Europa

OLEKSANDRA ROMANTSOVA / DIRECTORA EJECUTIVA DEL CENTRO PARA LAS LIBERTADES CIVILES, PREMIO NOBEL DE LA PAZ

"Los apagones son el resultado de un crimen de guerra que estamos documentando de Rusia y Bielorrusia"

La organización reclama que se renueve el mecanismo de justicia internacional para acabar con la impunidad del Kremlin

Oleksandra Romantsova, directora ejecutiva del Centro para las Libertades Civiles, Premio Nobel de la Paz

Oleksandra Romatsova, directora ejecutiva del Centro para las Libertades Civiles de Ucrania. O.R.

Nunca se olvidará de esa llamada. Era viernes 7 de octubre y se anunciaba el Premio Nobel de la Paz, pero Oleksandra Romantsova (Mikolaiv, 1985), directora ejecutiva del Centro para las Libertades Civiles de Ucrania estaba a punto de salir de Varsovia y en ese momento no tenía en mente que la organización era candidata. Olav Njølstad, director del Instituto Nobel, dio a Romantsova la buena nueva y ella se lo agradeció con gran emoción, «es muy importante para nosotros y otros años hemos explicado quiénes eran los premiados y su relevancia». La conversación ha quedado grabada para la historia. En cuanto pudo informó a la directora del Centro para las Libertades Civiles, Oleksandra Matviichuk, también Premio Nobel alternativo, y ella creía que podría ser una broma. El Nobel de la Paz los ha puesto en el foco y por ello insisten en difundir su mensaje: «Nuestro objetivo principal es que Putin sea juzgado por los crímenes de agresión en Ucrania. El mundo necesita que se dé ese paso. Hemos de actualizar el sistema judicial internacional para que quien cometa un crimen de agresión responda por ello», nos dice en una conversación por zoom que por momentos se interrumpe por los apagones en Kiev. Las tropas rusas están castigando a los ucranianos con ataques continuos a sus infraestructuras energéticas.

Precisamente ahora están documentando los bombardeos rusos que están condenando a los ucranianos a morir de frío o huir. «Los apagones son el resultado de un crimen de guerra: el ataque a infraestructuras críticas para proporcionar a la población civil los servicios necesarios para su supervivencia y actividad: luz, comunicación, calefacción, posibilidad de llamar a la policía, a los médicos y a una ambulancia. Documentamos tales bombardeos como crímenes de guerra, y aquí se entiende claramente que se trata de crímenes de guerra por parte de la Federación Rusa, con la participación de Bielorrusia, ya que los ataques también se llevan a cabo desde allí», señala Romantsova.

Junto a esta institución ucraniana, que se dedica ahora a la documentación de crímenes de guerra, recogerá el Nobel de la Paz el 10 de diciembre la ONG rusa Memorial. También fue distinguido el activista bielorruso Ales Bialiatski, encarcelado. Para Romantsova, es un honor compartir el premio con estos defensores de los derechos humanos, pero entiende que haya ucranianos a quienes no les guste que equiparen lo que está sufriendo Ucrania con otros casos. «Somos diferentes sociedades, la ucraniana, la rusa y la bielorrusa. Somos vecinos, pero tenemos una mentalidad distinta, diferentes idiomas, pero no somos una familia. Muchos ucranianos no conocían Memorial, que es una red internacional, con rama en Ucrania, o tampoco sabían de Bialiatsky, pero ellos llevan más años trabajando en derechos humanos que nosotros, que llevamos apenas 15 años. En Ucrania muchos escucharon ruso, ucraniano, sin más. Y por ello hemos explicado que son organizaciones que han sufrido bajo Putin y Lukashenko y que, por ejemplo, Memorial, nos ayudó a documentar crímenes en el Donbás cuando empezamos en 2014 esta tarea. Entiendo que algunos ucranianos tengan recelos y los expresen, porque aquí hay libertad para hacerlo, pero lo que hemos tratado es de dar información para que sepan que Memorial ha cooperado con nosotros. Para nosotros es un honor que recibamos el premio con ellos».  

El Centro para las Libertades Civiles dio sus primeros pasos en 2007 y su objetivo era la lucha contra la corrupción. Después del Maidán, y de la anexión de Crimea y la guerra en el Donbás, empezó a documentar los abusos contra los derechos humanos cometidos por los rusos. Romantsova, economista de formación, trabajaba en un banco cuando empezó como voluntaria. Atendía por las noches el teléfono donde acudían todos aquellos que se veían en peligro de arresto en la llamada Revolución de la Dignidad. Llegaron a recibir más de 16.000 llamadas. Cuando el presidente Viktor Yanukovich se vio forzado a dejar el poder en febrero de 2014, Romantsova se dio cuenta de que su vocación era el trabajo en derechos humanos, así que empezó a formarse y se ofreció al Centro para la Libertades Civiles. Tuvo que buscar cómo financiar un programa, a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Ucrania, para empezar a trabajar como profesional con ellos. 

