Al escuchar el rugido del viento, Dorothy corrió a refugiarse a su casa, situada en medio de una de las numerosas praderas de Kansas. Pero no consiguió llegar al refugio. Su perro Toto se asustó y ella fue a buscarlo. Al hacerlo, un tornado elevó su casa y se llevó a ambos hacia la Tierra de Oz, de donde solo podría salir siguiendo un largo camino de baldosas amarillas. Así empezaba el primer capítulo, titulado El ciclón, de la conocida novela El maravilloso mago de Oz, de Lyman Frank Baum. Entonces y ahora, Kansas, esta tierra de praderas y granjas, el granero de Estados Unidos, era conocida por sus tornados, que sembraban el caos por doquier. También, hoy, Kansas es citada como el potencial inicio de un ciclón que puede cambiar la política en Estados Unidos pero, sobre todo, cambiar el futuro -ahora pesimista- del Partido Demócrata.

Porque, para hacernos una idea de la situación política, observamos como esta semana Joe Biden tiene una aprobación de tan solo el 38% de los estadounidenses, según la encuestadora NPR (el resto de encuestadoras -por ejemplo, Gallup– dan números parecidos). Es la peor valoración de un presidente en su segundo año, por estas fechas, desde que se tienen datos, después de la segunda guerra mundial. Incluso la aprobación de Donald Trump a estas alturas de su mandato era del 52%. 

Pero el problema para Biden es que no se trata solo de falta de confianza por parte de sus adversarios, tal vez producida por la polarización política, sino que la pérdida de confianza en su capacidad como presidente es algo continuo y general en toda la ciudadanía. Por ideología, solo el 5% de los republicanos lo aprueban (empezó con un 11% de aprobación en este segmento de población).

Biden ha perdido más de 20 puntos incluso entre sus votantes. Ni siquiera Trump después del asalto al Capitolio cayó tanto entre los republicanos»

También lo aprueba solo un 28% de independientes (empezó con un 60%), y un 75% de demócratas (empezó con un 98%). Ha perdido más de veinte puntos incluso entre sus votantes. Ni siquiera Trump, después del asalto al Capitolio, en enero de 2021, bajó del 77% de valoración positiva entre los republicanos. La caída en desgracia de Biden es histórica.

Los datos para el presidente son terribles. Sin embargo, podría ser peor y lo es: las cifras de su vicepresidenta, Kamala Harris, su alternativa, son aún más bajas. Tal como indica la media de encuestas realizada por Real Clear Politics, tan solo un 35% de estadounidenses aprueban su gestión. Para la mayor candidata a suceder a Biden son cifras pésimas, aunque lo peor es que, como indica Domenico Montanaro en NPR, deberá ser la futura candidata demócrata sí o sí o puede haber una «tormenta de fuego» en el interior del Partido Demócrata y en sus votantes afroamericanos (básicos para vencer), si «se percibe que se le quita la nominación a la primera persona negra, asiático-estadounidense y mujer en ocupar el cargo de vicepresidente».

Sin embargo, aún quedan muchos días para las elecciones presidenciales de 2024. De hecho, 823 días para el 5 de noviembre de ese año. Las horribles cifras de valoración deberían hacer pensar -y mucho- a los demócratas, pero aún no preocuparse del todo, ya que queda tiempo y la situación puede cambiar. Lo que sí que les quitará el sueño son los 86 días que faltan para las midterms, las elecciones de este año en que se decidirá nada más y nada menos que quién va a dominar la Cámara de Representantes y del Senado. Se celebrarán el 8 de noviembre. En solo tres meses. 

Estos 86 días y la jornada electoral van a marcar lo que queda del mandato presidencial y van a mostrar si lo que los porcentajes de aprobación indican hoy en día son una losa demasiado pesada para el actual presidente y la vicepresidenta, o si los demócratas aún tienen esperanza de sobrevivir a lo que hasta hace poco parecía una debacle segura. 

Hoy hay una brizna de esperanza en los demócratas. Algo que no han iniciado ellos, pero que puede ejercer de palanca para aumentar sus votos independientemente de sus candidatos o candidatas. Este potencial cambio tuvo lugar esta semana precisamente en Kansas, la tierra de los tornados. 

Porque Kansas es tierra de tornados, como bien sabía Dorothy, pero también tierra de republicanos: desde 1936, tan solo en unas elecciones (1945) ganó un demócrata en unas presidenciales. Es decir, los republicanos nunca pierden desde entonces. Es un estado claramente republicano, pro Trump, conservador. Por eso es tan impactante lo que sucedió el pasado 3 de agosto, cuando una gran mayoría de ciudadanía (59%) votó a favor del derecho al aborto. Era la primera vez que se votaba en un estado desde que la Corte Suprema de los Estados Unidos dictó su fallo, a finales de junio, que anulaba la protección del derecho al aborto vigente en el país desde 1973, en una decisión histórica que permitía a cada estado decidir si mantiene o prohíbe este derecho reproductivo. 

El tema del aborto, que parecía una batalla ganada por los republicanos, se convierte en la principal (y tal vez única) arma demócrata para movilizar a la ciudadanía»

Así pues, Kansas, un estado super conservador, era el lugar idóneo para votar, según los republicanos. Iba a ser claramente el primer estado en legislar contra el aborto y un ejemplo para el resto de Estados Unidos. Pero les salió fatal. No calcularon que el aborto no es una preocupación prioritaria entre los votantes republicanos (solo en los más ultra politizados), pero sí lo es entre los demócratas o los independientes, especialmente en mujeres, que se movilizaron y fueron en masa a votar. 

De repente, el tema del aborto -que parecía ser una batalla ganada por los republicanos- se convierte ahora en la principal (y tal vez única) arma demócrata para movilizar a la ciudadanía para votar. Es algo que incluso podría suponer un antes y un después para las esperanzas demócratas en las presidenciales de 2024 o ya para las midterms de este año. 

Gracias al tornado de Kansas, el resto de demócratas tan solo deben seguir el camino de las baldosas amarillas para activar a votantes que no votarían por Biden, ni por Kamala, pero tal vez sí por los derechos de las mujeres. Es una de sus pocas opciones mientras observan como sus líderes caen en sus cifras de aprobación. 


Xavier Peytibi es consultor político en Ideograma y autor de Las campañas conectadas y coautor con Sergio Pérez-Diáñez de Cómo comunica la alt-right. De la rana Pepe al virus chino.