Rifaat al Asad, hermano del fallecido presidente sirio Hafez al Asad y tío del depuesto mandatario Bashar al Asad, ha fallecido este martes a los 88 años de edad en Emiratos Árabes Unidos, según fuentes citadas por Reuters y cercanas al que durante años fue apodado 'el príncipe de Marbella' tras huir de Siria y estar implicado en algunos de los episodios de represión más brutal en el país árabe en la década de 1980.
Rifaat al Asad fue una de las figuras más temidas y controvertidas del aparato de seguridad del régimen sirio. Su nombre quedó vinculado a la represión de la ciudad de Hama en 1982 -se le apodó 'el carnicero de Hama'-, considerada una de las mayores masacres contemporáneas en Oriente Medio. Las estimaciones sobre el número de muertos difieren ampliamente, pero diversas fuentes sitúan el saldo humano en miles, y otras elevan la cifra hasta decenas de miles, con recuentos citados que alcanzan hasta 30.000 civiles muertos.
La operación, lanzada contra una insurrección de los Hermanos Musulmanes, consolidó el perfil de Rifaat como símbolo internacional de la brutalidad del régimen y cimentó su apodo más persistente: el carnicero de Hama.
Desafió a su hermano y se exilió
Pese a haber sido un pilar del poder familiar, Rifaat terminó chocando con el núcleo del régimen. Tras la enfermedad de Hafez al Asad en los años ochenta, Rifaat se convirtió en un actor clave dentro del equilibrio interno del Estado y trató de proyectarse como alternativa o factor de presión en la sucesión. Ese movimiento fue interpretado como un desafío directo a la autoridad de Hafez y a la arquitectura de poder del régimen.
El conflicto intrafamiliar selló su caída política. Rifaat fue marginado y posteriormente forzado al exilio, pasando largos periodos fuera de Siria, especialmente en Europa. Allí reconstruyó su influencia no desde el poder formal sino desde el control de capital y patrimonio, acumulando una fortuna ligada en buena medida al sector inmobiliario.
El rey de la Costa del Sol
Durante décadas consolidó una presencia notoria en España, particularmente en la Costa del Sol. Su estilo de vida y el volumen de propiedades vinculadas a su entorno le valieron el apodo mediático de príncipe de Marbella, asociado a su implantación en Marbella y a un entramado empresarial e inmobiliario con conexiones en Málaga.
La magnitud de ese patrimonio fue objeto de investigaciones judiciales y decomisos. En procedimientos en España se llegó a documentar una red de más de 500 propiedades localizadas en su mayoría en Marbella y Puerto Banús. En paralelo, autoridades españolas avanzaron en confiscaciones y medidas cautelares sobre activos cuyo valor fue estimado en centenares de millones de euros, con cifras citadas que superan los 600 millones.
La persecución judicial contra Rifaat al Asad se extendió además por varios países europeos. Francia lo condenó en junio de 2020 a cuatro años de cárcel por haber construido su patrimonio mediante fondos de origen ilícito, con una sentencia que incluyó decomiso de activos valorados en decenas de millones de euros. Se le acusó de utilizar ilegalmente fondos estatales sirios para construir un imperio inmobiliario francés valorado en al menos 90 millones de euros. Cuando un tribunal francés de máxima instancia confirmó la decisión en septiembre de 2022, Assad partió hacia Siria tras más de 30 años en el exilio, tras haber sido autorizado a regresar por su sobrino Bashar. "Decepcionado" con Francia, devolvió la Legión de Honor que le había concedido el presidente François Mitterrand en 1986.
España investigó su red por presunto blanqueo de capitales vinculado a bienes inmobiliarios y sociedades. Suiza abrió investigaciones vinculadas a crímenes internacionales en relación con episodios represivos atribuidos a su cadena de mando, incluyendo hechos de 1980 y 1982. También se citó la existencia de activos relevantes fuera de España y Francia, incluyendo propiedades de alto valor en otras capitales europeas.
En 2022 había regresado a Siria y volvió a huir a finales de 2024 tras la caída de su sobrino. Lo hizo a través del Líbano con destino final en Dubái (Emiratos Árabes Unidos). En los meses previos a su fallecimiento, las últimas informaciones sobre Rifaat al Asad lo situaban fuera de Siria, en un contexto de presión judicial sostenida y causas abiertas vinculadas tanto a su historial represivo como al origen de su fortuna.
Su muerte cierra el capítulo de uno de los personajes más oscuros del régimen sirio: una figura asociada a la violencia política que definió la supervivencia del poder de los Asad, y al mismo tiempo a una riqueza inmobiliaria construida en Europa con epicentro mediático en Marbella y Málaga.
Te puede interesar