Era el primer proyecto del Centro para las Libertades Civiles sobre documentación de crímenes de guerra en el Donbás. «En 2014 fuimos los primeros que empezaron a documentar crímenes de guerra en Crimea. No sabíamos cómo hacerlo pero contamos con el apoyo de otras organizaciones internacionales con experiencia: una de ellas era Memorial, que tenía experiencia en Chechenia, y también en los Balcanes. También contamos con la experiencia de Ecuador y Colombia, donde tenían mucha información sobre desapariciones forzosas. Sentimos como defensores de los derechos humanos esa solidaridad que permite avanzar gracias a esas coaliciones. Compartían su experiencia y nos avisaban sobre los riesgos», señala Romantsova, quien apunta que ahora reciben financiación de la Comisión Europea, o USAid, que financia a sus socios, como el Grupo de Derechos Humanos de Jarkov o la Unión Ucraniana de Derechos Humanos de Helsinki. «Hemos creado una coalición llamada Tribunal para Putin, porque este es nuestro principal objetivo». 

Juntos documentan los presuntos crímenes de guerra de acuerdo con el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra) en todas las regiones de Ucrania. «La iniciativa intenta utilizar los mecanismos existentes de la ONU, el Consejo de Europa, la OSCE, la UE y la Corte Penal Internacional para prevenir estos crímenes y llevar a los responsables ante la justicia. Consideramos que el mal que Rusia está haciendo hoy es consecuencia de no haber asumido y juzgado los males del pasado», señalan en su página web. De momento han documentado más de 26.000 presuntos crímenes de guerra cometidos en Ucrania desde el 24 de febrero de 2021. «Recogemos testimonios y evidencias por todo el país, incluso en la zona ocupada, y cada día aumentan los casos», añade Romantsova. 

En busca de pruebas y testigos

¿Cómo documentan los casos? «En primer lugar, trabajamos con fuentes abiertas. Todo el mundo tiene Facebook. El acceso a internet está muy extendido incluso las abuelas tienen su móvil. La gente recopila pruebas en sus teléfonos. Analizamos estos datos y luego los confirmamos con tres fuentes independientes: una de ellas puede ser estatal, como la Fiscalía. Lo que hacemos es documentar, recopilamos episodios que pueden ser crímenes de guerra, o crímenes contra la humanidad, o crímenes de agresión o genocidio. No todo lo que pasa en la guerra es un crimen de guerra», dice la activista.

«Necesitamos recopilar la información y estar seguros de que puede ser un crimen de guerra. Intentamos saber qué ha pasado, y llegar a las personas que han sido testigos con sus propios ojos para contar con el máximo de detalles posible y de establecer conexiones. A veces vamos a un lugar concreto por un episodio concreto y volvemos con 15. Luego incluimos estas informaciones en nuestras bases de datos y así sabemos si lo que pasa obedece a un patrón, si es sistemático”, explica Romantsova.

Así han comprobado cómo los tanques rusos se sitúan en colegios, residencias de ancianos, o residencias de civiles, y usan estos lugares como escudos. Y ocurre en toda Ucrania. «No es algo que haga un soldado por su cuenta, sino que es algo sistemático en el ejército ruso. Es un patrón que se repite y es un potencial crimen de guerra y sus responsables han de rendir cuentas por ello». 

Los rusos se llevan a los niños de los territorios ocupados y los desvinculan de sus familias e incluso a veces los dan en adopción»

Tratan de hacer didáctica sobre qué es y qué no crimen de guerra con los medios de comunicación. Es necesario que un tribunal lo dictamine. Por eso hablan de potenciales crímenes de guerra. «Los rusos están dañando el patrimonio cultural y religioso, que se considera crimen de guerra. Y se consideran crímenes internacionales de genocidio desconectar a los niños de su identidad cultural y lo están haciendo. Se llevan a los niños de los territorios ocupados y los desvinculan de sus familias y a veces los dan en adopción, lo que incluso va contra las leyes rusas. Es un elemento de un crimen de genocidio», indica la activista.

Hay una lista de unos 10.000 niños desplazados forzosos.  «Si se trata de protegerlos, hay que hacerlo en conexión con las autoridades ucranianas. No se puede trasladar a los críos y no informar sobre su paradero. Es un potencial crimen de genocidio. De facto se trata de secuestros». 

