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En los años 70 uno de los teóricos de la extrema derecha francesa, François Duprot, aconsejó al Frente Nacional que basara su retórica anti inmigración no en el discurso de odio sino en "argumentos políticos, sociales y racionales". Es lo que ocurrió con el concepto de "preferencia nacional", que surge en la extrema derecha francesa hace más de 50 años, ahora matizado como "prioridad nacional". "Se trata de justicia y sentido común", señala el argumentario de Vox, que ha adoptado el término y ha logrado colárselo al PP en el acuerdo de gobierno de Extremadura.

El astuto Jean-Marie Le Pen tomó nota de esa necesidad de transformar el discurso de odio en argumento social. En 1978 su formación acusó el eslogan "los franceses, primero", la base de lo que se denominaría "preferencia nacional", como la obra de
Jean-Yves Le Gallou. Para Jean-Marie, puro sentido común: favorecer a los nacionales. Como para su hija Marine Le Pen, quien aspira en su nombre o con la candidatura de Jordan Bardella al Elíseo en 2027. O proclama en España Santiago Abascal, líder de Vox. Al presentar la discriminación al extranjero como "preferencia o prioridad" por el nacional lo convierten en un concepto socialmente aceptable para muchos.

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Cuando explicaba Jean-Marie Le Pen en qué consistía la "preferencia nacional" trataba de empatizar con cualquier ciudadano francés: "Prefiero a mis hijas antes que a mis sobrinas, a mis sobrinas antes que a mis primas y a ellas antes que a mis vecinos", señalaba con un ejemplo claro y que podía lograr gran asentimiento. El Frente Nacional quería que los servicios sociales separaran a franceses y extranjeros.
La cuestión es que si se trata de derechos sociales que dependen del Estado hay igualdad ante la ley. Y eso es lo que ocurre con la "preferencia nacional": choca con la ley. En Francia, en España, y en la Unión Europea.

El 'patriotismo social' de Marine y Bardella

Marine Le Pen, que acometió el reto de normalizar el partido creado por su padre, y por ello hasta lo cambió de nombre y echó a su progenitor, explicaba en la campaña de 2022 que defendía dar prioridad a "lo nuestro frente a los otros". Modificó el término "preferencia" por "prioridad" en un intento de suavizar el mensaje. Ya en 2022 Le Pen defendía el carácter prioritario de los ciudadanos franceses para acceder a la educación, la vivienda y el empleo. Lo llama "patriotismo social". Proponía que los extranjeros llevaran al menos cinco años en Francia para acceder a las ayudas sociales.

Jordan Bardella, líder de Reagrupación Nacional y probable candidato a la Presidencia si Marine se queda fuera por una sentencia de inhabilitación, defiende que la "prioridad nacional" es una cuestión de "sentido común". Ve a Francia como "una ventanilla social" de la que se aprovechan los inmigrantes. Bardella aboga por reducir el gasto social y redistribuirlo de acuerdo con criterios nacionales. En su partido son conscientes de que sería inconstitucional así que proponen una referéndum para reformar la Carta Magna.

Sin embargo, gracias a su cada vez mayor peso en la Asamblea Nacional, lograron aprobar, junto a los Republicanos, una ley de inmigración más severa. El texto exigía una ampliación a cinco años de residencia o una afiliación por actividad profesional de al menos 30 meses para poder acceder a ayudas familiares, escolares o vivienda. El Consejo Constitucional la ha reprobado debido a que supeditar el derecho a las prestaciones sociales a estancias tan prolongadas supone una "vulneración desproporcionada" de los requisitos constitucionales. Aún así, Reagrupación Nacional va a insistir con la defensa de la "prioridad nacional". Si Bardella o Le Pen llegan al Elíseo, darán la batalla.

Contra las libertades del mercado interior

También se enfrentarían a la Unión Europea, aunque los Patriotas aspiran a ir sumando fuerzas. Ahora han sufrido un duro golpe con la derrota de Viktor Orbán en las legislativas en Hungría.

"La 'prioridad nacional' no tiene cabida en el marco jurídico de la Unión Europea. Supone un paso atrás y nos sitúa en un terreno bastante peligroso, donde el lenguaje político puede acabar distorsionando la realidad jurídica que hemos construido en Europa durante décadas. Además, en muchos casos, este tipo de planteamientos tiene un componente claramente populista: se simplifican cuestiones jurídicas muy complejas para lanzar mensajes que pueden ser atractivos desde el punto de vista político, pero que no se sostienen en el marco legal europeo", subraya Miguel Verdeguer, profesor de Derecho y Economía de la UE en CEU San Pablo.

