"Y sepan ustedes, señores de la izquierda, en mí tendrán a un enemigo acérrimo que hará todo lo posible para destriparlos y enfrentarles". Estas fueron las palabras que Abelardo de la Espriella, recién electo presidente de Colombia, usó en una entrevista hace casi un año para referirse a sus rivales políticos, a los que definió como "una plaga que hay que erradicar". El pasado domingo ganó las elecciones en su país, las más reñidas de la historia. Su victoria no hace más que confirmar la tendencia en los últimos procesos electorales celebrados en América Latina: los candidatos de la derecha populista están desbancando a los dirigentes progresistas que llevaban años gobernando en la región.

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La alternancia entre ciclos políticos de izquierdas y derechas es habitual en Latinoamérica. A comienzos de los 2000, el subcontinente se tiñó de rojo: Lula da Silva en Brasil, el kirchnerismo en Argentina, Evo Morales en Bolivia o Michelle Bachelet en Chile fueron algunos de los exponentes de lo que entonces se llamó la "marea rosa". Pero en la siguiente década se produjo una ola conservadora que revirtió la dinámica en la región, a la que le siguió un nuevo resurgimiento del progresismo. Los cambios en las tendencias electorales no sorprenden a nadie. Sin embargo, lo novedoso en esta ocasión es el carácter de muchos de los nuevos gobernantes.

Un estilo de hacer política que encarna a la perfección De la Espriella. Abogado millonario, el nuevo presidente es un outsider en la política colombiana, sin ningún tipo de experiencia previa en puestos de gestión pública. A esto se suma un pasado polémico, como defensor de conocidos criminales, incluido Alex Saab, el exministro del régimen de Nicolás Maduro detenido en EEUU y vinculado al caso Plus Ultra. Pese a estos controvertidos vínculos, ha recibido el apoyo de Donald Trump. Al igual que otros tantos políticos de derechas en la región.

El fantasma del trumpismo recorre América Latina

El fortalecimiento de la derecha radical no es un fenómeno exclusivo a Latinoamérica. Sin embargo, la llegada de Trump a la Casa Blanca ha sido un revulsivo para este tipo de movimientos en la región. "La importancia que tiene EEUU para nuestra región en términos geopolíticos, de narrativas, económicos e históricos, hace que este sector se vea fortalecido", explica en conversación con El Independiente la directora regional de América Latina y el Caribe del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA), Marcela Ríos.

De la Espriella se suma al club de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador o Nayib Bukele en El Salvador. Candidatos de derecha radical que han recibido los elogios de Trump. Tras la elección del colombiano, el mandatario norteamericano pronosticó que sería un "gran presidente". Un grupo selecto que se dio cita en la Cumbre Escudo de las Américas el 7 de mayo, donde los presidentes de la región hicieron gala de su buena sintonía, unidos por la cooperación en materia de seguridad.

En palabras de Sergio García Rendón, politólogo en el Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS) de Panamá, "hay una influencia del tipo de liderazgo de Trump en algunos líderes latinoamericanos como Milei en Argentina o De la Espriella ahora en Colombia". Personas adineradas "descaradas" que practican una nueva forma de hacer política muy similar a la del inquilino de la Casa Blanca. Al más puro estilo Gil y Gil en España o Berlusconi en Italia.

Aun así, la directora regional de IDEA, que también fue ministra del Gobierno de Gabriel Boric en Chile, matiza que "las dinámicas políticas internas de los países son específicas", por lo que existen notables diferencias entre los candidatos de derechas que han ido llegando al poder en los últimos años.

Estilos similares, pero no idénticos

García Rendón coincide en este análisis: "Son proyectos que apelan a un vínculo con el ciudadano más emocional, como Trump lo hace con la ciudadanía estadounidense, pero no creo que todos vayan en la misma dirección". Para el politólogo, todos siguen estrategias populistas, pero con matices que pueden coger "para un lado o para el otro". Mientras que Milei enfoca su motosierra hacia los recortes, Nasy Asfura se ha centrado en el sistema de Honduras. Cada uno tiene sus propias prioridades.

No se puede pasar por alto que Latinoamérica es una región extensísima, de más de 20 millones de kilómetros cuadrados y 663 millones de habitantes. Las preocupaciones de un panameño son muy diferentes a las de un chileno, y los políticos deben atender a las inquietudes particulares de sus ciudadanos, por mucho que buena parte de los proyectos de derechas que triunfan en el continente sigan estilos de comunicación similares.

