y muchos de sus habitantes, y de sus huéspedes, confiaban en que el Kremlin tendría otras prioridades.

Al lanzar cinco misiles contra Leópolis, que han causado la muerte de al menos siete personas, y han herido a otras 11, entre ellas un niño, Rusia quiere hacer que Ucrania se sienta más vulnerable. El pequeño, Artem, había huido junto a su madre desde Jarkov. El gobernador de la región, Maksym Kozytskyy, ha dicho que los misiles alcanzaron tres instalaciones de infraestructura militar y un taller mecánico. Uno de los edificios dañados es un hotel que albergan a desplazados ucranianos. 

“Todas nuestras ciudades y pueblos están en la misma situación”, ha dicho el alcalde Sadovi. La cercanía de las vías férreas de los ataques ha hecho temer lo peor. Si se deja de utilizar el tren, los ucranianos se quedarían atrapados. 

A su vez, Rusia ya ha comenzado una gran ofensiva en el este del país, con el objetivo de reafirmar su dominio del Donbás, mientras espera a que caiga definitivamente Mariúpol, donde unas 100.000 personas sobreviven en condiciones infernales desde hace semanas. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha calificado la situación de «inhumana». Un par de miles de soldados resisten junto a civiles en una planta de acero. Este martes las tropas rusas han vuelto a dar un ultimátum para que se rindan.

El ataque sobre Leópolis, cuna de escritores como Joseph Roth o Stanislav Lem, se escapa a la lógica militar. Ivan Zhdanov, opositor ruso, ha destacado que lanzar estos misiles a tanta distancia supone un gasto millonario. La finalidad sería intimidar a los civiles ucranianos, que se veían protegidos en la ciudad, patrimonio de la Unesco.  

«Desde la invasión a gran escala del 24 de febrero, Leópolis se ha convertido en un refugio para los desplazados internos de toda Ucrania. He ayudado personalmente a alojar a docenas de ellos. Llegan por miles a diario desde las regiones del este y del norte, donde los combates están en su punto álgido. Para ellos, es comparativamente segura: aunque fue alcanzada por cohetes rusos unas cinco veces, no es ni de lejos la experiencia de los habitantes de Járkov, en el este, o incluso de la capital, que han sido bombardeados sin descanso durante este tiempo», señala la ucraniana Sasha Dovzhyik, residente en Londres, pero que viaja de forma intermitente a Leópolis a prestar ayuda.

«La ciudad no solo se ha convertido en un puerto para los desplazados internos, sino que también es el punto de entrada de los periodistas extranjeros. Es la ciudad más occidental de Ucrania, a unos 70 kilómetros de la frontera polaca, de la frontera con la UE», añade Dovzhiyk.

El bombardeo ruso es un intento de demostrar que ningún lugar es seguro y de sembrar el pánico entre los civiles. Rusia se siente impune»

sasha dovzhyk, activista ucraniana

Rusia había bombardeado objetivos cercanos a Leópolis, como una fábrica de reparación de blindados y una base militar a mediados de marzo donde habían entrenado fuerzas de la OTAN hasta semanas antes. Ese ataque fue el más cercano a un país aliado, Polonia, de los que ha perpetrado. Además de haberse convertido en un gran centro de acogida de desplazados internos, también desde Leópolis se organiza el envío de armamento que entra en Ucrania desde Polonia. Es la excusa que ha esgrimido el Kremlin.

Desde que Putin ordenó la invasión de Ucrania, Leópolis, uno de los principales atractivos turísticos del país, se transformó en un megacentro de acogida a los desplazados internos. La ciudad, que cuenta con unos 725.000 habitantes normalmente, aloja a más de 200.000 personas de toda Ucrania. Unos esperan en Leópolis a ver cómo evoluciona el conflicto y otros se toman un descanso allí antes de proseguir camino en dirección a países de la Unión Europea.

«El bombardeo ruso de la ciudad es un intento de demostrar que ningún lugar de Ucrania es seguro. Es un intento de sembrar el pánico entre los civiles. Rusia también ataca Leópolis porque puede hacerlo. La última vez que la atacaron fue durante la visita de Joe Biden a Polonia. No hubo represalias. Rusia se siente absolutamente impune mientras que los países de la OTAN dudan en cerrar el cielo sobre Ucrania o incluso en proporcionar a Ucrania las armas pesadas necesarias para ayudar a salvar vidas civiles aquí», señala Sasha Dovzhyk.

