Ya está aquí la confirmación de que la batalla interna del PSOE no ha hecho más que empezar y que lo del Comité Federal del pasado domingo fue el pistoletazo de salida para una carrera que se va a correr  por la banda del partido pero con la intención de llegar a la meta con toda la asistencia del público que compone el PSOE. Sánchez está llamando a sus fuerzas y organizando un batallón bien formado y entrenado que se dispone a hacer realidad esa fanfarrronería de José Antonio Rodríguez Salas, el alcalde de Jun, y sumar efectivamente las 93.000 firmas y unas pocas más que obligarían a la Gestora  a convocar inmediatamente un Congreso extraordinario del PSOE. Hay que aclarar que los Congresos extraordinarios sólo se convocan con un punto del orden del día: la elección del secretario general  y de la nueva Comisión Ejecutiva.

La apuesta de Pedro Sánchez es la de recuperar cuanto antes la jefatura del partido, lo que quiere decir antes del Congreso ordinario

La apuesta de Pedro Sánchez es, por lo tanto, la de recuperar cuanto antes la jefatura del partido, lo que quiere decir antes de que se celebre ese Congreso ordinario que los barones partidarios de la abstención, entre los cuales está el presidente de la Gestora, Javier Fernández, y por supuesto Susana Díaz, tienen previsto convocar para la primavera. En ese Congreso ordinario se podrán -se podrían, porque no está claro que Sánchez no les tome la delantera- abordar todos los asuntos que el PSOE tiene pendientes de resolver y que son innumerables. Por ejemplo, qué tipo de partido quieran los socialistas para el futuro, y qué tipo de posición desean ocupar en relación con las otras fuerzas políticas presentes en el país. Por ejemplo, si el suyo va a seguir siendo un modelo  de democracia representativa y se va a establecer de manera taxativa o se van a echar en brazos de la democracia directa. Por ejemplo, si se va a seguir incluyendo en los estatutos el reglamento que se incorporó a ellos tras el Congreso extraordinario de 2014, en el que fue elegido Pedro Sánchez como líder del PSOE y que consagraba las primarias como método de elección del secretario general. Por ejemplo, cómo se va a regular la siempre complicada relación del Partido Socialista con el PSC, que tiene presencia en todos los órganos de dirección del PSOE, cosa que no sucede en la dirección contraria.

No es exagerado decir que las bases están hoy con Pedro Sánchez mucho más de lo que lo están con los dirigentes de la Gestora

En definitiva, que el Congreso ordinario que prepara la Gestora busca que el partido se reexamine, se recomponga y, recuperando los principios ideológicos y también los principios prácticos que les mantuvieran en el poder y en el éxito durante muchos años, se vuelva a definir y rearmar para enfrentarse al futuro. Pero el Congreso que se propone reclamar Pedro Sánchez si consigue las  firmas necesarias tiene el objetivo de recuperar el liderazgo del partido y conducirlo por la senda que ya le hemos visto recorrer hasta que fue descabalgado del poder. Quiere un partido radical y visceral, un partido que responda a llamamientos simples y emocionales, un partido en el que las bases asuman la responsabilidad de las grandes decisiones políticas pasando por encima de sus representantes. Un partido muy distinto de aquél que sueñan recuperar sus actuales dirigentes, pero muy parecido al que ahora mismo reclaman los militantes que se han hecho visibles en los últimos días y los que han levantado la voz airada en muchas de las agrupaciones de España. No es exagerado decir que las bases del partido están hoy con Pedro Sánchez mucho más de lo que lo están con los dirigentes de la Gestora.  Lo cual no significa, sin embargo, que por ser muchos, ellos tengan la razón.

Y por eso, porque esta batalla solo acaba de empezar, no podemos esperar más que grandes tensiones en el interior de ese partido. Tensiones que se van a traducir en el día a día de la actividad parlamentaria y que van a convertir al PSOE en un interlocutor sincopado e improbable. La investidura se va a convertir de ese modo en la primera estación de un recorrido plagado de dificultades y de fracasos. Y eso será así por más que un voluntarioso Mariano Rajoy haya dicho ayer que «si hay voluntad política, podemos tener un futuro por delante». El problema es que esa voluntad política, si la hay, que no  hay por qué dudarlo, va a estar dedicada a pelear en el campo de batalla desde el día de la investidura hasta que termine la contienda interna y se alce por fin un ganador.

Y, para cuando eso suceda, puede ser demasiado tarde.