Internacional ENTREVISTA | Ilya Yablokov, experto ruso en teorías de la conspiración

"Es sorprendente la rapidez con la que Putin y su círculo están creando extrañas teorías de conspiración"

El investigador ruso Ilya Yablokov, experto en teorías de la conspiración. CEDIDA

«Occidente nos odia», declaró la semana pasada Vladimir Putin en el discurso en el que decretó la movilización parcial que ha desatado imágenes de jóvenes huyendo despavoridos del país. Fue la última de sus arengas trufadas de teorías de la conspiración, al alza desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Ilya Yablokov es uno de los mayores expertos en los postulados que se han ido propagando más allá de los Urales durante las dos largas décadas de Putin en el Kremlin.

«No hay mucho que añadir a ese último discurso. Es puramente conspiranoico y repite todos los puntos principales de lo que ya dijo en febrero«, replica Yablokov en una extensa y clarificadora entrevista con El Independiente. Investigador en estudios de periodismo de la universidad británica de Sheffield, es autor del ensayo «Una breve historia de la construcción de noticias en Rusia». Bucea a diario por canales de Telegram, cadenas de televisión y discursos públicos en busca de las ideas que han forjado la deriva rusa. “Todas las teorías que proceden hoy de Rusia son completamente disparatadas. Parece que todo se puede decir”, advierte.

Pregunta.- ¿Cómo están operando las teorías de la conspiración en estos momentos en Rusia?
Respuesta.- Están funcionando más o menos de la misma manera que lo han hecho durante los últimos 20 años. No hay muchas diferencias porque los teóricos de la conspiración trabajan más o menos siempre de la misma manera. Tratan de explicar lo inexplicable que existe a su alrededor a intentan compensar la falta de conocimiento del mundo que nos rodea. Además, funcionan como instrumento de poder y como una herramienta para la movilización pública. Existe otro elemento: las teorías de la conspiración permite enturbiar las aguas y confundir a la gente.

Las teorías de la conspiración se utilizan abiertamente hoy para castigar a las voces disidentes en el país

Así que las teorías de la conspiración en Rusia se han empleado tradicionalmente como la herramienta de movilización política y de construir el concepto de los rusos como una nación o una comunidad. Si pensamos entre las diferencias entre ahora y hace una década resultan muy simples. La agudeza de esta retórica, es decir, el tráfico conspirativo realizado por el Estado o por los actores afiliados al Estado como los presentadores de televisión o los políticos o los burócratas era antes impensable.

Si lo comparas con hace 20 años, las teorías de la conspiración se utilizan abiertamente hoy para castigar a las voces disidentes en el país. Así que las acusaciones de estar en connivencia con Occidente se utilizan como la forma de poner a una persona en la cárcel por, digamos, traición y acusaciones similares.

P.- ¿Cuáles son hoy los principales elementos de los conspiraicos en Rusia?
R.- La primera de las narrativas es que Rusia es un lugar único. Rusia es un país con una cultura única que preserva la religión de los estados y cierto conjunto de valores, derechos que han sido abandonados y destruidos y corrompidos en Europa. En ese supuesto, Rusia debe defender su singularidad y su gran papel en la historia global. Aquí se construye precisamente el vínculo con la Segunda Guerra Mundial y la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Rusia debe defender un lugar muy especial en el mundo. Y el tercer elemento hoy es que detrás de cada crimen, detrás de cada accidente inexplicable la gente tiende a buscar la cabeza de Occidente. Han convertido a Ucrania en un estado muy peligroso que es utilizado por Occidente, pero en primer lugar por los Estados Unidos. También por Reino Unido Y Alemania para agredir a Rusia.

La agudeza de esta retórica, es decir, el tráfico conspirativo realizado por el Estado o por los actores afiliados al Estado como presentadores de televisión, políticos o burócratas era antes impensable

P.- Debe haber unas raíces de esta epidemia…
R.- Digamos que hay tres grupos de raíces. Primero, es el legado del gran imperio ruso que siempre trató de jugar un papel importante en el interés en los asuntos internacionales. Así que es una grandeza sagrada que debe ser protegida. Rusia es el país más grande del mundo. Su gente defiende y explora este territorio, que es una extensión de ellos mismos y por lo tanto su grandeza se basa en su territorio. Así que es un concepto muy de la vieja escuela.

