Colombia vive un momento histórico marcado por la polarización y el riesgo de una deriva violenta. Este domingo celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales entre el deseo y el temor al cambio que encarna el candidato izquierdista de Pacto Histórico, Gustavo Petro (Ciénaga de Oro, 1960), ex senador, ex alcalde de Bogotá y ex guerrillero del M-19. Si llegara al Palacio de Nariño, probablemente en segunda vuelta, el 19 de junio, sería el primer candidato de izquierdas que lo logra. Colombia es el único país de Latinoamérica donde nunca ha gobernado la izquierda.

Petro se presenta como el cambio. «Los otros candidatos quieren mantener el statu quo. Pero una mayoría de la sociedad demanda cambio… porque está harta de la violencia y de la falta de democracia. Hay falta de oportunidades en este sistema económico. Y ven en mi esa opción de cambio», reitera Petro, confiado en que esta tercera vez sí lograra la Presidencia. Con un apoyo en torno al 36%, parece difícil que consiga su objetivo en primera vuelta. Necesitaría superar el 50%.

Quienes también tienen opciones de pasar a la segunda vuelta son Federico Fico Gutiérrez, ex alcalde de Medellín, de la conservadora Equipo por Colombia, que ronda el 21% en los sondeos, y el antisistema Rodolfo Hernández, ex alcalde de Bucamaranga, que llega ya al 19%. El centrista Sergio Fajardo apenas llega al 4%.

¿Hay hambre de cambio? Así lo expone Alejandro Gaviria, ex rector de la Universidad de Los Andes y ex candidato presidencial, en declaraciones al Financial Times: «Estamos durmiendo en lo alto de un volcán. Hay mucha insatisfacción. Podría ser mejor una explosión controlada con Petro que tratar de taponar el volcán. El país demanda cambio».

Colombia afronta estas elecciones muy dividida, con un grado de crispación que no se recuerda antes en campaña electoral, y con un presidente saliente, Iván Duque, muy desgastado. Hay hartazgo con lo conocido pero también mucha incertidumbre porque Gustavo Petro, primero en los sondeos con un 35% de intención de voto, despierta también temor entre el establishment, que insiste en tildarlo de «guerrillero» y equipararlo al venezolano Nicolás Maduro.

Hay deseo de cambio en amplios sectores de la clase media baja, el campesinado, comunidades indígenas y afrodescendientes. Hay miedo en las élites urbanas y rurales, en las fuerzas armadas y los que se oponen a la reforma fiscal»

mariano aguirre, ex asesor de la ONU en colombia

«Hay deseo de cambio en amplios sectores de la clase media baja, el campesinado, comunidades indígenas y afrocolombianos. Hay ansiedad y miedo al cambio en las élites urbanas y rurales, en las fuerzas armadas (un poder dentro del poder del Estado que no quiere que se le controle), entre los políticos corruptos que temen perder privilegios y acceso a buenos negocios, y entre todos los que no quieren que se haga una reforma fiscal ni se controle la evasión de capital a paraísos fiscales y la gigantesca corrupción», señala Mariano Aguirre, ex asesor de la ONU en Colombia. «A todo ello se suman las casi 100 organizaciones armadas (criminales y unas pocas que mantiene una identidad política, como el ELN, pero con vínculos con economías ilícitas) que no quieren cambios sino una situación en la que en el Estado convive con ellas en una tensión y negociación por espacios geográficos y prácticas ilícitas», añade Aguirre. Un auténtico volcán.

Según Rafael Grasa, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, «hay, sobre todo, voluntad de que haya alguien que gobierne: el proceso de paz está casi parado, crece la violencia, no se ha aprovechado el buen momento de recuperación, la pandemia se ha llevado por delante los escasos avances en desigualdad.. en ese sentido hay hambre de cambio porque Colombia necesita una alternancia, aunque habrá que ver cómo se gestiona el miedo».

Esas ganas de cambio vienen alentadas en gran manera por todo lo que se ha dejado pendiente Iván Duque, el presidente saliente, que deja el poder con un 70% de desaprobación. «Venimos de un conflicto interno que aparentemente tuvo su finalización con los Acuerdos de Paz, donde se establecieron unos compromisos para cambiar ciertas condiciones sociales en sectores menos favorecidos, pero no se hizo. Se ha retrasado la implementación de los Acuerdos de Paz», apunta la consultora colombiana Nury Astrid Gómez.

La reforma rural y la erradicación de cultivos está pendiente. Petro se ha comprometido a seguir adelante pero va a faltar presupuesto. Lo que sí sigue adelante es la Comisión de la Verdad y el tribunal especial, lo que despierta temores entre algunos sectores militares y políticos.

Rica en recursos pero con gran desigualdad

Colombia es un país complejo, con una democracia limitada pero estable, muy rico en recursos naturales, con una administración estatal compleja. Tan es así que en alrededor del 40% del territorio colombiano no hay presencia del Estado o es muy débil. Allí es donde se imponen los grupos armados de calado diverso. Un centenar de organizaciones armadas actúan en 11 departamentos. Recientemente, el Clan del Golfo impuso una huelga general en 12 departamentos sin que el gobierno lo pudiera impedir.