Recuerda un caso especial de un centro para niños discapacitados en la región de Jersón. Algunos eran huérfanos, otros tenían familia. «Mi universidad colaboraba con este centro así que lo conocía. Nos llamaron para denunciar que habían llegado médicos rusos desde Crimea y se llevaron a un grupo de niños, incluso los que tenían familia. A los primeros 13 se los llevaron a un psiquiátrico en Crimea. Luego tomaron a otros 17 y solo sabemos que están en el sur de Rusia, pero nada más. Es un ejemplo de lo que hacen. Uno de nuestros objetivos cuando logremos la victoria es conseguir que vuelvan. Algunos de los niños a los que se están llevando son tan pequeños que no son conscientes de que antes vivían en Ucrania y tenían una familia. No van a desaparecer para nosotros», relata. 

Romantsova estuvo en Bucha, dos días después de ser liberada. En Bucha se encontraron evidencias de que las tropas rusas habían cometido un asesinato masivo de cientos de civiles. “Vi allí muchos cadáveres. Ya había visto, desde 2014 documentando los crímenes en el Donbás, que la tortura es normal para los rusos. Todos los capturados habían sido torturados, tanto los civiles como los prisioneros de guerra. No solo en Ucrania, lo han hecho en Chechenia, en Siria, en Georgia y en Moldavia. Nuestros colegas de Memorial documentaron un millón de episodios de crímenes de guerra durante las dos guerras en Chechenia. Recabaron la información durante 15 años. Nosotros ahora lo hacemos día a día”, señala. 

Hay Buchas en toda Ucrania. La proporción depende del tiempo de ocupación y el tamaño de la población»

Tiene grabada la impresión de los supervivientes que no podían entender cómo los rusos, con los que habían compartido parte de su vida, que habían seguido los mismos programas de televisión, que se entendían porque saben los dos idiomas, podían entrar en sus casas y capturar sin discriminación, torturar, matar…Y todo eso pasa cuando Ucrania empezaba a vivir mejor. “Esa gente normal de la calle que no entiende de política me preguntaba por qué lo hacen, por qué matan a su gente, si antes era el país vecino sin más”, añade. “Son 30 años de querer ser una sociedad independiente”, resume, pero no es fácil explicarlo a quienes han sufrido tan de cerca la ocupación rusa. 

Lo que la comunidad internacional vio en Bucha no solo pasó allí. Según Romantsova, en cada localidad de la región de Kiev hubo asesinatos masivos. En el resto del país también. «Hay Buchas en toda Ucrania. La proporción depende del tiempo de ocupación y el tamaño de la población».  

Respuesta a la guerra híbrida

¿Y será posible realmente que Putin pague por sus crímenes? «Creemos que es posible porque no solo lo necesitamos nosotros, el mundo lo necesita. Este nuevo tipo de guerra, la guerra híbrida, que combina economía, información y campo de batalla, ocurre en todo el mundo. En África, en Latinoamérica. Necesitamos un mecanismo para reaccionar. Toda la ley internacional previa no da armas para un tipo de guerra de hace años. Necesitamos renovar el mecanismo de justicia. Hemos de terminar con la agresión, liberar a los detenidos, también los presos políticos previos a la invasión del 24 de febrero en su mayoría tártaros de Crimea y desplazados, y precisamos un sistema de prevención de la guerra, un sistema de defensa de derechos humanos», afirma la directora ejecutiva del CLC.

Según Romantsova, «no son aceptables los acuerdos con países que no respetan los derechos humanos. No podemos dar oportunidades a las autocracias para que empiecen la guerra. Por primera vez después de Nuremberg necesitamos un tribunal sobre crímenes de agresión porque este tipo de crimen internacional no se contempla en el sistema actual. La Corte Penal Internacional no tiene jurisdicción en crímenes de agresión. La ONU tampoco tiene un mecanismo especial. Condena si se inicia una guerra de agresión pero no tiene cómo castigar a quién lo hace. No solo servirá para Ucrania, también para otros países que han sufrido esta agresión como Georgia, Moldavia, Siria y será un aviso para cualquier autocracia que quiera empezar una guerra». 

Si Putin gana esta guerra, no será ya nuestro problema porque estaremos muertos. Nos quiere destruir. El problema será para Europa y para las democracias»

En caso de que Putin gane la guerra, cree que el problema será para otros países. «Si Putin gana esta guerra, no será nuestro problema porque estaremos muertos. Nos quiere destruir. Será problema para otros países en Europa y para las democracias: Rumanía, los Bálticos, Polonia.. Empezó con Georgia y Moldavia, Chechenia, en países africanos con Wagner, y luego Ucrania en Donbás y Crimea, y siempre quiere más. No va a parar si vence. Otras autocracias también se verán reforzadas y las autocracias librarán otras guerras».  

Romantsova está convencida de que Putin no ganará. “Nos va la vida. Lucharemos hasta el final. Yo estoy documentando potenciales crímenes de guerra. Otros van al frente de combate. No nos hacemos ilusiones sobre ningún acuerdo porque la Federación Rusa nunca respeta los acuerdos». 

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