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La hambruna se extiende: “Hay una guerra en la despensa del mundo”

Un sirio muestra cereales durante la cosecha de 2021.

Un sirio muestra cereales durante la cosecha de 2021. Anas Alkharboutli /EPE

La peste, la guerra y el hambre. Son las desgracias más grandes de la humanidad instaladas en nuestro imaginario -junto con la muerte- como los cuatro jinetes del Apocalipsis. Nos componemos ese cuadro rápido sumando Ucrania y el Covid, pero es un cálculo mental hecho desde Occidente. En algunos lugares de África, como Yemen, la guerra, las enfermedades y el hambre ya estaban instalados hace mucho tiempo. Por allí los jinetes de las desgracias humanas cabalgan como por casa y va a ser allí donde la guerra de Ucrania va a causar más muertes.

En Europa el impacto de la guerra de Ucrania se mide en puntos y décimas de inflación, pero en África se mide en cientos de miles de muertos. Si no se toman medidas, la hambruna en el Cuerno de África amenaza de muerte a 350.000 niños este verano, denuncian la ONU y las ONG desplegadas en la región. Una cifra que sólo sería la punta del iceberg de una situación de hambruna que se va a agudizar en los próximos meses en todo el mundo. 

“La guerra de Ucrania  no es la única razón, la región vive la peor sequía en los últimos 40 años, pero hay una guerra en la despensa del mundo y esto es una amplificador de la emergencia de alimentación global”, afirma Andrés Conde, director general de Save the Children. “La mayoría de las muertes de la guerra de Ucrania no se va producir en el campo de batalla, sino en países como estos”, añade. 

El 30% de las tierras de cultivo de Ucrania no se puede sembrar por la guerra y un 13% de su territorio está minado; cosechar en Ucrania se ha convertido en una actividad peligrosa. Los rusos han destruido gran parte de las infraestructuras agroalimentarias ucranianas, han tomado cosechadoras como botín de guerra que ya cultivan la tierra en Chechenia, y han robado cereales acumulados en los graneros de las zonas ocupadas.

A Putin le acusan los políticos europeos como la ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock: «Rusia ha iniciado una guerra de cereales que está provocando una crisis alimentaria a nivel mundial», denuncia. También el secretario de Estado de EEUU Antony Blinken ha acusado a Rusia de usar los alimentos como arma, privando de grano a millones de personas. Pero, según los conocedores del mercado alimentario, no valen maniqueísmos, y las muertes del hambre no caen sólo en la cuenta de los crímenes del déspota ruso.

António Guterres, secretario general de la ONU, ha recordado esta semana que el número de personas con inseguridad alimentaria grave se ha duplicado al pasar de 135 millones antes de la pandemia a 276 millones en la actualidad. “En el último año, los precios mundiales de los alimentos han subido casi un tercio, los de los fertilizantes más de la mitad y los del petróleo casi dos tercios. La mayoría de los países en desarrollo no disponen de espacio fiscal suficiente para atenuar el golpe de estas enormes subidas”, asegura.

La guerra es el principal factor desestabilizador del mercado de alimentos. Hay 36 países que se encuentran en situación de crisis alimentaria que dependen de Rusia y de Ucrania para más del 10% de su suministro, con Egipto y Libia a la cabeza, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). De los dos países en guerra sale el 30% de la producción mundial de cereales, el 20% del maíz y el 75% del girasol.

La FAO espera impactos potenciales en la seguridad alimentaria en países que dependen en gran medida de las importaciones de productos básicos agrícolas, fertilizantes y energía, especialmente de Ucrania y Rusia. El índice de precios de los alimentos de la FAO muestra cómo los precios de cereales se encuentran en niveles récord.

La agencia de la ONU espera que “las consecuencias sean nefastas también en países que tienen poca capacidad de acomodarse a los cambios en los flujos comerciales establecidos y donde un aumento en los alimentos y los precios de la energía pueden afectar la capacidad de las personas para comprar alimentos suficientes y de buena calidad, especialmente en países que ya se encontraban en condiciones críticas antes del conflicto”, mantiene la  FAO en un análisis reciente del impacto de la guerra.

“La situación era muy preocupante incluso antes que la de la guerra en Ucrania. Yemen lleva años en conflicto y también hay unos 8 millones de niños y niñas que están en una situación de hambre extrema al borde de la hambruna”, afirma Michela Ranieri, portavoz de Save The Children. “Lo mismo ocurre en Afganistán, donde hay más de 20 millones de personas en situación de hambre extrema y de hambruna; básicamente, la mitad de su población”, añade.