La élite blanca andina ha dominado el poder mientras que los indígenas y afrodescendientes se han quedado al margen. Después de diez años de violencia tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, defensor de los desfavorecidos, conservadores y liberales acordaron en el Frente Nacional en 1958 su alternancia en el poder hasta 1974. La izquierda quedó fuera de escena. Fue entonces cuando surgen las guerrillas de las FARC y el ELN, cuyos atentados tiñeron el país de sangre. Cuando la Unión Patriótica, creada por el Partido Comunista y movimientos sociales, se lanzó a la escena política en los ochenta fue objeto de continuas matanzas. Miles de sus dirigentes fueron asesinados, entre ellos varios candidatos a la Presidencia.

Colombia es el país con mayor desigualdad en distribución de la renta de América Latina, donde 7,4 millones de personas, de un total de 51.5 millones, viven en la pobreza extrema. En 200 años los colombianos han estado gobernados por solo 40 familias, según el colectivo Actuemos. Ochenta de los 118 presidentes son originarios de la región andina. De ahí que la candidata a vicepresidenta por el Pacto Histórico, Francia Márquez, afrodescendiente de origen muy humilde, haya revolucionado la escena política. Aunque los vicepresidentes apenas tienen papel institucional, formar parte del ticket electoral va a llevar a Petro a sumar voto joven y femenino.

La campaña no ha sido de debates profundos sino una campaña rica en insultos. Márquez ha sido de las que más lo ha sufrido. «Es un momento de tal crispación que el centro, que representa Sergio Fajardo, no tiene opción. El cambio a partir de una opción mediadora no parece posible. Y son tan barras bravas unos como otros. Algunos ven similitudes con el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz en 2016″, dice Nury Astrid Gómez.

Adolece Colombia de un sistema impositivo justo, y donde la corrupción alcanza cotas inimaginables. lucha contra la corrupción ha sido uno de los temas estelares de la campaña, y ha dado brío a la candidatura de Rodolfo Hernández, a quien llaman el Trump criollo.

Empresario de 77 años, promete mando dura contra los corruptos y que todos los colombianos puedan ver el mar. El llamado viejito de Tik Tok, su red social favorita, se disputa con Fico Gutiérrez, avalado por la derecha tradicional y por el ex presidente Álvaro Uribe, pasar a segunda vuelta. Curiosamente Hernández atrae a mucho voto joven, marcadamente antisistema. Es la gran sorpresa de las elecciones y daría la campanada si disputa la segunda vuelta.

@ingrodolfohernandez

¡Relocos! Así tenemos los colombianos y yo a los politiqueros, sienten que se acerca el fin de su robadera. 🇨🇴😎 #RodolfoHernandez #RodolfoPresidente #Elecciones2022 #ligaanticorrupcion

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Petro, un Pablo Iglesias menos mediático

La izquierda que encarna Gustavo Petro no es la del cambio generacional que representa Gustavo Boric en Chile. Es una izquierda de los años 50. De hecho, Petro es la tercera vez que intenta llegar al Palacio de Nariño. Para Nury Astrid Gómez, «su estilo es autoritario, es un líder egocéntrico, que tiene similitud con Pablo Iglesias, aunque no es tan mediático». Petro ha suavizado su imagen y en un documental sobre su trayectoria se presenta como el adalid de la «política del amor».

A Petro le ha impulsado su constancia, su coherencia y el cansancio social después de dos décadas de gobiernos más o menos marcados por el uribismo, que lo tacha de bolivariano y recuerda insistentemente su pasado guerrillero. Petro lo reconoce directamente: «Es el momento de acabar con el uribismo».

Todos los analistas coinciden en que Petro lleva trabajando en su candidatura desde que perdió hace cuatro años. «Petro es un político que viene de la guerrilla pero con una amplia carrera en el Legislativo. Tiene idea de la importancia de las instituciones. Sus propuestas no son de ruptura total, sino que incorpora una visión diferente. Incorpora el discurso ecologista. Por ejemplo, Colombia tiene asumido que es una economía extractiva y Petro propone otra visión», afirma Lina Cabezas.

Lo que hay de nuevo es que ha formado una coalición amplia. Ha mejorado el lenguaje… Su programa es socialdemócrata, nada que ver con el chavismo»

rafael grasa, profesor de rRII en la Uab

«Lo que hay de nuevo es que ha formado una coalición amplia. Ha mejorado el lenguaje. Si se atiene al guion, lo hace bien. Su programa es socialdemócrata de izquierdas, nada que ver con el chavismo», señala Rafael Grasa. Reconoce el profesor que Petro tiene garantizados un 25% o 30% de votos (logró un 42% en 2018), si bien también genera mucho voto en contra. Entre quienes temen a Petro están muchos empresarios, que temen que les imponga impuestos elevados o convenios salariales que les limiten los beneficios.

