Europa

Prigozhin, el Rasputin de Putin que lidera a los mercenarios de Wagner

El que fuera conocido como 'cocinero' del líder ruso sale de las sombras y se plantea lanzarse a la política

Yevgheni Progozhin, el fundador de Wagner

El oligarca ruso Yevgueni Progozin, en el cartel de busca y captura del FBI. FBI

«Es el criminal más peligroso del entorno de Putin». Leonid Volkov, asesor del opositor encarcelado Alexei Navalni, describe así a Yevgeni Viktorovich Prigozhin (San Petersburgo, 1961), en busca y captura por el FBI por interferir en las elecciones de 2016. Prigozhin se ocupa de los fogones del zar, Vladimir Putin, de la trastienda más salvaje, y por ello hay quienes comparan su poder con el que tenía Rasputin en tiempos de Nicolás II. Primero fue el cocinero de Putin, luego el promotor de la fábrica de trols que operó a favor de Trump, y es el fundador del grupo Wagner, los mercenarios que combaten desde 2014 en Ucrania. Desde la invasión rusa de Ucrania, iniciada el 24 de febrero pasado, Prigozhin ha ganado en protagonismo y ha salido de las sombras. 

«Como ocurrió con Rasputin, Prigozhin personifica una especie de fuerza salvaje que llega al poder, si no desde la calle, sí de forma no oficial. Y a esta fuerza salvaje se le permite más que al resto. La sensación es que Prigozhin actúa fuera de cualquier control, fruto de su propio carisma. Pero sigue siendo controlado por Putin, quizá mientras el dictador necesite a Prigozhin. Y ahora lo necesita como una especie de hombre del saco para las élites sistémicas y, sobre todo, como un eficaz proveedor de carne de cañón para la guerra”, afirma Andrei Kolesnikov, investigador en el Carnegie Endowment for International Peace

En el Kremlin hay quienes ocupan ministerios que tienen mucho menos poder que Prigozhin, porque no tienen la cercanía con Putin de la que goza este empresario de quien hasta sus enemigos destacan su gran instinto para los negocios, su oportunismo y su carisma. Incluso sus amigos también aludirían a su brutalidad. 

De la cárcel a ser el ‘chef’ de Putin

Pero sería su obsesión por el control, lo que marcó su destino cuando conoció a Putin. Como el presidente de la Federación Rusa, nació en San Petersburgo en una familia modesta. Su madre trabajaba en el hospital local y se ocupaba de la abuela enferma. El padre murió cuando Zhenya, como le llamaban, era adolescente. En el instituto destacó en deportes, sobre todo en esquí de fondo, pero a los 18 ya había dado con sus huesos en la cárcel por robo. A los 20 le condenaron por asalto, robo y fraude, según documentos obtenidos por la web independiente Meduza

Al tiempo que caía la URSS, empezaba una nueva vida al salir de prisión. Primero puso un puesto de perritos calientes y dio el salto a la restauración de mayor nivel con varios socios. Reconvirtió el New Island, una discoteca flotante en el Neva en un restaurante chic que se puso de moda. Putin acudió y Prigozhin se ocupó de atenderle personalmente. Cuando un ex agente de la KGB confía en ti como cocinero, el lazo que se entabla es más sólido que muchos matrimonios.

En 2002 el presidente George W. Bush celebró su cumpleaños en el New Island a sugerencia de Putin. La imagen de Putin, su esposa en aquel tiempo, Lyudmila y los Bush, George y Laura, atendidos por Prigozhin como maestro de sala parece de otra época. Es de otra época. 

Gracias a la relación con el líder ruso, el negocio de catering de Prigozhin, que se gana el apodo del chef de Putin, gana clientes de relevancia como los colegios de élite de San Petersburgo, ministerios y los cuarteles militares. Su empresa Concord Catering se consolida y su influencia va creciendo. Su esposa, Lybov Prigozhina, también tiene negocios relacionados con la belleza y el bienestar en San Petersburgo. Tienen dos hijos: Pavel y Polina.

Al mando del ejército de trols

Pero Prigozhin no se conforma con su solvente empresa de restauración. En 2013 crea la Agencia de Investigación de Internet (IRA), con sede en una oficina de su ciudad natal. Recluta a jóvenes hábiles con las nuevas tecnologías y en la elaboración de contenidos. Son sus soldados en la batalla de la desinformación. 

Como han relatado a diversos medios algunos ex trabajadores, escribían y difundían material pro Kremlin y anti Ucrania, junto a otros contenidos diversos, desde musicales hasta gastronómicos, pero sobre todo políticos con apariencia de verosimilitud, para divulgar en medios occidentales. Es el germen de la fábrica de trols que interfirió en las elecciones de EEUU de 2016, en favor de Donald Trump. Una investigación del FBI lo probó dos años más tarde y por ello está en busca y captura. Ofrecen 250.000 dólares por cualquier información que facilite su arresto.  

Después de negarlo durante años, el 7 de noviembre pasado reconocía haber intervenido en elecciones occidentales en un post en la red social rusa VKontakte. «Hemos interferido, estamos interfiriendo y seguiremos interfiriendo. Con cuidado, con precisión, quirúrgicamente y a nuestra manera, como sabemos hacerlo», dijo Prigozhin. Y más gráficamente: “En nuestras operaciones puntuales, extirparemos los dos riñones y el hígado a la vez».

Los inicios de Wagner

 Dos meses antes, también admitía que era el creador de Wagner, el grupo de mercenarios que lidera Dmitry Utkin y empezó a actuar en Crimea en 2014. Entonces prestaron un servicio esencial al Kremlin y así han seguido haciéndolo después de la invasión del 24 de febrero. En el Donbás se han propuesto tomar Bajmut, una labor que está costando muchas bajas y equipamiento a rusos y ucranianos. El papel de Wagner en Ucrania, relevante ya que se ha querido evitar una movilización general, ha dado mayor protagonismo a Prigozhin. 

