La herida abierta en el PSOE en el Comité Federal del pasado día 1 de octubre no se ha cerrado. Muy al contrario. Lo que se ha visualizado en la reunión del máximo órgano del partido entre congresos, tres semanas después de la dimisión de Pedro Sánchez, es que las espadas siguen en alto y, a día de hoy, nada indica que el Partido Socialista vaya a hablar con una sola voz.

Los partidarios del «no a Rajoy» no sólo lograron 96 votos de un total de 237, sino que diversos líderes regionales y provinciales abogaron por no respetar la decisión adoptada por la mayoría. El ex presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, en quien muchos dirigentes del partido ven la mejor alternativa a Susana Díaz, defendió que la postura de abstenerse en segunda  votación en el Congreso para propiciar un gobierno de Mariano Rajoy debía ser previamente acordada por los militantes y, en su caso, dar libertad a diputados para que voten «en conciencia», como sucedió en Alemania en el SPD cuando la dirección optó por la gran coalición con el partido de Angela Merkel.

La decisión adoptada tras un cónclave largo y tenso es, sin duda, histórica

La decisión adoptada tras un cónclave largo y tenso, aunque siempre manteniendo la formas, es, sin duda, histórica. Por primera vez, el PSOE va a propiciar con sus votos -aunque sea absteniéndose- un gobierno del PP. Las razones esgrimidas por la mayoría fueron más bien de orden práctico y se resumen en que ahora sería un desastre ir a nuevas elecciones.

El drama es que la gestora, encabezada por Javier Fernández, no ha logrado convencer al grueso de los partidarios de Sánchez de que lo mejor para España y para el partido es dejar gobernar a la derecha.

Ha sido una especie de suicidio colectivo en el que se ha visualizado dramáticamente una división interna sin visos de solución. El propio ex secretario general aprovechó la coyuntura para reaparecer en Twitter con un mensaje en el que se adivina su deseo de dar la batalla: «La militancia recuperará su PSOE. Fuerza».

A pesar de que Fernández dio por hecho que el Grupo Parlamentario votará en bloque absteniéndose en segunda votación, no está claro si los rebeldes aceptarán la disciplina.

Fuentes cercanas al gobierno valoraron ayer de forma negativa lo ocurrido. «Nos espera una oposición muy dura y una legislatura muy corta», dijo una persona cercana a Rajoy.

Al PSOE lo que le espera es una larga temporada de fuerte lucha interna hasta que se celebre el Congreso extraordinario. Por ahora, los partidarios del «no a Rajoy» se sienten vencedores morales en una guerra fratricida que amenaza con romper al partido que durante más tiempo ha gobernados en España desde la muerte de Franco. De esa fractura el gran beneficiado será Podemos, cuyos principales líderes, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, se encargaron de resaltar que, a partir de ahora, sólo su grupo representa la oposición real al gobierno del PP.