Otra incógnita es si cambiaría la relación privilegiada que tiene ahora Colombia con Estados Unidos. A juicio de Mariano Aguirre, «la relación de Estados Unidos con Colombia es muy fuerte y tiene diversos canales: ayuda al desarrollo, vínculos empresariales, financieros, inversiones y, muy especialmente, relación militar. El ejército colombiano es el socio favorito y más confiable del Pentágono en América Latina a través de formación, transferencia de armas e inteligencia, y delegación de misiones. Difícilmente Petro va a cambiar esto. En todo caso, intentará conocer, entender y no ser rechazado por las dos élites militares. Y probablemente tratará de encontrar un pacto con los militares colombianos de apoyo, respeto y buenos presupuestos, a cambio de una lucha más eficaz contra el crimen organizado».

La relación con Venezuela cambiará también, ya que el gobierno de Iván Duque reconocía al presidente encargado, Juan Guaidó, y no a Nicolás Maduro. Hay más de dos millones de refugiados venezolanos en suelo colombiano. Pero coincide con un giro en la política de Joe Biden hacia Venezuela también, debido a su búsqueda de otras fuentes de suministro de petróleo por la invasión rusa de Ucrania.

Anna Ayuso, investigadora senior del Cidob, cree que Petro tiene un discurso equiparable a la socialdemocracia europea con más toques populistas. «De su gestión en la Alcaldía vemos que se dedicó a la educación y la atención sanitaria, pero no destacó como gestor. El problema es cómo va a llevar a cabo sus políticas porque el Congreso no le va a facilitar las cosas».

A su juicio, los grandes cambios que habría que acometer tienen que ver con la corrupción y el caciquismo. «Hay una clase media harta de pagar los platos rotos y que las élites corruptas sigan dominando el país. Otra asignatura pendiente es la violencia. La gente joven lleva el conflicto y la violencia tatuados en la piel».

El riesgo de invocar el fraude

La violencia ha marcado el pasado reciente de Colombia pero sigue presente. Entre 1958 y 2018, la violencia entre guerrillas, paramilitares, narcos y ejército se cobró la muerte de más de 260.000 personas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica. Y aún ahora sigue creciendo: en 2021 hubo el mayor aumento en los últimos cinco años, según Cruz Roja Internacional. Preocupante es cómo el nivel de violencia en los meses previos a las elecciones legislativas, en marzo, fue el más alto de las últimas tres campañas electorales, según la Misión de Observación Electoral. Las amenazas contra candidatos y líderes locales aumentaron un 236% con respecto a 2018.

El temor a una deriva violenta está presente, sobre todo, por el fantasma que planea en estas elecciones: el fraude. En las elecciones legislativas hubo errores que llevaron a que la Registraduría tuviera que corregirse y adjudicar casi un millón de votos más al Pacto Histórico que fue finalmente la fuerza más votada (en un Congreso y Senado muy fragmentado). Este incidente, aunque se corrigió ha aumentado la desconfianza en el sistema. La empresa española Indra se ocupa del recuento.

Si se cuestionan los resultados, será grave. Hasta ahora nunca había sucedido, si bien hay clientelismo, nunca se ha desconfiado del recuento»

Lina cabezas, consultora en atrevia

«Este elemento del fraude es peligroso. Quien gane tendrá un problema de legitimidad de origen porque está en cuestión el procedimiento electoral. No le hace un favor a ninguno de los candidatos. Si se cuestiona el resultados, sería grave. Hasta ahora no había sucedido, si bien hay clientelismo, compra de votos, pero no se ha desconfiado del recuento. Y si los resultados son ajustados, habrá movilizaciones en las calles. En Colombia no son frecuentes, pero venimos de una época intensa», señala la colombiana Lina Cabezas, consultora de asuntos públicos en Atrevia.

Según Anna Ayuso, «Petro ha hecho un discurso victimista sobre la posibilidad de fraude, y eso es peligroso. No es descartable que se desate una ola de violencia. De hecho, Bogotá y otras ciudades están en alerta. Hay una preocupación real».

La tensión se ha ido acumulando en Colombia tras los largos confinamientos por la pandemia, la crisis, las protestas urbanas y la intensificación de la violencia en las zonas rurales. El paro de 2021 dejó en evidencia la frustración por la desigualdad. Las protestas se extendieron por todo el país y fueron muy relevantes en Cali. Finalmente se desvanecieron por cansancio, pero la indignación sigue latente.

La izquierda de Petro ha intentado dirigirse a estos descontentos y les ha prometido la luna, mientras que Fico Gutiérrez atiza el miedo al caos que iría parejo con una presidencia de Petro. En ese contexto, una denuncia de fraude sería como atizar una mecha que ya está medio encendida. En palabras de Carlos Mejía, de Oxfam Colombia, «los colombianos somos un pueblo que enamora, pero somos profundamente violentos con mucha facilidad. Eso refleja una fractura no resuelta».