«Nunca jamás me ha pasado por la cabeza pensar que mis hijos entren solos en Estados Unidos. A no ser que yo muera en el intento. Mis hijos han hecho toda la travesía conmigo. Siempre he sido su escudo y así seguiré. A EEUU entrarán conmigo». Surayma Bosque Castillos, de 33 años, salió de Cuba en septiembre de 2019 y tras un periplo por una decena de países está en México «a la espera del momento correcto para cruzar a Estados Unidos». Confía en que la Administración Biden sea «más flexible con los migrantes», especialmente con los cubanos por la represión que sufren en la isla caribeña.

El presidente de EEUU, Joe Biden, se encuentra en un laberinto debido al efecto llamada migratorio que ha generado el fin del mandato de Trump. Son decenas de miles los que intentan entrar por la frontera con México. En marzo de 2021 se ha duplicado el número de niños que cruzan no acompañados. Son los únicos que EEUU no devuelve de inmediato.

Los agentes de frontera han interceptado a 170.000 migrantes en marzo, un récord desde 2006; están bajo custodia el doble de menores que en febrero

En total, los agentes de frontera han interceptado a más de 170.000 migrantes en marzo, casi un 70% más que en febrero. Es el mayor número desde 2006. Más de 18.700 niños están bajo custodia tras cruzar la frontera, casi el doble de los 9.450 del mes previo. En febrero de 2020 lo hicieron 3.490 menores, según documentos a los que ha tenido acceso este viernes The New York Times.

De acuerdo con Axios, hasta este mes de marzo el récord anterior de ingresos de menores no acompañados se había registrado en mayo de 2019: 11.479. La Administración Biden cuenta con que seguirá el aumento en los próximos meses y puede llegar hasta los 26.000 niños en septiembre próximo. Muchos de los niños padecen abusos en el trayecto y hay un número desconocido que se queda por el camino.

¿Por qué viniste a los Estados Unidos?

Valeria Luiselli en Los niños perdidos (Un ensayo en 40 preguntas) toma como guía el cuestionario que han de contestar los menores no acompañados para acceder a algún tipo de protección legal para retratar el drama de las familias que huyen de sus lugares de origen y a la vez el poder de atracción que ejerce el imaginario americano.

«¿Por qué viniste a los Estados Unidos?» Es la primera cuestión que han de responder los niños indocumentados, el punto de partida del ensayo de la mexicana Luiselli, que ejerció de traductora e intérprete de estos menores. «El problema es que las historias de los niños siempre llegan revueltas, llenas de interferencias, casi tartamudeadas. Son historias de vidas tan devastadas y rotas, que a veces resulta imposible imponerles un orden narrativo».

Muchos padres desesperados los entregan a los coyotes (traficantes de seres humanos) para que los pasen. Llegan con un número de teléfono de alguien que se supone que se puede encargar de ellos.

Esta semana hemos visto unas impactantes imágenes de dos crías ecuatorianas a las que arrojan de un lado a otro de la alambrada. Las dos menores, de tres y cinco años se encuentran «fuera de peligro», según ha informado el Ministerio ecuatoriano de Exteriores, citado por la agencia Efe.

«A los únicos que no vamos a dejar en la otra orilla del Río Grande es a los niños», ha reiterado Biden.

Muchos de esos niños acaban en unas instalaciones a las que solo unos pocos periodistas han tenido acceso. El congresista demócrata Henry Cuellar, de Texas, hizo llegar a Axios una serie de fotos en las que denunciaba la gravedad de la situación. Son unas instalaciones en Donna, Texas, en las que los niños se encuentran «en terribles condiciones».

Hay más de 5.000 niños que están en el limbo de unas instalaciones saturadas que son gestionadas por la patrulla fronteriza. En los albergues ya no quedan plazas para atenderlos y la situación se va a agravar.

«Problema en la frontera»

La Administración Biden se resiste a calificar la situación como «crisis migratoria» y habla de «problema». La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, ha señalado: «Reconocemos que este es un gran problema. La última administración nos dejó un sistema desmantelado e inviable, y vamos a hacer todo lo posible para solucionarlo. Nuestro enfoque está en las soluciones».

En su primera rueda de prensa desde que asumió la Presidencia, el demócrata Joe Biden aseguró que la situación en la frontera es normal. «Nada ha cambiado… Pasa cada año. ¿Alguien va a decir que con Trump se incrementó la migración un 31% porque era un tipo estupendo y estaba haciéndolo bien en la frontera? Esa no es la razón por la que vienen». Pero, como señala Axios, las agencias gubernamentales se preparan para la excepcionalidad.

Ni el presidente Biden ni la vicepresidenta, Kamala Harris, han visitado la frontera ni tienen previsto hacerlo. Biden ha encargado a Harris que se haga cargo del problema migratorio. Los republicanos culpabilizan a la Administración Biden por haber provocado lo que ellos consideran que es «un efecto llamada».

Biden aprobó nada más llegar a la Casa Blanca varias órdenes ejecutivas referidas a la migración. En su primer día, aprobó una reforma encaminada a que tengan acceso a la ciudadanía los 11 millones de migrantes no documentados que están en EEUU antes de enero de 2021. Si finalmente se aprobara, sería el rediseño migratorio más ambicioso desde que Ronald Reagan concediera estatus legal a tres millones de migrantes.

También ordenó que se dejara de financiar la ampliación del muro en la frontera con México y puso fin a la prohibición para viajar a quienes proceden de varios países musulmanes. Suspendió pero no eliminó el programa Remain in Mexico (permanece en México). Los que llegan a EEUU desde México esperan a que EEUU resuelva su caso en el país vecino.

