«We the People (Nosotros el pueblo)». La democracia estadounidense se basa en esta máxima y el impeachment recuerda la trascendencia constitucional de esta máxima, según mantiene el profesor de Harvard Cass R. Sunstein. Es la herramienta por la que se exigen responsabilidades a un presidente electo y se procede a su destitución.

La Constitución estadounidense indica en la sección 4 del Artículo II que «el presidente, el vicepresidente y todos los funcionarios civiles de los Estados Unidos serán separados de sus puestos al ser declarados culpables de traición, cohecho u otros delitos y faltas graves».

Cualquier presidente puede caer como consecuencia de la recusación (to impeach), pero no es fácil ponerla en marcha ni que llegue hasta el final. Requiere consenso político y es un proceso pleno de garantías.

Donald Trump será el cuarto presidente de EEUU que ha de afrontar un juicio político, si sigue adelante el proceso cuyo inicio acaba de anunciar la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Ninguno de los tres anteriores cayó por el impeachment, si bien Richard Nixon renunció antes por el caso Watergate en 1974 para impedir el juicio político.

En el caso de Trump estamos en la antesala del proceso. Veamos cuáles son las fases y las cuestiones clave sobre este procedimiento:

  • ¿Qué ha hecho ahora Trump que pueda motivar su destitución? El Congreso ha recibido información de un agente de inteligencia en el que daba cuenta de una o varias conversaciones entre el presidente Trump y el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky. En estos contactos, uno de ellos el 25 de julio pasado, habrían hablado de uno de los principales aspirantes demócratas a la Presidencia, el ex vicepresidente Joe Biden, quien podría ser finalmente el rival de Trump en las elecciones de 2020. El soplón o whistleblower escuchó hasta ocho veces el nombre de Biden en la conversación. Los demócratas quieren que comparezca y testifique.

    Los demócratas sospechan que Trump presionó a Zelensky para condicionar ayuda militar a Ucrania a cambio de información sobre supuestas ilegalidades cometidas por su hijo Hunter Biden, abogado con un puesto relevante en una empresa ucraniana vinculada a un oligarca que fue fiel al ex presidente Yanukovich. Trump admite que habló con Zelensky pero niega que hubiera presiones. Ha prometido hacer pública la transcripción de esta polémica charla. Consideran que estos hechos supondrían una traición a la seguridad nacional.

    Nancy Pelosi, que hasta ahora había sido reticente a dar este paso, explicó el martes por la noche que iban a lanzar el procedimiento de destitución porque esta acción «supone una ruptura de sus deberes constitucionales». Añadió Pelosi en su intervención: «Nadie está por encima de la ley… El presidente ha traicionado a su juramento». Trump reaccionó en Twitter de forma enfurecida. En mayúsculas escribió: «ACOSO PRESIDENCIAL».
  • ¿Cómo se inicia el proceso? Arranca en la Cámara de Representantes, que en la actualidad cuenta desde enero pasado con 235 demócratas y 200 republicanos. En las midterms o elecciones de mitad de mandato los republicanos que encabeza Trump perdieron su mayoría. Los congresistas pueden presentar resoluciones de forma individual, o bien iniciar los trámites aprobando una resolución que autorice la investigación.

    La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, ha anunciado que se pone en marcha una investigación que coordine todas los pasos ya dado en seis comisiones. Entre ellas la comisión de Asuntos Judiciales ha recabado bastante información. Corresponde a la Cámara de Representantes indagar las razones por las que el presidente debería ser destituido.

    Primero se votaría la propuesta en una comisión, generalmente en la de Asuntos Judiciales. Pueden celebrarse diversas audiencias y recabar testimonios para completar la investigación. No está claro si es imprescindible que la cuestión se aborde en una comisión, pero es el procedimiento habitual hasta ahora. Si una mayoría simple considera que hay indicios suficientes, el siguiente paso sería que pase por el pleno. Si una mayoría simple, vota a favor de que haya un juicio político es entonces cuando se inicia el proceso.
  • ¿Quién tiene la última palabra sobre la destitución? Los senadores son quienes enjuician al presidente. Los congresistas actuarían como fiscales y el presidente tendría derecho a un asesor legal para defenderse. Para que se haga efectiva la destitución se precisa la aprobación de dos tercios de los senadores. Actualmente de los 100 senadores hay 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes. Si los republicanos son leales a Trump, en esta fase el proceso quedaría abortado.
  • ¿Algún presidente de EEUU ha sido destituido por un juicio político? No. Hay dos casos de impeachment al presidente en la Historia de EEUU: en 1868, Andrew Johnson, y en 1998, Bill Clinton, fueron objeto de juicios políticos. Los dos fueron absueltos por el Senado y siguieron en el cargo. En el caso de Richard Nixon, como consecuencia del escándalo Watergate, no se llegó a proceder al impeachment, debido a que los republicanos le dejaron claro antes que si no dimitía sería destituido. Dimitió el 9 de agoto de 1974. Ocho jueces sí han sido destituidos de esta manera.
  • ¿Cómo interfiere el proceso del impeachment en la campaña electoral? Va a centrar los mensajes de demócratas y republicanos. De un lado, permite que Trump se presente como una víctima, si bien su imagen se deteriorará más. No está claro si a sus electores les puede influir. Además, en EEUU las presidenciales son 50 elecciones en 50 estados, y como quedó claro con la elección de Trump en 2016 el voto popular no es el definitivo.

    Si el proceso se prolonga hasta las elecciones presidenciales y Trump perdiera, ya no habría lugar al juicio político. No se ha dado nunca que un presidente al que están sometiendo a un impeachment, se presenten a unas elecciones y las gane.
  • ¿Podría ser el fin de Trump? Si los senadores republicanos se mantienen junto a Trump, el impeachment no podría prosperar. La investigación es prolija y dura meses de modo que todo puede pasar. Si se descubre algún hecho muy relevante que ponga en duda su lealtad al país, quizá deje de contar con el apoyo de su partido.

    Son los propios republicanos quienes tienen en su mano el destino de Donald Trump. Si, como sucedió en el Watergate, le dan la espalda, Trump pasaría a la Historia de una forma muy diferente a la que sueña quien se ve merecedor del Nobel de la Paz. Pero hoy en día parece una quimera.