Subraya la activista cómo la economía de la ciudad ha cambiado por completo para apoyar el esfuerzo bélico. «Leópolis ha acogido negocios y empresas que tuvieron que trasladarse desde el este de Ucrania. Está abasteciendo a otras regiones, tiene un enorme movimiento de voluntarios. Ahora es el principal centro de transporte de Ucrania».

Lviv, Lemberg, Lwow, Leópolis es Europa

El alcalde, Andrei Sadovi, suele decir que si “Kiev es el corazón de Ucrania, Leópolis es el alma”. Es un alma multicultural. La ciudad de León (Lviv, Lemberg, Lwow), y la región donde se enmarca, Galitzia, ha desempeñado un papel fundamental en la creación de la nación ucraniana moderna. Ha sido una disputada ciudad, sometida a diversas influencias culturales y religiosas, que conecta a Ucrania con la historia europea.  

Leópolis se creó cuando el rey Daniel de Galitzia-Volinia, descendiente de los gobernantes de la Rus de Kiev, ordenó construir una fortaleza para su heredero León. Primero fue gobernada por los sucesores del rey Daniel. Más tarde, pasó a formar parte de la corona de Polonia. En 1772 fue anexionada por Austria. 

Entre los siglos XV y XVII fue un centro espiritual clave en el mundo ortodoxo. Pero antes había sido sede de tres arzobispos de las iglesias romano-católica, armenia-católica y greco-católica. También fue centro de la vida judía, donde se levantó la primera sinagoga progresista que los nazis destruyeron en 1941, según señala el National Geographic

Antes de la Primera Guerra Mundial Leópolis, que había sido en el XIX cuna del activismo político ucraniano, pasó a ser una urbe dominada por la cultura polaca. En noviembre de 1918 los soldados ucranianos la designaron capital de la República Popular de Ucrania Occidental pero tres semanas más tarde pasó a ser parte de la Segunda República Polaca.  

Leópolis vivió sus momentos más trágicos en la Segunda Guerra Mundial, cuando primero fue ocupada por las tropas soviéticas de Stalin para después ser ocupada por los nazis. De los 120.000 judíos que formaban parte de su comunidad solo quedaron menos de un millar.  

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, quedó bajo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con mayoría ucraniana y minaría rusa. En esa época la ciudad se industrializó y se convirtió en un relevante centro científico con universidades e institutos de investigación punteros. 

Tras el desmembramiento de la URSS y la independencia de Ucrania, Leópolis se resignificó como una urbe multicultural, símbolo de esa nación ucraniana, enraizada en la historia europea, con influencia polaca, alemana, austriaca y soviética. Simboliza todo aquello que Putin niega: la esencia de la cultura ucraniana. 

Desde 1998, el centro histórico es patrimonio de la humanidad por su arquitectura, con influencias góticas, renacentistas y barrocas, que quedó a salvo en gran parte de la destrucción de las dos guerras mundiales. 

El mundo sabe que Leópolis es el mayor centro de acogida y sede de un centenar de embajadas. Tratan de intimidarnos»

andrei sadovi, alcalde

Sus habitantes presumen de un estilo único, y en esta guerra se han volcado con sus hermanos procedentes de otras zonas hasta ahora más castigadas por los bombardeos. Han abierto las puertas de las estaciones de ferrocarril, los hospitales, los colegios, el estadio de fútbol, sede de campeonatos internacionales, y muchos sus casas para alojarlos y prestarlos un primer consuelo. “El mundo sabe que Leópolis es el mayor centro para quienes huyen de los bombardeos y ahora es sede de un centenar de embajadas. Están tratando de intimidarnos”, ha dicho el alcalde. 

Por su historia, su trasfondo cultural y su papel en esta guerra, los ataques contra Leópolis tienen un enorme eco en Ucrania, y en sus fronteras occidentales, que conoce el enemigo ruso.