El presidente francés, Emmanuel Macron, ha apostado por una mujer Élizabeth Borne (París, 1961), actual ministra de Trabajo, para suceder a Jean Castex como primera ministra. Es la segunda mujer que ocupará la sede de Matignon en tres décadas. Su predecesora fue la socialista Edith Crésson, que apenas estuvo un año en el puesto a principios de los 90.

«Como pueden imaginar, estoy emocionada y no puedo evitar pensar en quién fue la primera mujer que ocupó este cargo, Edith Cresson. Y me gustaría dedicar esta nominación a las niñas, a quienes digo: ‘Perseguid vuestros sueños’. Nada debe frenar la lucha por el lugar de las mujeres en nuestra sociedad», ha dicho la nueva primera ministra.

Este lunes, como se esperaba desde hace días, ha presentado su dimisión Jean Castex (Vic-Fezensac, 1965), quien deja el cargo de forma voluntaria. Ha sido un gestor aplicado y leal al presidente Macron. Castex habla español y catalán.

El presidente le ha agradecido su labor en un mensaje en Twitter. «Estamos orgullos del trabajo realizado y de los resultados logrados conjuntamente», escribe Macron. El desempleo ha bajado hasta el 7,4% pero la inflación, como en el resto de la Unión Europea, sube sin parar: está en un 5,5%, mucho menor que en España o Alemania, de todas formas.

Ahora empieza una nueva etapa en la que la nueva primera ministra ha de afrontar la campaña para lograr que Renacimiento, el rebautizado partido de Macron, logre la mayoría en las elecciones legislativas del 12 y 19 de junio. En caso de lograrlo, tendrá que poner en marcha el programa del presidente para su segundo mandato. Después de dos ministros conservadores, Macron da un toque social al gobierno pero con una tecnócrata que no asusta a nadie.

Cuando el presidente y el primer ministro son de la misma formación política, en Francia el jefe del gobierno es quien ejecuta la política del jefe del Estado. Es quien le designa. Macron acaba de ser reelegido en unas elecciones presidenciales en las que volvió a enfrentarse en segunda vuelta a Marine Le Pen, líder de Reagrupación Nacional. La imagen que dejó esta contienda electoral fue la de un país fragmentado, más incluso que hace cinco años, cuando llegó Macron al poder.

En tercer puesto quedó Jean-Luc Mélenchon, quien ahora aspira a que su frente popular de izquierdas, al que se han unido hasta los socialistas, sea la fuerza más votada. En ese caso Macron tendría que cohabitar con un gobierno de Mélenchon, que se ocuparía de la política doméstica y el presidente conduciría la política exterior. Sería una cohabitación compleja, ya que hay muchas discrepancias entre los dos.

«Una mujer de izquierdas»

Pero de momento será primera ministra Elizabeth Borne. El nombre se ha mantenido en secreto hasta el último momento. El pasado 9 de mayo en Berlín el presidente Macron dijo que buscaba un perfil «social», «ecológico» y «productivo». Desde que logró la reelección se daba por hecho que sería una mujer. Es llamativo que solo tenga una predecesora y Macron quiere transmitir la idea de una Francia dinámica y reflejo del momento actual en el mundo. Borne se define como una «mujer de izquierdas», preocupada por la justicia social.

Borne está en el gobierno de Macron desde que llegó a la Presidencia en 2017. Ha sido ministra de Trabajo, de Ecología, un factor relevante ya que es uno de los pilares en los que Macron quiere fundamentar su mandato, y Transportes. También Trabajo es fundamental en este momento: quedó pendiente la reforma de las pensiones y la edad de jubilación.

Mélenchon ha marcado distancias desde que he empezado a circular el nombre de Borne. En un tuit, el líder de la Francia Insumisa, ha escrito: «Adelante con una nueva etapa de maltrato social». La campaña contra Borne por parte de Mélenchon se prevé implacable.

Borne asume una tarea compleja: primero, dar impulso a la mayoría presidencial. Sin ello no sobrevivirá en el cargo. Y luego tratar de que esa nueva era de la que habló Macron se haga efectiva y Francia supere sus divisiones.