El Premio Nobel de la Paz de 2016, concedido al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, no transformará su plan «de paz» con las FARC en un buen acuerdo. Ese plan es nefasto para el país y por eso Colombia lo rechazó en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Y lo seguirá rechazando en todos los escenarios posibles. Pues ese plan, de ser aplicado, destruirá las instituciones democráticas del país, prolongará los sufrimientos del pueblo colombiano y no aportará ni la paz ni la concordia nacional. Colombia resistirá hasta derrotar definitivamente las ambiciones criminales de las FARC. Ningún Premio Nobel a Santos cambiará por arte de magia esa situación.

Desde ese ángulo, el Nobel otorgado a Santos es inútil y grotesco. Lo más cínico es que ese premio es presentado por el jurado como un “homenaje al pueblo colombiano que, a pesar de todos los abusos sufridos, no ha perdido la esperanza de lograr una paz justa”. ¿De quién se burla el jurado? Precisamente, los colombianos que ese jurado dice “homenajear” con el premio a Santos son los mismos que votaron contra Santos y contra las FARC el 2 de octubre, los mismos que buscan, precisamente, una paz justa, y no esa falsa paz basada en la impunidad más escandalosa para los jefes de una organización que ha cometidos toda suerte de crímenes de guerra y de crímenes de lesa humanidad.

Decir que Colombia ha sufrido “abusos” muestra que los que decidieron dar ese premio pretenden minimizar los crímenes del narcocomunismo, o ignoran totalmente lo que esa gente ha hecho en Colombia.

¿El premio Nobel llevará a Santos a una posición razonable? Durante estos seis años de conversaciones secretas en Cuba, Santos fue incapaz de exigir a los jefes de las FARC que acepten negociar su desmovilización sin minar las instituciones democráticas y la economía de mercado en Colombia. Lo que pretende el defenestrado “acuerdo” de 297 páginas que concibieron las FARC con Santos, bajo las orientaciones y la vigilancia de dos dictaduras latinoamericanas, es eso. Por ello ese plan fue repudiado en el plebiscito.

El jurado del Nobel de la Paz se equivoca una vez más. Alega que quiere  ayudar a que la paz llegue a Colombia. En realidad, lo que hace es humillar a los que votaron no en el plebiscito y, sobre todo, a las víctimas de las FARC, y al país que ha sufrido las atrocidades de esa banda durante 60 años. ¿Ayudará el Nobel a Santos y a las FARC a tratar de resucitar el acuerdo de 297 páginas y echará por tierra el voto de millones de colombianos? No somos los únicos que tememos esto. Muchos medios españoles están en esta línea. Según una encuesta del diario ABC, el 83% de los interrogados está contra la concesión de ese premio a Santos.

El Nobel de la Paz que lograron en 1994 Rabin, Peres y Arafat no llevó la paz a Palestina ni impidió la Intifada

El Nobel de la Paz que lograron el primer ministro israelí Isaac Rabin, junto al titular israelí de Exteriores Simon Peres, y al líder palestino Yasir Arafat, en 1994, por “sustituir el odio por la cooperación” no llevó la paz a Palestina, ni impidió que estallara la segunda intifada en 2000. ¿Otro tanto ocurrirá en Colombia? Este galardón no se interesa, en realidad, por los problemas de las sociedades. Ese premio existe para imponer una visión particular de los conflictos internacionales y beneficiar las relaciones internacionales de Noruega y Suecia.

En Colombia ese premio a Santos arroja muchas dudas.  ¿Le ayudará al presidente colombiano a enfrentar con energía las reticencias de los jefes guerrilleros, que no quieren que se toque un solo punto del plan firmado en La Habana? ¿Le ayudará, por el contrario, a avanzar en su programa de paz ignorando el voto mayoritario del no en el plebiscito del 2 de octubre pasado?

El ex presidente Álvaro Uribe,  líder del movimiento en favor de una paz justa y dentro del sistema democrático, felicitó por el premio otorgado al presidente Santos, pero deseó que esa distinción “conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia”.  Pues de eso es de lo que se trata, de cambiar los dañinos acuerdos de La Habana.

El Premio Nobel otorgado a Santos no cambió, ni creó una nueva situación. La situación política ya existía y ésta sólo tiene dos ángulos: por una parte, está el resultado del plebiscito del 2 de octubre, que rechazó el acuerdo con las FARC. El pacto de La Habana quedó, pues, sin sustento jurídico, murió.  El voto ciudadano del 2 de octubre fue un acto jurídico, con poder vinculante. Fue un mandato expreso al jefe del Estado, que no puede burlarse.

De otro lado está la posición de las FARC. Al conocer los resultados del plebiscito, el líder guerrillero Rodrigo Londoño, alias Timochenko,  dijo que el “acuerdo de paz” era intocable y que ellos seguían exigiendo su cumplimiento. Ignoraba así el voto de los colombianos. Y ante esa arbitraria posición surge el hecho nuevo de que el presidente Santos no ha repudiado la tesis de Timochenko. No lo hizo ni antes ni después de la reunión con el ex presidente Álvaro Uribe y con el ex procurador Alejandro Ordóñez. Tras ser informado del premio Nobel, tampoco se pronunció.

Esa tensión, que está siendo agravada por quienes pretenden organizar manifestaciones callejeras «pro paz ahora» para dejar en el limbo el histórico plebiscito, tendrá que ser resuelta en uno u otro sentido por el jefe del Estado colombiano, con premio o sin premio Nobel. ¿Desconocerá él la voluntad popular expresada legítima y legalmente en el plebiscito? La noticia de que Santos está fomentando, mediante personalidades de la Corte Constitucional, la repetición del plebiscito, es un mal indicio. Que se cuide de azuzar la cólera de los ciudadanos que quieren la paz, pero que rechazan el tipo de paz condensado en el bodrio de 297 páginas. Ahora más que nunca, gracias al premio Nobel otorgado, la opinión pública nacional e internacional estará mucho más atenta ante cada gesto, en uno u otro sentido, del presidente Juan Manuel Santos.

En definitiva, creemos que el bueno tono de la actividad económica en España ofrece un marco positivo a medio plazo, pero hay que ser selectivo a la hora de escoger con que instrumentos capturar esta oportunidad.


Eduardo Mackenzie es periodista, escritor y analista político colombiano. Es autor de Las FARC, fracaso de un terrorismo.