La mediación discreta de Omán entre Washington y Teherán ha saltado por los aires en medio de la guerra en Oriente Próximo. El ministro de Exteriores omaní, Badr Albusaidi, ha lanzado una inusual reprimenda pública contra Estados Unidos en una tribuna publicada por The Economist, denunciando que la superpotencia “ha perdido el control de su política exterior” y ha dinamitado una oportunidad real de acuerdo con Irán.
Según Albusaidi, en los últimos nueve meses ambas partes habían estado “dos veces al borde de un acuerdo real” sobre el programa nuclear iraní, uno de los contenciosos más complejos entre ambos países. Por eso, subraya, resultó “impactante pero no sorprendente” que el pasado 28 de febrero, “apenas unas horas después de las conversaciones más sustantivas”, Estados Unidos e Israel lanzaran un ataque militar que frustró el proceso diplomático.
El mayor error de cálculo de la administración estadounidense fue, por supuesto, dejarse arrastrar a esta guerra
“El mayor error de cálculo de la administración estadounidense fue, por supuesto, dejarse arrastrar a esta guerra en primer lugar”, sostiene el jefe de la diplomacia omaní, que ha ejercido como principal canal de interlocución entre Washington y Teherán. “Esta no es la guerra de Estados Unidos”, añade, advirtiendo de que no existe “ningún escenario probable” en el que Washington y Tel Aviv consigan sus objetivos.
El Golfo, atrapado en una guerra que no es suya
La respuesta iraní —ataques contra objetivos estadounidenses en territorio de países vecinos— era, según Albusaidi, “inevitable, aunque profundamente lamentable y completamente inaceptable”. Sus consecuencias se sienten especialmente en los países del Golfo, que observan cómo su dependencia de la seguridad estadounidense se ha transformado en vulnerabilidad.
“Los países árabes que habían depositado su confianza en la cooperación de seguridad con Estados Unidos ahora la experimentan como una amenaza aguda”, advierte. El impacto no es solo militar: el modelo económico de la región, basado en el turismo, el deporte global, la aviación o la tecnología, “está ahora en peligro”.
El estrecho de Ormuz, arteria clave del comercio energético mundial, ya sufre interrupciones significativas. “El tráfico marítimo está gravemente alterado, impulsando los precios de la energía y amenazando con una profunda recesión”, señala Albusaidi, quien cuestiona si los arquitectos de la ofensiva anticiparon estas consecuencias. “Si no fue así, se trata de un error de cálculo grave”.
Crítica frontal a Washington
El diagnóstico del ministro omaní va más allá de la coyuntura militar y apunta a una crisis de dirección estratégica en Washington. “Es una verdad incómoda, pero debe decirse: Estados Unidos ha perdido el control de su propia política exterior”, afirma.
Para Omán —y, por extensión, para varios países del Consejo de Cooperación del Golfo— la guerra carece de sentido estratégico tanto para Washington como para Teherán. “Hay dos partes en esta guerra que no tienen nada que ganar de ella”, insiste Albusaidi. “Los intereses nacionales de ambos países pasan por un final lo más rápido posible de las hostilidades”.
Para derrocar al régimen, Israel necesitaría una campaña militar larga que implicaría tropas estadounidenses sobre el terreno
El ministro cuestiona además la lógica de la escalada militar impulsada por Israel, que persigue abiertamente el derrocamiento de la República Islámica. A su juicio, Tel Aviv ha convencido a Washington de que Irán estaba debilitado y que una ofensiva inicial conduciría a una rápida rendición, una previsión que considera errónea. “Para lograr ese objetivo, Israel necesitaría una campaña militar larga que implicaría tropas estadounidenses sobre el terreno”, advierte, reabriendo el fantasma de las “guerras eternas” que el propio presidente Donald Trump prometió terminar.
Un retorno difícil pero necesario al diálogo
Pese al deterioro de la situación, Omán sigue defendiendo la vía diplomática como única salida viable. Sin embargo, reconoce que el regreso a la mesa de negociación será complejo. “Será difícil para Irán retomar el diálogo con una administración que dos veces ha pasado abruptamente de las conversaciones a los bombardeos y asesinatos”, señala Albusaidi.
Aun así, el ministro plantea una posible vía de salida: vincular las negociaciones bilaterales entre Estados Unidos e Irán con un proceso regional más amplio que aborde la transparencia nuclear y la transición energética en Oriente Próximo. “Todos los países de la región comparten el interés en cadenas de suministro seguras, en la no proliferación nuclear y en nuevas oportunidades de inversión”, explica.
Ese marco podría desembocar, a largo plazo, en un acuerdo regional de no agresión y en mecanismos de confianza sobre el uso de la energía nuclear. “La paz con Irán sería la mejor garantía para alcanzar esos objetivos”, concluye. En plena escalada militar, la advertencia de Omán resuena como un aviso: la guerra no solo ha descarrilado la diplomacia, sino que ha puesto en cuestión el liderazgo estadounidense en una región clave para el equilibrio global.
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