Según los analistas del International Food Policy Research Institute (IFPRI), la situación de Ucrania conduce a un escenario peligroso de cierres de mercados, países que ante la previsión de escasez cierran las exportaciones, algo que ya ocurre en una veintena de naciones, como Indonesia y Argelia. “Tales medidas benefician a los de los mercados internos, pero a expensas de los países importadores netos de alimentos. La experiencia pasada sugiere que estas medidas comerciales ejercerán una presión adicional sobre las existencias de alimentos disponibles, elevarán los precios y amenazan potencialmente la seguridad alimentaria de los pobres”, señalan desde el IFPRI.

El problema del mercado de alimentos es que su regulación está orientada al agronegocio, no a que la gente tenga acceso a los alimentos adecuados»

Kattya Cascante, polítologa

Según este centro de investigación, en crisis anteriores con picos de precios como 2007-2008 y 2010-2011, muchos países restringieron el comercio de alimentos, incluidos cereales y aceites vegetales, y estas restricciones tienen un efecto en cascada: “Cuando un país anunciaba restricciones, otros a menudo hacían lo mismo, lo que exacerbaba aún más los problemas de suministro y creaba una atmósfera de pánico en los mercados globales a medida que los importadores buscaban nuevos proveedores, elevando aún más los precios”.

Proyectil no detonado en un campo de trigo de Mikolaiv, en Ucrania
Proyectil no detonado en un campo de trigo de Mikolaiv, en Ucrania. VINCENZO CIRCOSTA / EP

Especulación con los alimentos

“El principal problema del mercado de alimentos es que su regulación está orientada al agronegocio, no a que la gente tenga acceso a los alimentos adecuados”, afirma Kattya Cascante, profesora de Relaciones Internacionales de la facultad de CC. Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. “Pero la coyuntura de la guerra mete presión sobre la oferta y la demanda de alimentos. Esa presión en Europa no nos afecta porque estamos protegidos a través de la Política Agrícola Común; prácticamente no nos incide en nada, pero a los que están desprotegidos les afecta en el epicentro de su vida”, añade.

Según Kattya Cascante, autora de Obesidad y desnutrición, consecuencias de la globalización alimentaria, está volviendo a pasar lo que pasó en 2008, “muchos países exportadores retienen exportación y dicen que es para proteger su soberanía alimentaria, pero ese no es el motivo. Ya la tienen protegida, lo que están esperando es que suban los precios”. A esta situación se añade la especulación de futuro del mercado de alimentos con las cosechas para subir precios.

Esto no exculpa a Putin de la relevancia que está teniendo en la crisis alimentaria mundial sus decisiones. “Rusia está instrumentalizando la situación como arma geopolítica, es cierto, pero las cosas no son absolutas. Rusia instrumentaliza geopolíticamente todo lo que puede, y lo que más puede es, sin duda, con el petróleo y el trigo”, afirma Cascante.

Los muertos de hambre que anuncian las tablas de excel de la FAO y las ONG no parecen haber llegado a las hojas de cálculo de los administradores de la ayuda de los países ricos. Es más, la insensibilidad burocrática de Occidente es manifiesta, se empiezan a vaciar celdas para liberar fondos de ayuda para que vayan destinados a la crisis de Ucrania.

Si los países ricos quieren, pueden evitar decenas de miles de muertes»

ANDRÉS CONDE, Save the Children

“Para ayudar a Ucrania hay que crear fondos adicionales, no vale con destinar los de otros países a la guerra”, afirma la portavoz de Save the Children. “Lo hemos visto recientemente en el Sahel, donde la Agencia Danesa de Cooperación ha retirado su ayuda a estos países para destinarlo a los refugiados ucranianos. Estar en todas partes es complicado, pero hay que seguir ayudando, porque la situación puede ser realmente catastrófica”, añade.

Save The Children y Oxfam Intermón recordaban esta semana la gran capacidad de Occidente para disponer de medios cuando lo han querido, como por ejemplo en la crisis sanitaria del Covid y en la solidaridad despertada con Ucrania. Para el director de Save The Children, no se trata de hacer comparaciones entre crisis, pero está claro que “si los países ricos quieren, pueden evitar decenas de miles de muertes”.

No será el apocalipsis, pero la muerte, el cuarto jinete, cabalga con una guadaña para segar las vidas que le prepara la hambruna que se extiende por el mundo en el año 2022, siglo XXI.

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