"El país espera que nos centremos en gobernar y en lograr cambios para la gente trabajadora". Andy Burnham tiene clara su hoja de ruta: poner solución a los problemas de los británicos de a pie. Como alcalde del Gran Mánchester, ha sabido conectar con la población. Su enorme popularidad le ha valido la elección para tres mandatos consecutivos. Ahora, el Partido Laborista pone sus esperanzas en este político veterano, que ha demostrado ser capaz de frenar el ascenso de la ultraderecha de Reform UK y que se perfila como el próximo primer ministro del Reino Unido.

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Si finalmente es el elegido, Burnham será el séptimo jefe de Gobierno británico en diez años. Antes de que Keir Starmer anunciase su dimisión este lunes, los laboristas ya habían puesto en marcha los movimientos internos encaminados a sucederle. Así, a las pocas horas de que el primer ministro confirmase su salida de Downing Street, el que está llamado a sustituirle tomaba posesión de su puesto como diputado en la Cámara de los Comunes. Es el último paso que le quedaba por dar para poder disputar el liderazgo en su partido.

Los días de Starmer estaban contados desde que su rival laborista ganó el escaño por el distrito de Makerfield, en el noroeste de Inglaterra, el viernes pasado. Una victoria fundamental -más allá del sillón parlamentario-, porque Burnham no podía optar al liderazgo laborista sin ser diputado. Y además entra al Parlamento por la puerta grande, con un resultado aplastante sobre sus competidores.

Familia laborista y esposa que participó en un 'reality' de citas

Nacido en un suburbio de Liverpool en 1970, Burnham creció en el seno de una familia trabajadora. En su casa se respiraba laborismo por todas las esquinas, ya que sus padres eran fieles seguidores del partido, por lo que un joven Andy se unió a sus filas a los 14 años. Tras pasar por un colegio católico, fue el primero de su familia en ir a la universidad, concretamente a Cambridge, donde estudió Filología Inglesa.

Allí conoció a su esposa, Marie-France van Heel. Según The Times, la ahora mujer del político laborista participó en un reality de citas cuando ya eran pareja. Por suerte para Burnham, no hubo química entre su novia y el otro participante. Tres décadas después, la pareja tiene tres hijos en común, que han ido a la escuela pública. "Aquí no hay nada de actuación", dijo hace años el político laborista, refiriéndose a su vida familiar y tranquila en Mánchester. De hecho, ha confesado que a su esposa no le interesa "en absoluto" su trabajo.

Hincha del Everton y amante de grupos indies como The Smiths y The Stone Roses, el candidato a primer ministro ha sabido cultivar una imagen de hombre corriente, alejado de las altas esferas londinenses. Sin embargo, Burnham no es ningún outsider al establishment laborista: su relación con la política parlamentaria de Westminster es de largo recorrido.

De ministro a "rey del Norte"

Tras sus primeros cargos como asesor, Burnham obtuvo el escaño por Leigh para la Cámara de los Comunes en las elecciones de 2001. Durante los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, desempeñó importantes cargos en los gabinetes del nuevo laborismo, como los de secretario del Tesoro (Ministro de Hacienda) o secretario de Estado de Salud. Ya en este época intentó llevar a cabo una reforma del sistema social británico y luchó contra la privatización del Servicio Nacional de Salud.

La dimisión de Brown en 2010 fue la primera ocasión en la que Burnham presentó su candidatura para dirigir el partido. Quedó penúltimo entre los aspirantes. Volvería a intentarlo en 2015, cuando perdió frente a Jeremy Corbin. Pese a esto, no estuvo entre los diputados que dimitieron contra el liderazgo del que había sido su rival político al año siguiente, tras la debacle del Brexit.

Durante los siguientes años, que fueron una travesía en el desierto para los laboristas, Burnham se hizo fuerte en su feudo en el Norte del Reino Unido. Elegido alcalde del Gran Mánchester en 2017, revalidó su mandato en dos ocasiones, con victorias aplastantes que reflejaban la enorme popularidad entre los votantes. Resultados que chocaban contra la dirección nacional: en 2019, los laboristas se dejaron un 20% de los votos en las elecciones generales.

Su momento estelar llegó durante la pandemia, cuando acusó al Gobierno conservador de tratar al norte de Inglaterra con "desprecio" en relación con las restricciones de confinamiento regional. Fue en este momento cuando se ganó el sobrenombre del "rey del Norte". Había nacido una estrella.

El as en la manga de los laboristas

En 2024 los laboristas volvieron al poder tras casi quince años en la oposición. Keir Starmer lo tenía todo a su favor: la crisis económica y las consecuencias del Brexit habían dejado por los suelos la popularidad de los conservadores. Dos años después ese éxito político se ha desplomado. Pero Burnham ha salido ileso de la debacle laborista. Por ello, sus compañeros de partido lo ven como la mejor opción para recuperar la confianza de los ciudadanos.

El escaño en Makerfield lo ha ganado con el 54,8% de los votos, más que los otros 13 candidatos juntos. Una cifra superior a la que se logró en 2024, en un momento en el que el ascenso de Reform UK parecía imparable. Quedó claro con los resultados de los comicios locales de mayo, en los que la extrema derecha arrasó, robando un buen puñado de votos a los laboristas. Así, entre las filas laboristas crece la idea de que, si alguien puede pararle los pies a Nigel Farage, ese es Burnham.

Por delante tiene la labor faraónica de recuperar el cariño de la clase trabajadora, que en los últimos años ha ido alejándose del laborismo bajo la impresión de que el gabinete de Starmer no hacía caso de sus problemas reales. Queda claro que la inmigración será un tema candente: en una entrevista reciente con The Guardian ya ha elogiado el trabajo de la ministra Shabana Mahmood, cuyas polémicas propuestas en materia migratoria han levantado críticas entre los sectores progresistas del Reino Unido.

Asociado con el ala más conservadora del laborismo, en los últimos años se ha ido moviendo hacia posturas más progresistas. Estos virajes le han valido críticos, que lo tachan de oportunista. Pero es una realidad que el partido necesita recuperar popularidad entre los votantes más izquierdistas, que se han pasado hacia opciones más críticas con las acciones de Israel en Gaza, como los Verdes.