Si Rusia fue protagonista en la campaña electoral de hace cuatro años, ahora es Ucrania el país que va a determinar la contienda presidencial de 2020, en la que Donald Trump aspirará a la reelección. Los demócratas se han lanzado por fin a iniciar el proceso de impeachment (juicio político) contra el presidente Donald Trump, quien supuestamente habría presionado al presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, para que le facilitara datos comprometedores sobre los negocios del hijo de Joe Biden, ex vicepresidente y sobre las gestiones supuestamente fraudulentas del dirigente demócrata para proteger a su vástago.

La presidente de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, ha anunciado este jueves oficialmente el inicio del proceso. Ha comenzado su intervención con una evocación a cómo justo se reveló la información sobre la llamada telefónica entre Trump y Zelensky el Día de la Constitución. «Esta acción supone una ruptura de sus deberes constitucionales», ha dicho Pelosi.

«Hoy voy a anunciar que la Cámara de Representantes ha iniciado el proceso para poner en marcha un impeachment. El presidente ha de rendir cuentas. No hay nadie por encima de la ley», ha añadido.

Nancy Pelosi, que hasta ahora había rechazado las demandas de algunos demócratas para iniciar el impeachment contra Trump, ha señalado que tanto el intento de presionar al presidente ucraniano para investigar a Joe Biden, en concreto los negocios de su hijo, Hunter, y su rechazo a que se conozca el testimonio completo del funcionario de Inteligencia que reveló la llamada. Según la presidenta de la Cámara, al negarse a colaborar, el presidente está violando la ley.

El impeachment es un juicio político impulsado por el Congreso de Estados Unidos. Si este juicio político sale adelante, deriva en la destitución del presidente. Según la Constitución de EEUU, el presidente «debe ser destituido de su cargo si es acusado y condenado por traición, soborno, o crímenes graves o delitos graves».

Primero se lleva el caso en la Cámara de Representantes, donde se procede al juicio político si así lo aprueba el 51% de sus miembros. En ese caso se inicia el juicio político bajo supervisión del Supremo. Los miembros de la Cámara de Representantes actúan como fiscales, mientras que los senadores actúan como jurados. El presidente designa defensores.

Al final del juicio es el Senado el que ha de votar. Para que se produzca la destitución presidencial deben aprobarla dos tercios de los senadores. Los republicanos cuentan con la mayoría en esta Cámara.

Poco antes de su comparecencia, Nancy Pelosi se había reunido a puerta cerrada con seis comisiones (judicial, de inteligencia, de finanzas, de asuntos exteriores, y de supervisión). Pelosi le animó a seguir sus investigaciones para determinar cómo seguir adelante con el procedimiento de destitución presidencial, según informaciones de la CNN.

El Senado aprobó poco antes del anuncio de Pelosi por unanimidad, con la aprobación del presidente del Senado, el republicano Mitch McConnell, que comparezca el agente de Inteligencia (whistleblower) que denunció esos contactos entre Trump y Zelensky para ofrecer su testimonio.

Víctima de una «caza de brujas»

Trump ya se ha referido a que es objeto de una «caza de brujas». El mandatario, que asegura que si el Comité Nobel fuera honesto, le concedería el Nobel de la Paz, se siente objeto de una campaña de acoso y derribo.

Ha asegurado que mañana miércoles va a revelar el contenido de esa llamada. Reconoce que hubo ese contacto y que hablaron de Biden pero niega que tratase de obtener información para perjudicarle. El presidente Zelensky, hasta hace poco un popular actor, rechaza que recibieran presiones.

El presidente Trump habría tratado de recabar datos comprometedores sobre Hunter Biden, quien trabajó como abogado en Burisma Holdings, una empresa gasística, propiedad de un oligarca cercana al ex presidente Yanukovich.

Hunter Biden percibía unos honorarios de unos 50.000 euros mensuales. El presidente de EEUU quería saber en concreto si el ex vicepresidente habría presionado para que la fiscalía ucraniana no investigara a su hijo.

Trump, que fue el segundo en intervenir en la inauguración de la Asamblea General de la ONU este martes, ha visto la comparecencia de Nancy Pelosi desde sus oficinas en la Torre Trump. No ha tardado en tuitear. Varias veces. «ACOSO AL PRESIDENTE». Así, en mayúsculas. «Ni siquiera han esperado a ver la transcripción de la conversación», escribía en otro mensaje.

Horas antes, en su intervención ante la Asamblea General de la ONU, Donald Trump se erigía en el icono del proteccionismo, la ideología de los patriotas que aman a su país y persiguen la felicidad de sus ciudadanos. El presidente brasileño, Jair Mesías Bolsonaro, coincidía con esta visión ultranacionalista y ultrareligiosa.

Joe Biden, vicepresidente durante los mandatos de Barack Obama, figura entre los favoritos en la carrera demócrata. Biden ha respaldado que se den los pasos para poner en marcha el impeachment a menos que Donald Trump colabore totalmente en la investigación. «Un impeachment sería una tragedia pero es una tragedia que habría provocado Trump», ha señalado Biden.

Los demócratas mayoritariamente están a favor de iniciar el procedimiento de destitución política o impeachment. Ningún presidente de Estados Unidos ha caído por un impeachment. Richard Nixon dimitió en 1974 antes de que se ejecutara el impeachment. En 1998, Bill Clinton se libró en el Senado, al igual que lo hizo Andrew Jackson en 1868.

De nuevo el Senado será crucial y serán los republicanos quienes tengan en su mano el destino de Donald Trump. Parece muy improbable que llegue tan lejos el proceso, que va a marcar la campaña de 2020. A eso se suma cómo pueden percibir esta cuestión los votantes. El presidente Trump ya ha acuñado su lema electoral: soy víctima de una caza de brujas del establishment.