Las segundas raíces proceden de la época soviética. La experiencia de la Guerra Fría como una parte muy importante de las relaciones internacionales: Tener una agenda alternativa a la de otros países y un enemigo final como Estados Unidos. Este tipo de mentalidad en bloque es lo que hace Rusia. Han construido esta nueva arquitectura de bloque de las relaciones internacionales.

La tercera regla viene, en realidad, de desarrollos muy recientes en la comunicación de ideas entre Rusia y Occidente, porque muchas de las teorías de la conspiración llegaron de Estados Unidos, Reino Unido o Alemania. Se generaron allí y luego se tradujeron y adoptaron por las culturas locales. Así que tenemos esta especie de mundo global en el que las ideas viajan libremente con o sin fronteras. Y eso ayuda a que muchas ideas conspirativas refuercen la cultura conspirativa rusa.

P.- Rusia se presenta como un guardián de los valores conservadores, especialmente duro con minorías como la homosexual…
R.- Estas ideas anti LGBT y anti feministas constituyen, en muchos sentidos, una derecha muy artificial. Este tipo de cambios sociales relacionados con el género se relacionan con cambios sociales como el feminismo. Hemos observado algo similar a mediados del siglo XX en EE.UU. o Reino Unido. Bajo estas premisas la gente es muy protectora de su identidad y muy escéptica sobre cómo el mundo debe estar cambiando. No resulta fácil en cualquier parte del mundo, pero en algunos países existe la cultura de la tolerancia.

Hubo al menos un intento de promover la tolerancia en Rusia durante dos décadas, desde de la Perestroika hasta el 2007. Ni los activistas LGBT ni las feministas fueron atacados verbal o físicamente a nivel local, como resultado de los prejuicios o de los chivos expiatorios. Cuando el Kremlin se dio cuenta de la debilidad de su posición en Rusia, para legitimar sus acciones, se tomó al colectivo homosexual y a las feministas como un chivo expiatorio. La retórica contra estas comunidades es una herramienta muy conveniente para la movilización social. Se dice entonces que las ONG reciben fondos de la Unión Europea para promover la diversidad, la tolerancia de género. Estas organización promueven un cierto conjunto de temas e ideas que a la larga pueden resultar peligrosas para el régimen. Son un peligro porque piensan de forma diferente. Con acusadas de iniciar una revolución en Rusia o lavar el cerebro a nuestros hijos, como ellos dicen. Así que como resultado, no se apoya a las personas LGBTQ+ en Rusia sino que se les condena al ostracismo.

P.- ¿Y el uso de Ucrania?
R.- Es una continuación lógica de este tipo de guerra. Si tomas la perspectiva de los 22 años de Putin en el poder, los postulados de la conspiración se moverán gradualmente desde los márgenes al centro, a la boca de Putin. En los años noventa, a principios de 2000 las teorías de la conspiración eran algo que nunca fue un objetivo aceptable desde el punto de vista de los políticos de las principales corrientes. Nunca utilizaron estas teorías de la conspiración.

En los últimos diez años, especialmente desde la anexión de Crimea en 2014, cada vez más políticos de la corriente principal han abrazado teorías de la conspiración para explicar los acontecimientos políticos en el país y en el mundo. Pero muy rara vez fue Putin quien él mismo empleó estas teorías. Ahora vemos que con la guerra, empezando por Putin hasta los últimos burócratas del país, usan teorías de la conspiración anti ucraniana, estadounidense y europea para explicar los peligros de que Rusia se convierta en un esclavo de Occidente. Esa retórica es muy universal y puede explicarlo todo, desde la crisis financiera que inevitablemente golpeará a Rusia hasta la escasez de alimentos.

Rusia ha sabido conectar con el pensamiento anti-establishment en Europa: La corrupción está en todas partes; las grandes corporaciones nos gobiernan

P.- ¿Qué papel desempeña hoy Putin en la difusión de estos postulados?
R.- En el pasado Putin no fue muy activo en la promoción de estas teorías. Pero en estos momentos su papel es básicamente hacer que las teorías de la conspiración sean aún más populares. Todo lo que dice se transmite por todos los medios de comunicación. Así que, como resultado, tienes todo tipo de comentarios hechos por Putin y luego aparecen en los canales de Telegram, en los principales medios de comunicación, en los sitios web… Y esto también ayuda a los burócratas de niveles inferiores a Putin para referirse a un presidente que lo sabe todo, incapaz de equivocarse. Son los efectos de la guerra. Los líderes autocráticas saben más que los demás. Es algo hipnotizante. Lo que me ha sorprendido es la rapidez con la que Putin y su círculo más cercano están creando teorías de la conspiración, todo tipo de extrañas teorías. El año pasado en su artículo sobre Ucrania Putin afirmó todo tipo de cosas extrañas. Lo que hoy declara es una especie de continuación de estas tendencias.