Por primera vez en septiembre pasado confirmaba que Wagner era su criatura y explicaba que en los primeros días él mismo se ocupaba de «limpiar las armas y elegir los chalecos antibalas». Wagner, que ha actuado en una decena de países, entre ellos Siria, Libia, República Centroafricana, rinde homenaje al compositor alemán, el favorito de Hitler. Utkin, veterano de la Inteligencia militar rusa, lleva esvásticas tatuadas. Pero Putin acusa al gobierno ucraniano de ser fascista. Son las paradojas de una guerra que sigue sin tener ese nombre en el Kremlin. 

En Wagner, que ya cuenta con oficina en San Petersburgo, Prigozhin actúa como cuando estaba al frente del restaurante del Neva. Cuenta el investigador ruso Roman Badanin, en el podcast The Naked Pravda de Meduza, que tiene los móviles de los responsables en cada país donde actúa el grupo de mercenarios y los llama cada mañana para ver cómo está la situación.

En África igual sirven como guardaespaldas a presidentes o miembros de gobierno, que custodian minas o pozos de petróleo, con el objetivo de hacer negocio sin tener que atender a los límites de las fuerzas armadas convencionales. La muerte reciente de un mercenario zambiano ha confirmado cómo Wagner se nutre de presos para luchar en Ucrania.

A mediados de septiembre se había difundido un video en el que se veía a Prigozhin, según confirmó la BBC, reclutando a presos en la región de Tver para que se unieran a las filas de Wagner para combatir en Ucrania: «¿Conocéis a alguien que os pueda sacar de aquí cuando todavía os quedan diez años de pena por cumplir? Hay dos: Dios y Alá, pero saldríais en una caja de madera. Conmigo saldréis vivos, aunque no os aseguro que volváis vivos», les dice Prigozhin a los convictos a quienes luego les da cinco minutos para que decidan si se suman a su grupo de mercenarios. Según su propuesta, si combaten seis meses, se ganan la libertad. El zambiano Nathan Nyrenda sería uno de ellos. Hasta ahí llegaría su poder. 

Otro video reciente muestra su brutalidad y su actual impunidad. Se recrea de la ejecución de un desertor al que ejecutan con un mazo. «Un perro que muere como un perro», dice el creador de Wagner. Un instrumento similar fue enviado al Parlamento Europeo, dicen que por Prigozhin, después de que aprobaran declarar a Rusia como Estado terrorista. 

Próxima estación: ¿la política nacional?

Como señala Roman Dobrojotov, director de The Insider, en el podcast The Naked Pravda, «si nos fijamos en el poder como la capacidad de actuar sin control, Prigozhin tiene poder, más que muchos ministros. Putin confía más en quienes no tienen poder oficial. Prigozhin ha cambiado su posición con la guerra. Antes tenía que estar fuera del radar. Incluso denunció a Bellingcat por decir que patrocinaba a Wagner. Ahora lo reconoce. Parece que quiere lanzarse a la política. Pero depende de Putin». 

Prigozhin no ha ocultado sus críticas a la élite militar rusa y cómo ha llevado a cabo la guerra, en lo que coincide con el líder checheno, Roman Kadirov. Fueron los grandes defensores del ascenso del general Surovikin, quien se hace cargo de las tropas ucranianas desde la derrota de Járkov en septiembre. Son partidarios de una mayor escalada, frente a la mayor prudencia del ministro ruso de Defensa, Sergei Shoigu. 

Según ha revelado Meduza, Prigozhin se está planteando crear un movimiento político conservador, que ocupe el espacio del fallecido Vladimir Zhirinovski, y que contaría con el apoyo de los hermanos Kovalchuk. Prigozhin y los Kovalchuk, oligarcas milmillonarios y cercanos a Putin, ya libran una batalla a muerte contra el gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, al que acusan de corrupción. 

Curiosamente el discurso de Prigozhin se inspiraría en el disidente Navalni y su campaña anticorrupción. En sus apariciones en los medios, que ahora son frecuentes, Prigozhin suele arremeter contra «las élites». En octubre, denunciaba que “hasta que los hijos de los oligarcas no vayan a la guerra no habrá una movilización completa”. Un mes después, destacaba que los presos tienen mayor nivel de conciencia que las élites. «Muchos convictos son gente sencilla que simplemente ha tenido mala suerte en la vida. Muchos se hacen voluntarios». Incluso iba más allá al hablar de los traidores: «Los hay sentados en sus oficinas. Son esos que no piensan en su gente». 

Una posibilidad es que Prigozhin está siendo utilizado por los Kovalchuk para mostrar a Putin que pueden desempeñar “un papel activo en política nacional”, según Andrey Pertsev, de Meduza. Los Kovalchuk ya lo intentaron al patrocinar el partido de la Nueva Gente, y Prigozhin lo intentó con el nacionalista Rodina. Nadie se atreve a asegurar qué piensa Putin de estos movimientos. 

En declaraciones a Politico, el disidente exiliado Mihail Jodorkovski especula que Prigozhin es “leal a Putin pero que también busca una salida en un escenario post Putin”. Sin embargo, Andrei Kolesnikov apunta que todo el estrellato de Prigozhin puede terminar cuando la guerra pase a otra fase. 

Ahora es su momento. Y si algo ha demostrado este Rasputin del siglo XXI es su habilidad para manejarse entre bambalinas. El exceso de foco en el escenario conlleva sus riesgos. No hay más que recordar cómo acabó el hombre de confianza de los Romanov. 

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