"Hay que tener claro que la Unión Europea se basa en principios muy sólidos: la primacía del Derecho de la Unión, la no discriminación por razón de nacionalidad y las libertades del mercado interior. Estos no son elementos accesorios, son el núcleo del sistema. Por eso, cuando se habla de dar prioridad a los nacionales, en muchos casos simplemente no es jurídicamente posible. Se promete algo que, en la práctica, no se puede cumplir dentro del marco legal vigente", añade Verdeguer.

De los Patriotas a Farage

Aún así, estas restricciones en la atención a los inmigrantes extranjeros es lo que defienden los alemanes de Alternativa para Alemania (AfD), que si pudieran eliminarían las ayudas a los de fuera, o el Partido de la Libertad de Geert Wilders. Los dos, en los Patriotas en el Parlamento Europeo. En Italia Giorgia Meloni choca continuamente con los jueces cuando trata de limitar las prestaciones a los extranjeros. Lo último que ha intentado es dar una prima a los abogados que fomenten la salida de inmigrantes.

Coinciden con la visión de Nigel Farage, líder de Reform UK, cuyo ascenso ha acabado influyendo en la política migratoria del gobierno laborista. Farage aboga por recortar beneficios sociales a los de fuera sin ningún tipo de disimulo. Igual que decía en el Brexit que la culpa de los males del Reino Unido estaba en la UE, ahora el énfasis está en los extranjeros. Otro gobierno laborista muy restrictivo en inmigración es el danés de Frederiksen.

Y está también la idea en la concepción nativista del America First de Donald Trump. En el caso de EEUU no se trata de limitar derechos sino de expulsar a la más mínima sospecha de irregularidad administrativa.

En otros casos como la Hungría de Viktor Orbán, con una asistencia muy limitada en derechos sociales, se anuló en la práctica el derecho de asilo, y por ello su gobierno chocó con la Unión Europa. Pero la defensa teórica de la prioridad nacional Orbán la tenía clara.

La jugada de Vox

La política, aunque no termina de quedar clara cuando se concreta, consiste en dejar fuera del sistema del bienestar a los extranjeros. La idea que trata de imponerse es que los beneficios sociales acaban en manos de los que vienen de fuera, lo que perjudica a los nacionales. Sin embargo, muchos extranjeros en Francia, España, o en otros países donde la ultraderecha defiende la "prioridad nacional", contribuyen a las arcas públicas. ¿Esos se consideran como nacionales? Ahí se introduce el concepto de "arraigo". La ambigüedad trata de sortear los problemas de su aplicación práctica.

"La 'prioridad nacional' no es tanto una propuesta concreta como una jugada de lenguaje muy bien medida. Viene de Francia. Vox no inventa nada. Lo que hace es traducirlo bien. Cambia el tono, limpia el término y lo adapta para que encaje en España sin generar rechazo inmediato para los suyos", explica Javier Sánchez González, consultor y analista internacional de Comunicación Política, Discurso y Narrativa. "No es tanto una medida política como un movimiento de tablero. Vox consigue algo relevante y que llevaban tiempo sin lograr: reordenar la conversación pública. Coloca un concepto en el centro y fuerza al Partido Popular , y al resto, a discutir dentro de ese encuadre. Ahí es donde opera la Ventana de Overton: lo que antes era periférico o incómodo pasa a ser discutible y, con el tiempo, normalizable".

Según Javier Sánchez González, "el efecto no está en su aplicación práctica inmediata, sino en el control del marco. 'Prioridad nacional' suena técnico, casi administrativo, pero introduce una jerarquía clara: quién va primero en el acceso a recursos y decisiones. Y cuando consigues fijar esa lógica, ya has avanzado buena parte del recorrido político: el debate deja de ser sobre si el marco es válido y pasa a ser sobre cómo se aplica". Es además un marco que se impone en un contexto real de preocupación creciente en la opinión pública por la inmigración. Según los últimos datos del CIS, la inmigración se sitúa ya en torno al 18-20% de menciones como principal problema para los españoles.

"El éxito no está tanto en la política concreta como en la capacidad de ordenar el debate en tus propios términos. Y cuando eso ocurre, la política deja de ser solo gestión y pasa a ser, sobre todo, una disputa por el lenguaje", concluye Javier Sánchez.

En ese sentido, y no hay más que ver los medios la última semana, Vox ha logrado apuntarse un tanto. Y lo hace en una cuestión fundamental en su ideario: la inmigración. Y es un partido conservador, el PP, el que da por bueno su mensaje. Los partidos como Vox en Europa saben que lo primero que han de hacer es apropiarse del espacio de la derecha tradicional. Incluso más allá en cuestión migratoria. El problema surge cuando los partidos liberales quedan atrapados por su lenguaje.