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Tras Mariúpol, Putin renuncia a tomar Kiev y dobla la apuesta en el Donbás

Vista general de la acería Azovstal en Mariúpol, en la región de Donetsk. EFE

La ciudad mártir de Mariúpol está más cerca de la rendición definitiva. La resistencia ucraniana permanece amotinada en la acería de Azovstal, convertida en el bastión de los últimos de Mariúpol. Un escenario, tras 55 días de asedio, que refuerza la estrategia de Vladímir Putin de concentrarse en el sureste del país y renunciar, al menos de manera inmediata, a la conquista de Kiev y a la caída del Gobierno de Volodymyr Zelensky.

«Resulta difícil saber si ha renunciado a ese objetivo, pero lo que ha quedado claro es que Putin se ha dado cuenta de que el control de la capital probablemente no se producirá. Así que, en estos momentos, es una meta que ya no figura en la lista», señala a El Independiente Andreas Krieg, profesor titular de la Escuela de Estudios de Seguridad del King’s College de Londres. Una realidad que confirman otros analistas y expertos castrenses consultados por este diario.

El Kremlin ha sacrificado la capital, con el todo el simbolismo que representa para el sueño de la Gran Rusia, para volcarse en la búsqueda de avances veloces y tangibles. La invasión rusa de Ucrania comenzó hace dos meses con una estrategia basada en la toma rápida de las principales urbes del país, entre rápidos progresos de tanques e infantería mecanizada. La táctica resultó un fiasco y acabó con su repliegue de la periferia de Kiev.

Ahora el plan pasa por sacudir las plazas del este en manos de los ucranianos a golpe de bombardeos prolongados y a modo de avanzadilla para el envío posterior de una gran fuerza terrestre. Según el último informe de la inteligencia británica publicado este jueves, el pronóstico más probable es que Moscú siga bombardeando la región desde el aire para debilitar las defensas aéreas ucranianas, mientras incrementa sus efectivos sobre el terreno.

Hacia el control total del este

«De momento, Putin ha renunciado a tomar Kiev. Le queda muy a la espalda. Solo sería posible si la guerra diese un vuelco muy grande», advierte a este diario Pedro Pitarch, teniente general retirado del ejército español.

«La duda ahora es si las tropas rusas se quedarán solo en la región del Donbás o irán hasta el río Dnipro», reconoce el oficial. «Creo que va a depender de las negociaciones», agrega. Una vez abandonado el asalto a Kiev, Pitarch apunta como las próximas acciones del ejército ruso la consolidación del Donbás; la ampliación de sus dominios; y la conexión de la cuña lograda en el sur con Kramatorsk, la ciudad ucraniana en la que un ataque con misiles contra una estación de ferrocarril segó la vida de 60 civiles hace dos semanas.

Pase lo que pase en otros lugares, Rusia intentará mantener un corredor entre Rusia y la península de Crimea

«Pase lo que pase en otros lugares, Rusia intentará mantener un corredor entre Rusia y la península de Crimea. Así que va a iniciar el proceso de tomar el control permanente de ese territorio», indica a este diario Paul D’Anieri, experto en Ucrania y profesor de Política Pública y Ciencias Políticas de la University of California, Riverside. Unos movimientos que, a su juicio, implican «la limpieza étnica de cualquier ucraniano que se oponga al control ruso».

«El plan supondrá la creación de autoridades gubernamentales locales bajo control ruso. Probablemente implicará algún proceso artificial para que parezca que la población local ha pedido unirse a Rusia», pronostica, con la experiencia previa de lo que ha sucedido en las provincias de Donetsk y Lugansk desde el inicio de las refriegas en 2014. El objetivo es ahora avanzar en las porosas fronteras de esa región, en aquellos lugares que siguen estando disputados.

Habitantes de Mariúpol llegan en un autobús de evacuación a Zaporizhzhia. EFE

Ayer jueves los ataques rusos continuaron golpeando el sur y al suroeste de Izium, una ciudad de 45.000 habitantes ubicada a unos 120 kilómetros al sureste de la Járkov. El enclave se halla en manos rusas y resulta decisivo para la conquista de Sloviansk, otra localidad clave para reivindicar el control total del este de Ucrania.

El plomo también cayó sin tregua sobre Rubizhne y Popasna, dos plazas situadas en la la línea del frente en la región de Lugansk, entre intentos de evacuación de los civiles. Según el gobernador regional Sergiy Haidai, el itinerario de salida era «constantemente bombardeado o minado por los rusos».

Járkov, la segunda ciudad del país, sigue padeciendo los bombardeos con el propósito último de rodearla y someterla al sofoco que ha sufrido Mariúpol. A lo largo de ayer jueves, los sucesivos ataques se cobraron las vidas de al menos 7 civiles.

Azovstal, el último reducto ucraniano.
Azovstal, el último reducto ucraniano.

Un curso impredecible

«La guerra resulta inherentemente impredecible», alerta D’Anieri. «Rusia luchará, pero debemos prepararnos para las sorpresas. Los objetivos de Rusia son ahora más limitados y políticamente más sensatos: Si Rusia puede tomar todos los territorios de los oblasts de Lugansk y Donetsk, podrá cantar victoria», añade.

La suicida toma de la portuaria Mariúpol, tras una resistencia agónica que deja más de 22.000 civiles muertos y una ciudad reducida a escombros, constituye para los rusos un trofeo de calado. «Cuando declare su dominio absoluto sobre su callejero, controlará un corredor terrestre desde Rusia hasta Crimea, lo que será estratégica y económicamente beneficioso», resalta el experto. «En ese momento, Rusia podrá ofrecer condiciones de paz, y el gobierno ucraniano estará entonces en una posición muy difícil: Ucrania difícilmente puede negociar la retirada de esos territorios, pero tampoco es probable que pueda recuperarlos si Rusia es capaz de conquistarlos».

Un juego que vaticina un desarrollo con giros inesperados y con la posibilidad de que Kiev plantee contraofensivas, como ha sucedido en otras zonas del país. «Hay diversos resultados, que van desde una clara victoria rusa hasta un colapso del ejército ruso en Ucrania. Lo más probable es algo intermedio: un estancamiento que se prolongue hasta convertirse en una guerra de desgaste», comenta D’Anieri.

El analista duda, no obstante, de las verdaderas intenciones de Putin en Kiev, entre los tambores de una nueva ofensiva en el este y con la fecha marcada del 9 de mayo, la jornada que conmemora la victoria soviética sobre la Alemania de Hitler en 1945. El desfile militar que se celebra entonces podría ofrecer a Putin un escenario idóneo para vender un triunfo en el Donbás.

«Hay quienes creen que Putin ha abandonado el objetivo de controlar Kiev. Otros creen que podría volver a la capital cuando la batalla por el Donbás haya concluido o se haya estancado. En mi opinión, es probable que el movimiento todavía no se haya decidido. Pero yo no contaría con que Kiev esté a salvo hasta que la guerra haya terminado y Rusia haya sido derrotada», concluye D’Anieri.

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