Rusia ha sabido conectar con el pensamiento anti-establishment en Europa. La corrupción está en todas partes. Las grandes corporaciones nos gobiernan. La industria está a favor de la venta de armas o está haciendo guerras porque les hace más ricos. Son el principal elemento de exportación de la propaganda de Rusia.

P.- En agosto la hija de Alexander Dugin fue asesinada en Moscú. ¿Cuál es su contribución a este campo?
R.- Erróneamente se le ha llamado a Dugin el cerebro de Putin por sus reflexiones sobre el enfrentamiento geopolítico de Rusia con el mundo. El papel de Dugin en la cultura de la conspiración rusa fue en primer lugar en la transferencia de muchas ideas de Occidente. Así que él fue el pionero de ese movimiento. También fue el pionero en inyectar estas tendencias globales populares, como la idea del Nuevo Orden Mundial, a la vieja resistencia de la Guerra Fría entre Rusia y Occidente. Se limitó a presentarlo de un modo muy artístico, que lo convirtió en el gran filósofo de Rusia. Pudo ser cercano al poder pero jamás fue el impulsor de ideas que se implementaron en la legislación. Tampoco su hija, que acababa de iniciar su carrera académica. Y sobre cuyos postulados no puedo comentar. Yo creo que ha sido víctima del enfrentamiento de la élite rusa.

Putin se cree hoy sus teorías conspirativas; hace diez años, no

P.- ¿Putin y su entorno se cree estas teorías o solo las propagda?
R.- Hace diez años, habría dicho que no se las creían. Simplemente lo difundían porque era algo práctico y eficaz. Pero hoy en día, sí. La decisión tomada por el Kremlin para invadir Ucrania no se basa en el pensamiento racional. Es en gran medida la evidencia del pensamiento irracional basado en las teorías de la conspiración y en los temores de algún tipo de invasión o algún tipo de juego global por el poder que puede ser un resultado directo de las creencias conspirativas. Así que sí, la cúpula del poder en Rusia cree en las teorías conspirativas.

P.- Estas teorías reafirman la sensación de que la sociedad rusa esté instalada en una burbuja…
R.- No diría eso. En todo el mundo son pocos los ciudadanos interesados en las cuestiones globales. ¿Podemos decir que viven en su propia burbuja? No. Muchos rusos consumen propaganda y piensan que el mundo está contra ellos, pero está muy lejos de ser la mayoría. Puedo decirte que las encuestas sociológicas y los datos que tengo que se han hecho en los últimos meses muestran que un tercio de la población rusa sí apoya lo que sucede. Y probablemente viven en su propia burbuja. El resto de la población está lejos de ese escenario. Entienden lo que ocurre, buscan información, intentan comprender lo que sucede, aunque es cierto que viven en un entorno dominado por la censura y el control de los medios de comunicación.

Rusia no se dirige hacia un final feliz. El lado positivo es que este tipo de regímenes no pueden existir para siempre

P.- ¿Quo vadis, Rusia?
R.- Rusia no se dirige hacia un final feliz. Gran parte del desarrollo, de los avances positivos, tecnológicos, culturales, políticos y educativos que se han conseguido desde 1991 se han perdido ahora y mucha gente ha abandonado el país. Mucha gente ha optado por hacerse invisible porque ser libre pensador es un riesgo.

El lado positivo es que este tipo de regímenes no pueden existir para siempre. No se ha dado una movilización política masiva. El Kremlin se ha dado cuenta de que si activan esto, pueden acabar teniendo millones de ciudadanos rusos que exigirán libertad, justicia y dinero. Y ese va a ser el reto. Esta guerra no puede durar eternamente, tal vez se prolongará un año más. Suena horrible para los ucranianos, pero este es el fin del régimen. Inevitablemente. Y espero que se produzca la ola de liberalización.

P.- ¿Y Putin?
R.- Va a morir. Va a cumplir 70 años este año. Ha tenido varios problemas de salud. No me malinterpretes, pero no creo que haya una posibilidad de un golpe de estado contra él. No creo que eso ocurra, pero creo que naturalmente morirá o será arrestado como resultado del levantamiento masivo. Pero todo esto es muy vago y muy poco fiable. Quizás es solo un deseo.

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