Estamos en el movimiento de un péndulo que va hacia un lado y hacia otro, reaccionado a los vínculos afectivos de la ciudadanía

SERGIO GARCÍA RENDÓN, CIEPS DE PANAMÁ

A todo esto se añade que no todos los candidatos de derechas que salen triunfantes de las urnas son de la escuela trumpista. Keiko Fujimori, recién elegida presidenta del Perú, se enmarca dentro de un conservadurismo más tradicional. El candidato admirador de Trump era el exalcalde de Lima, Rafael López-Aliaga, que no pasó a la segunda vuelta presidencial. Aun así, la próxima mandataria del país andino se ve lastrada por la figura de su padre, condenado por crímenes de lesa humanidad, que le hace parecer una figura reaccionaria.

Marcela Ríos ve claras diferencias entre la peruana y De la Espriella, pese a que los dos hayan llegado al poder casi al mismo tiempo en elecciones muy reñidas. El candidato colombiano ganó por 250.000 votos y Fujimori por 43.000. "Keiko ha tratado de mostrarse más dialogante, reconoció que la mitad del Perú había preferido otra opción, que había que buscar puentes y entablar diálogo", explica la experta. Por su parte, De la Espriella ha adoptado una actitud muy hostil hacia sus adversarios políticos, al más puro estilo Trump.

Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella, dos manera de hacer política | EFE

La seguridad como bandera

A pesar de sus diferencias, todos tienen una preocupación común: la seguridad. Bukele ha marcado la hoja de ruta a seguir para todos los que le han sucedido. Desde que llegó a la presidencia de El Salvador en 2019, este empresario ha aplicado una política de mano dura contra las pandillas en el país centroamericano. Más de 90.000 personas han acabado en las macro cárceles impulsadas por Bukele. Medidas que han logrado reducir significativamente los índices de criminalidad, pero muy cuestionadas por las organizaciones de derechos humanos.

Hay una situación de seguridad desbordada y hasta ahora las soluciones simplistas problemas complejos no están demostrando tener eficacia

MARCELA RÍOS, DIRECTORA REGIONAL IDEA AMÉRICA LATINA

Pero las críticas no han servido para disuadir a sus imitadores. Una de las primeras medidas adoptadas por José Antonio Kast al llegar a la presidencia de Chile ha sido iniciar la construcción de un enorme muro en la frontera norte del país con Perú. La seguridad fue el principal tema de su campaña: el 63% de los chilenos señalaban en noviembre el crimen y la violencia como los temas que más les preocupaban, aunque la tasa de homicidios en la actualidad sea de 6 por cada 100.000 habitantes.

También Noboa en Ecuador ha tratado de emular la receta bukelista de lucha contra el crimen organizado. Desde su llegada al poder en 2023, ha declarado el estado de excepción en varias ocasiones, la más reciente el 16 de junio. Sin embargo, Ríos cree sus medidas no han sido eficaces: "Hay una situación de seguridad desbordada y hasta ahora las soluciones simplistas problemas complejos no están demostrando tener eficacia". De hecho, el despliegue de seguridad en Ecuador se ha traducido en una mayor violencia contra la población. En diciembre de 2024, cuatro adolescentes de edades comprendidas entre los 11 y 14 años fueron detenidos por militares en Guayaquil. Sus cuerpos carbonizados fueron hallados días después, con evidentes signos de tortura.

El presidente estadounidense, Donald Trump, con su homólogo de El Salvador, Mayib Bukele | EP

Brasil, ¿la próxima conquista?

Las próximas elecciones presidenciales de Brasil en octubre serán clave para determinar el rumbo político de América Latina durante los próximos años. Las encuestas dan como vencedor a Lula da Silva sobre Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente condenado por el intento de golpe de Estado en enero de 2023. Pero el escenario sigue siendo competitivo. Marcela Ríos cree que su derrota supondría un "debilitamiento muy significativo" del contrapeso político de izquierdas en la región.

Durante este año, Brasil, Colombia, México y Uruguay habían asumido su rol como eje progresista en la región. Así lo demostraron en la Global Progressive Mobilisation organizada por Pedro Sánchez en abril. Con Gustavo Petro fuera de la ecuación, la salida de Lula de la presidencia en Brasil sería un nuevo mazazo para la izquierda en el continente.

Sin embargo, García Rendón no cree que una hipotética derrota de Lula en Brasil implique el fin de la izquierda latinoamericana. "Estamos en el movimiento de un péndulo que va hacia un lado y hacia otro, reaccionado a los vínculos afectivos de la ciudadanía y sus castigos a las gestiones actuales", explica el investigador del CIEPS. Así, el péndulo volverá a oscilar hacia la izquierda tarde o temprano: "Yo esperaría que muchos de estos gobiernos de derechas terminen perdiendo frente a opciones de izquierdas una vez que se termine su mandato", concluye.