No vengan. Estamos en vías de ordenar el proceso. No salgan de su pueblo, de su comunidad»

joe biden

En una entrevista en la cadena de televisión ABC, Biden insistió: «No vengan. Estamos en vías de ordenar el proceso. No salgan de su pueblo, de su comunidad». El secretario de Estado de Seguridad, Alejandro Mayorkas, nacido en La Habana, ha dicho: «Estamos en vías de que en la frontera suroeste haya más migrantes que en los últimos 20 años».

La vicepresidenta Harris ya se ha puesto manos a la obra. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, ha dicho que no se va a focalizar en la frontera, sino que va a desempeñar un papel similar al de Biden cuando era número dos de Barack Obama.

«Va a comprometerse con esos países (Centroamérica), con sus líderes para ver cómo invertir mejor, cómo trabajar de forma conjunta, cómo evitar la corrupción y cómo llevar a cabo políticas que hagan el viaje menos deseable», ha dicho Psaki. Harris, como senadora por California, y antes como fiscal general en este estado, tiene experiencia en el trato del crimen transnacional.

Esta semana la vicepresidenta Harris ha informado en su cuenta de Twitter de una conversación con el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei. Guatemala, junto con Honduras y El Salvador, forma parte del llamado Triángulo Norte de Centroamérica.

Cada vez mayor presión migratoria

La pandemia y diversas catástrofes naturales han provocado una mayor presión migratoria. Decenas de miles de personas procedentes de Centroamérica buscan desesperadamente huir de la pobreza, de la represión, de la devastación… y sueñan con que sus hijos tengan un futuro mejor.

Mayorkas ha pedido a los migrantes que esperen a que el nuevo gobierno pueda organizar la forma en que puede entrarse en el país de forma legal y atienda la urgencia como es la situación de estos menores. Pero eso puede llevar años dado el atraso con que resuelven las causas migratorias los tribunales.

Más de 80 organizaciones que trabajan con migrantes en la frontera sur de EEUU, entre ellas la Red Jesuita de Migrantes, han dirigido una carta al presidente, la vicepresidenta y diversas autoridades de EEUU en la que reconocen «las recientes medidas adoptadas por el gobierno de EEUU dirigidas a frenar prácticas discriminatorias de control migratorio». Instan a «continuar configurando su política migratoria, de forma que se garantice el acceso a procedimientos migratorios justos y respetuosos de derechos humanos a todas las personas que así lo requieran.

Añaden que «administrar los flujos migratorios no implica solamente reaccionar ante la migración que ya está ocurriendo, sino también prever lo que podría ocurrir en el futuro».

Apuntan que «es fundamental identificar las causas estructurales que fomentan la migración internacional, tales como la violencia, pobreza, desastres naturales, corrupción y falta de institucionalidad en los países de la región».

Desde Cuba al sueño de Nueva York

En México, a la espera, está Surayma y sus hijos, Thiago y Gianluca. Tienen seis y tres años. Empezó la travesía con su marido, pero se separaron en Uruguay. Cree que ya debe de estar en Estados Unidos. Conviven en una habitación alquilada, después de ser acogidos por amigos.

En el camino Surayma se ha encontrado a gente buena que le ha ayudado, pero también a atracadores y abusadores. De Cuba pasó a Brasil vía Guyana y después acabó en Uruguay, donde estuvo trabajando un tiempo. En su travesía en autobús, debido a la pandemia, acabó en Colombia, donde estuvo durmiendo en la playa de Necoclí junto a un grupo de migrantes haitianos.

A los extranjeros no les permitían salir y después de presionar pudieron hacerlo en lanchas estatales. De ahí atravesó la selva y luego Panamá, después Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y por fin en Tapachula, México.

Quiero que mis hijos crezcan con la libertad que yo no conocí, ni mis padres, ni mis abuelos»

surayma bosque, migrante cubana

Surayma confía en que «esta Administración sea más flexible y tenga en cuenta la represión que vive el cubano en la Isla». Confía en que así le ayude a recuperar la libertad. «Salí porque estoy en contra del gobierno que está en Cuba. En mi caso es más fuerte que el problema económico», afirma esta joven cubana. «Quiero que mis hijos crezcan con la libertad que yo no conocí, ni mis padres ni mis abuelos».

Salió de Cuba porque como trabajadora social vio lo que padecían los ciudadanos sin poder hacer nada. «Un buen día lo dejé porque sabía que en Cuba todo está mal, pero como trabajadora social vi que está peor de lo que pensaba. Me busqué muchos problemas porque yo escuchaba los problemas y yo no podía resolver nada», relata. «El gobierno miente y luego se encargan de que alguien ponga la cara».

Después había terminado sus estudios de Comunicación Social y empezó en una emisora de radio pero también tuvo problemas por la censura. «No puedes escribir ni informar como quieres. Siempre que empiezas en un empleo te investigan así que estás marcado si has creado problemas».

Lleva casi dos años de periplo, pero no se rinde. Sueña con vivir en Nueva York o en cualquier lugar donde pueda hacer una vida sencilla, tener un lugar donde vivir, un empleo y sus hijos puedan asistir al colegio.

¿Por qué van a Estados Unidos? «Las respuestas de los niños varían, aunque casi siempre apuntan hacia el reencuentro con un padre, una madre, o un pariente que emigró a los Estados Unidos antes que ellos. Otras veces, las respuestas de los niños tienen que ver no con la situación a la que llegan sino con aquella de la que están tratando de escapar: violencia extrema, persecución y coerción a manos de pandillas y bandas criminales, abuso mental y físico, trabajo forzoso. No es tanto el sueño americano en abstracto o que los mueve, sino la más modesta pero urgente aspiración de despertarse de la pesadilla en la que muchos de ellos nacieron».