Europa

Llegó, vio y se vengó: la vuelta al Senado de Berlusconi

Nueve años después de su expulsión por una condena por fraude, 'Il Cavaliere' vuelve a la Cámara Alta y será clave en la formación del próximo gobierno

Silvio Berlusconi, líder de Fuerza Italia

El presidente de Fuerza Italia, Silvio Berlusconi, en un acto en Milán. EFE

A punto de cumplir los 86 años este jueves 29 de septiembre, Silvio Berlusconi tiene de nuevo motivos para celebrar. Y no solo porque vuelve a presumir de novia treintañera, Marta Fascina. O porque su equipo, el Monza, antes en tercera división, juegue entre los grandes. El líder de Fuerza Italia ha sido elegido senador nueve años después de su expulsión por fraude. Es su venganza. Ha vuelto por enésima vez para demostrar que Il Cavaliere si no es inmortal, lo parece.

Aspira a ser presidente del Senado, dado que la llamada coalición de centro derecha, en la que se integra su partido junto con la Liga y la ganadora Fratelli d’Italia, cuentan con la mayoría de las dos Cámaras. A pesar de haber cosechado un resultado modesto, un 8% de los votos frente al flamante 26% del partido que lidera Giorgia Meloni, Fuerza Italia desempeñará un papel clave. Y Berlusconi también.

De hecho, Berlusconi movió los hilos entre bambalinas para propiciar la caída del gobierno de unidad de Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo, en julio pasado. Primero se desmarcó el Movimiento Cinco Estrellas y luego la Liga y Fuerza Italia se negaron a seguir adelante con los grillini cuando Draghi intentó reconducir la coalición. Las fuerzas conservadoras eran conscientes de que si articulaban una alianza sólida tendrían posibilidades frente al bloque de izquierdas, siempre más a la greña.

Así ha sido. Las urnas han dado la victoria este domingo a Giorgia Meloni, quien fuera ministra de Juventud en 2008 en un gobierno de Silvio Berlusconi, y gracias a su empuje la coalición con la Liga y Fuerza Italia podrá formar gobierno. Berlusconi confía en que Meloni, amparada en un círculo fiel pero sin experiencia de gobierno, recurra a sus primeros espadas, muchos bien vistos en Bruselas como Antoni Tajani, ex presidente del Parlamento Europeo.

Garante de la estabilidad

Silvio Berlusconi, a quien muchos daban por muerto políticamente después del escándalo del bunga-bunga (las orgías en sus villas con participación de menores), fue el último jefe del Consejo de Ministros elegido en las urnas. Tuvo que renunciar en 2011 por el temor a que Italia entrara en quiebra. Le sustituyó el tecnócrata Mario Monti. En la biografía escrita por Alan Friedman, A su manera, de la que Netflix hizo una película, señala que fue víctima de una conspiración. ¿A qué nos suena? Ahora se presenta como el defensor de las esencias de la estabilidad y la democracia.

«Su objetivo era no quedar a gran distancia de la Liga y lo ha logrado. Salvini sí que es un gran perdedor. Fuerza Italia va a jugar a dar normalidad y estabilidad a la derecha más populista de Fratelli d’Italia. Berlusconi puede jugar a ser el árbitro entre Berlusconi y Salvini. Siempre podrá decir que fue él quien descubrió a Meloni (fue su ministra de Juventud en 2008). Se va a presentar como el maestro de ceremonias», señala Jorge del Palacio, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos.

Quienes ahora se sorprenden del éxito de Fratelli d’Italia, fundado hace diez años sobre las cenizas del posfascista Movimiento Social Italiano (MSI), luego reconvertido en Alianza Nacional, se olvidan de que Silvio Berlusconi fue quien abrió las puertas del gobierno a la formación cuando la dirigía Gianfranco Fini.

En 1994 Berlusconi llegó al poder apoyado por la Liga Norte y el MSI… Meloni y Salvini no se entenderían sin Berlusconi»

daniel v. guisado, politólogo

«Italia es el ejemplo más paradigmático de una derecha que absorbe la agenda de la derecha radical para llegar o mantenerse en el poder. Berlusconi llegó al poder en 1994 apoyado por la Liga Norte, etnoregionalista y xenófoba, del norte, y del MSI, que luego sería Alianza Nacional en el sur. Esto mandó un mensaje de normalización que resuena todavía hoy. Meloni y Salvini no se entenderían sin Berlusconi. Y la derecha radical no estaría tocando poder en muchos países europeos sin la permisividad de la derecha moderada», apunta Daniel V. Guisado, politólogo y coautor de Salvini & Meloni. Hijos de la misma rabia.

En el futuro gobierno se reunirán esas tres derechas, pero bajo la batuta por primera vez de la facción más radical, liderada por Giorgia Meloni. Nadie prevé que vaya a ser fácil la convivencia en la coalición. «El reto de Meloni será consolidar un electorado que no le pertenece. Ha tenido que moderar su discurso para ganar una base de electorado más amplia, aunque ella echó en cara a Fini precisamente dar ese paso», apunta Del Palacio.

Berlusconi conoce bien a Salvini y a Meloni. En la jornada electoral, confesaba a un grupo de afines que quería que la Liga quedara por debajo de Fuerza Italia y añadía: «Es buen chico pero no es demasiado trabajador». También de ella ha comentado que en cierto modo le inspira miedo. Forma parte de su escenificación para presentarse como el gran hacedor y el hombre de Estado que velará para que el nuevo gobierno no se salte las líneas rojas. Según Berlusconi, Fuerza Italia tendrá una acción de oro en el gobierno. Es decir, su palabra será decisiva, a pesar de ser el socio que menos diputados y senadores aporta.

Es capaz de presentarse como el garante de la democracia y a la vez defender a Putin, a quien considera un amigo y con quien ha estado de vacaciones. El viernes pasado incendió la campaña al declarar que Putin solo pretendía en Ucrania deponer a Zelensky para colocar en su lugar a gente decente. Luego dijo que se habían malinterpretado sus palabras. Pero tanto él como Salvini son muy bien vistos por el Kremlin. Meloni hasta ahora ha puesto por delante su atlantismo y apoya el envío de armas a Kiev.

En la campaña se ha puesto al día, de modo que el magnate de la televisión ha descubierto Tik Tok, que él llama Tik Tok Tak. «Con una puesta en escena curiosa, entre su despacho y su residencia, Silvio ha lanzado mensajes polémicos que rápidamente sus adversarios replicaban a través de las redes sociales, dándole la oportunidad de influir en una conversación pública en que estaba ausente», señala Jordi Sarrión y Carbonell en un artículo titulado La pospolítica se adueña de la campaña, publicado en Beers & Politics

Lleva casi tres décadas en política, ha sido tres veces presidente del Consejo de Ministros y se ha enfrentado a una treintena de procesos judiciales, algunos todavía en curso. Ha tenido cáncer, un infarto y el coronavirus le dio con fuerza y se temió por su vida.

De niño conoció la pobreza y en su juventud se ganó la vida como cantante en cruceros y guía de ciudades que no conocía. Hizo su fortuna pactando con todos los diablos que se le pusieron a su alcance, pero siempre ha tachado de «estupideces» y difamaciones las acusaciones de cometer delitos.

Como decía Indro Montanelli, es un curioso caso de mentiroso sincero porque acaba creyéndose sus propias mentiras. Asegura que ha vuelto a la política «por sentido del deber. Es algo que mis padres me enseñaron y hay que tener coraje para cumplir con este mandato». Nadie, ni siquiera él, sabe ya qué hay debajo de la máscara.

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