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Ucrania pasa a la contraofensiva y aleja la conquista rusa de Kiev

Miembros de las Fuerzas de Defensa Territorial de Ucrania en la plaza de la Independencia de Kiev. EFE

En el último mes el ejército ucraniano no solo ha escrito la página de una heroica resistencia frente a unas tropas como las rusas que le superan en número y capacidades. También ha logrado firmar con éxito algunas contraofensivas que añaden tiempo y coste al plan urdido por el Kremlin. El último escenario de esta estrategia es Kiev y el intento fallido de repetir en la capital el agónico sitio de Mariúpol.

«Las fuerzas ucranianas están llevando a cabo contraofensivas limitadas pero exitosas alrededor de Kiev para interrumpir las operaciones rusas que tratan de rodear la ciudad, un sitio que en estos momentos se ha convertido en un escenario extremadamente improbable, y aliviar así la presión sobre la capital», subraya el último informe diario del Instituto de la Guerra, con sede en Washington.

El principal punto de este renovado esfuerzo de los uniformados ucranianos es el oeste de Kiev, donde en los últimos días se han lanzado contraataques para retomar el territorio ocupado por el invasor. Las informaciones llegadas del frente apuntan a que han recuperado el control de la pequeña ciudad de Makariv y presuntamente rodeado a las tropas rusas en los distritos de Irpin y Bucha, a unos 25 kilómetros del centro de la capital.

Daños causados por un misil en la ciudad sureña ucraniana de Mykolaiv. EFE

Rodear la capital, menos probable

El amenazante avance de Moscú, con un caravana de blindados y camiones de suministro de 64 kilómetros de longitud, ha dado paso a una evidente parálisis en la mayoría de los flancos que conducen a Kiev. Las fuerzas ucranianas han logrado su objetivo de impedir que el enemigo cruzara el río Irpin. Y, prueba de ese estancamiento, las tropas que una vez avanzaron hacia la ciudad se hallan ahora cavando posiciones defensivas y colocando minas. Una indicación, además, de que se aleja la posibilidad de una ofensiva, al menos de manera inminente.

«El ejército ucraniano ha combatido al ruso hasta detenerlo y ha impedido que capturara grandes pueblos y ciudades, especialmente en Kiev», indica a El Independiente Taras Kuzio, politólogo ucraniano de la National University of Kiev Mohyla Academy. «La nueva etapa consiste ahora en hacer retroceder a las fuerzas rusas rodeándolas, causando un gran número de bajas entre los oficiales superiores, con ayuda de la inteligencia de Estados Unidos y la OTAN, y destruyendo los suministros a las tropas rusas», agrega.

Según el Instituto de la Guerra, los principales avances ucranianos debieron producirse el 21 de marzo y han cambiado la línea de frente en el oeste de Kiev. Sobre otros progresos citados por el estamento militar ucraniano, la organización estadounidense alberga más dudas. «No podemos corroborar el supuesto cerco de las fuerzas rusas o la liberación de Irpin», advierten.

Las reclamaciones ucranianas en Bucha y Hostomel, todavía bajo control ruso, anticipan -no obstante- «la expectativa de que la contraofensiva continuará y cortará a las fuerzas rusas que se encuentran actualmente en el saliente de Irpin». Otros analistas militares apuntan a que el propósito de Kiev es convertir en fiasco el cerco sobre la capital y forzar a los uniformados rusos a desplazarse hacia el noroeste.

Estancamiento «violento y sangriento»

El estancamiento de la invasión -que podría desembocar en un escenario «muy violento y sangriento» con una duración de semanas o meses, según los analistas- es perceptible en el suburbio de Brovary, emplazado a unos 20 kilómetro del centro de Kiev. Su caída en manos rusas supondría un importante golpe a la moral ucraniana porque colocaría el corazón de la capital al alcance de la artillería de Moscú. En Boryspil, a unos 15 kilómetros al sureste de Kiev y ubicación del mayor aeropuerto internacional de la capital, las autoridades instan a los civiles a abandonar el enclave ante la cercanía de las refriegas. Es, no obstante, el sur de la ciudad el flanco más a salvo.

A pesar de las expectativas que generan estos zarpazos al adversario en el campo de batalla, Ucrania está muy lejos de cantar victoria. El ejército ruso sigue amenazando la integridad del país en múltiples flancos, causando un elevado coste en infraestructuras y vidas humanas. «Los principales contraataques se basarán en la necesidad de alejar a las fuerzas rusas de Kiev; hacer retroceder a los rusos desde Járkov hacia la frontera; y recuperar Kherson así como tomar el control de los suministros de agua», pronostica Kuzio. El abastecimiento de agua, que riega Crimea y que fue interrumpido en 2014, fue una de las prioridades de Moscú.

Barricada en una calle de Kiev. EFE

Ataques en el flanco sur

Menos esperanzas proceden del sur, donde se ha contabilizado el avance más rápido. El ejército ruso tenía como objetivo la creación de un corredor terrestre que uniera la península de Crimea, anexionada en 2014, y las zonas controladas por los separatistas en la región del Donbás. Ese camino sigue torpedeado por Mariúpol, sometida a un asedio numantino. Odesa, además, continúa del lado ucraniano.

En Mariúpol, que llegó a tener 430.000 habitantes antes de la contienda, permanecen aún atrapadas unas 100.000 personas, bajo intensos bombardeos, interrupción de los servicios básicos y carestía de alimentos. Hasta ahora y a pesar de las evacuaciones, Kiev ha rechazado el ultimátum de Moscú de entregar la ciudad. Según el Instituto de la Guerra, los rusos han cosechado avances limitados a pesar del hostigamiento con artillería, drones y cañones navales. Tienen, además, en la diana las ciudades de Kryvyi Rih, Zaporizhiya y Dnipro.

En el flanco sur, además, las informaciones divulgadas por el ejército ucraniano aseguran haber destruido una columna de tanques en la ciudad de Voznesensk, frustrando un avance hacia Odesa, y relanzando la operación para recuperar Jersón. También se han detectado movimientos en Mykolaiv y en Izyum. En el este, en cambio, los efectivos ucranianos mantienen en sus manos Járkov, la segunda ciudad del país que ha sufrido y resistido también a serios daños provocados por los continuos ataques aéreos.

El anuncio de la OTAN ayer de reforzar su defensa en el flanco oriental de sus estados miembro y su compromiso de enviar más armamento a las fuerzas ucranianas podrían alimentar ahora esta aún incipiente y dispar contraofensiva.

«Las fuerzas ucranianas operan en grupos pequeños y móviles y los oficiales de rango medio tienen autonomía frente a un ejército ruso que sigue siendo soviético y aparatoso», detalla Kuzio. El otro factor, desliza el experto, es la moral de las tropas y el comportamiento que dibuja la población que optó por quedarse. «En todas las ciudades que han ocupado los rusos ha habido resistencia armada o protestas pacíficas. Los rusos no han sido recibidos en ningún sitio como liberadores», concluye.

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