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'La vida en una maleta': retratos del dolor en la huida ucraniana

Una pareja ucraniana se besa en la frontera moldava

Una pareja ucraniana se besa en la frontera moldava. Edu León

Taras, de 21 años, besa a su novia Asya, de 17, al cruzar la frontera entre Ucrania y Moldavia. A esas edades ya saben lo que es huir de una guerra saltándose una ley marcial que obliga a los hombres mayores de edad a permanecer en su país para combatir. Nikolai, de 83, ya conoce de primera mano lo que es perder a un ser querido durante un conflicto: su madre murió por ataques aéreos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Irina y su hija Leila, de tan solo 12 años, se han visto obligadas a desplazarse por segunda vez. En 2014, una bomba en el jardín de su casa en Donbás las obligó a huir sin mirar atrás. Ahora, se encuentran en la capital moldava, Chisinau, desde donde se comunican a través de videollamada con su familia.

Estas son algunas de las historias detrás de las 56 fotografías de ‘La vida en una maleta: historias de un conflicto armado’, una exposición temporal que acoge el Museo de Misiones Salesianas a partir de este viernes y hasta el 31 de octubre, donde se reflejan las vivencias de los ucranianos que se han quedado pero, sobre todo, de los que han huido durante la invasión rusa.

Los ecos de estos testimonios los recogen veteranos fotoperiodistas galardonados que al estallar la guerra viajaron a las fronteras polaca y moldava para documentar el mayor éxodo europeo desde 1945: Olmo Calvo, conocido por sus fotorreportajes sobre la crisis en España, Edu León, fotógrafo de temática social curtido en América Latina, el hispanofrancés Bruno Thevenin, con trabajos destacados en zonas como el Sáhara, Palestina y Bosnia, entre otras, y la fotógrafa y escritora independiente rumana Ioana Moldovan, con los derechos humanos como protagonista de sus instantáneas.

Cartel de la exposición. MISIONES SALESIANAS

Cada uno de ellos ofrece en esta muestra una visión diferente de la huida: el miedo a los bombardeos de los que no han podido escapar, las lágrimas y la incertidumbre, las miradas perdidas en el tren rumbo a la frontera, mujeres y ancianos con sus mascotas y, también, sus equipajes, metáfora de una vida empaquetada a toda prisa.

Con esta exhibición, sus autores pretenden despertar las emociones de los visitantes a través del relato de una salida desesperada. «Es necesario contar el sufrimiento a través de las personas que huyen para tener una mirada más pausada del conflicto y poder entender, así, lo que está pasando», afirma León ante los medios de comunicación.

Una niña dibuja en la ventaba de un autobús con destino Polonia. BRUNO THEVENIN

Estas historias humanas me hacen comprender mejor lo que pasa que un libro de Historia

Lyudmila y Nikolai, un matrimonio que lleva 53 años juntos y que aparece en dos fotografías, en una llorando y en otra besándose, encarnan ese filo entre la vida y la muerte en un país que vive una invasión a gran escala. «De estos testimonios me llevo enseñanzas y me olvido de mi comodidad diaria. Estas historias humanas me hacen comprender mucho mejor lo que pasa que un libro de Historia», expresa León a El Independiente.

La solidaridad y la capacidad de resistencia de la población civil ante la adversidad es algo que ha sorprendido a los fotógrafos. «Me parece increíble ver a gente que, después de haber visto cómo han arrasado su ciudad, entierran a sus seres queridos con una dignidad impresionante y rebuscan entre las ruinas de sus casas algunos enseres que puedan ser útiles», relata Calvo haciendo mención al rastro de muerte que ha dejado el paso de las tropas rusas por la región de Kiev. «En Bucha, mucha gente no tenía agua ni luz para cocinar, entonces los vecinos se juntaban y en los patios comunitarios se hacía un fuego, la gente traía leña… Había una solidaridad para sobrevivir», añade.

Una mujer procedente de Odesa se dirige a la frontera junto a su perro. IOANA MOLDOVAN

Algo que también ha podido constatar Thevenin durante su cobertura, donde conoció a Anna. Esta mujer de 30 años, una de las retratadas en esta exposición, buscaba a su padre en la sobresaturada morgue de Mikolaiv, donde albergan cadáveres mutilados por los bombardeos. «Una vez lo encontró, lloró todo lo que pudo y dijo: ‘Me voy de Ucrania y no vuelvo nunca más’«, explica.

Lo cierto es que este éxodo masivo tiene rostro de mujer, pero tanto Olmo Calvo como Edu León hablan de la discriminación sufrida por refugiados de origen no ucraniano al traspasar la frontera. En el caso de Moldavia, León destaca que había distintas clases de refugios: unos solo para gitanos y otros que eran centros para ucranianos de alto nivel adquisitivo.

Decenas de personas esperan para presentar su pasaporte en un andén de la estación de tren de Przemysl. OLMO CALVO

«Al principio había muchos estudiantes y personas que eran refugiados afganos en Ucrania. Ellos lo tuvieron más complicado para salir», denuncia Calvo. «En Medyka (Polonia) sucedía, los ucranianos pasaban directamente por la frontera, había cocinas, servicio de autobuses… Pero los que tenían otra nacionalidad no tuvieron esas facilidades a la hora de salir».

La muestra, que podrá visitarse de martes a sábado hasta octubre, rescata y pone en primer plano el sufrimiento y el instinto de supervivencia de los civiles en un conflicto armado .»Me quedo con la esperanza de que nos olvidemos de nuestras ideologías y nos dediquemos más a sentir. Somos una sociedad que opina y se nos ha olvidado sentir», sentencia Edu León.

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